Por: Luis Torres Monge
Durante los primeros meses del año 1949 se presentó en toda la región, incluyendo la zona atlántica un verano como pocas veces se había visto y se había suscitado un incendio en Puerto Limón, el que acabó con varios negocios y un hotel.
Ese hecho tenía pendiente a los turrialbeños y ante el temor de un caso igual, la comunidad se empezó a preguntar que haríamos para contrarrestar un incendio. En junio de ese año, en una sesión municipal, por moción presentada por el presidente Rafael Quesada, apoyada por los regidores Jorge Ramírez y Fernando Ruiz acordaron poner el asunto en conocimiento de los diputados del pueblo, Alfredo Picado, José Fernández y Francisco López Calleja. Se les pedía gestionar ante el Instituto Nacional de Seguros (INS), la posibilidad de instalar una estación de bomberos. El 14 de julio, ese instituto envía una comunicación al concejo indicándole estar totalmente de acuerdo, solicitando una pronta reunión para finiquitar todo lo relacionado al caso.
Lo primero era destinar un edificio apropiado para ubicar todo lo requerido para ponerse a trabajar. Alguien mencionó el edificio que se había construido en 1920 y que funcionó por muchos años como mercado de Abastos. La cuestión fue que el edificio se reformó, pintó y en poco tiempo quedó apto para su funcionamiento. Desde luego que la noticia de que tendríamos bomberos inundó todo el pueblo; en otras palabras, se les adelantó la navidad a los Turrialbeños.
En la sesión del 31 de agosto, el concejo procedió a integrar un comité encargado de la inauguración en que tomó parte el Cura de la Parroquia, Club de Leones, Jefe Político, Director de la Escuela y regidores. Dicha organización acordó celebrar ese magno acontecimiento el 15 de septiembre, día de nuestra independencia. Mientras tanto el regidor, Ruiz formuló una interrogante a sus compañeros: ¿creen ustedes que el agua del tanque supla lo necesario para atender un incendio en el pueblo…? El presidente Quesada con voz tajante respondió: ”mandaremos a construir otro inmediatamente”.
Pocos días después llegaron dos carros como nunca vistos en el pueblo, eran rojos, uno con un tanque para almacenar agua y el otro vehículo con mangueras, utensilios varios y para transportar a los efectivos. Al darse a conocer la noticia de la llegada de una estación, muchos muchachos interesados ofrecieron sus servicios como voluntarios y los seleccionados de inmediato recibieron el adiestramiento respectivo.
El INS apresuró la confección de uniformes, así como las botas especiales, faja, casco con su insignia respectiva. Imagino que mucha gente no durmió esperando el día. Ya a las 4 de la madrugada bombas de doble trueno instaban al pueblo a ponerse en pie; sin duda un amanecer grandioso. Un grupo de músicos de la filarmonía recorría las calles de los barrios invitando a la gente a participar.
Las casas adornadas con sus banderas complementaban la alegría en el corazón de los ciudadanos. Los niños uniformados desfilaban hacia la escuela para participar en los actos. Poco antes de las 10 de la mañana, del edificio de bomberos partían los dos vehículos y detrás el grupo de muchachos (bomberos a partir de ese momento) todos uniformados caminando en absoluto silencio hacia el parque Quesada.
Al llegar a la esquina conocida como Lorenzo, por primera vez el llanto de la sirena de los vehículos, sincronizadas con la del edificio irrumpía, mientras dos bombas de doble trueno explotaban estremeciendo el firmamento mientras los miles de asistentes con aplausos, gritos y vivas agradecían a Dios por aquella gran obra; tan necesaria en esta comunidad.
A partir de aquel momento ya contábamos cómo combatir cualquier eventualidad. Pero hablemos de los muchachos, cada uno asumía la responsabilidad correspondiente, de tal manera que al sonido de la sirena, sin medir hora en el día o noche, se olvidaban de las cobijas y corra a cumplir con su obligación dejando la pereza y su plácido sueño…”por eso no se permitían hombres recién casados? Pero la función de los bomberos se ha ampliado en un rango de acción en todas dimensiones con una sola consigna: ¡Listos a servir! Muestra de ello que los hemos visto atendiendo accidentes de tránsito, inundaciones, buscando ahogados, transportando heridos; es decir su lucha es constante.
Por lo anterior es que hacemos llegar por este medio y a nombre del pueblo turrialbeño, al INS y demás organismos que han tenido y tienen que ver con esta Benemérita Institución. ¡Gracias y que Dios hoz bendiga! Sin dejar de mencionar a todos los que vistieron y hoy visten también ese distinguido uniforme. A quienes no están con nosotros y a los presentes, nuestro aplauso sincero.