Por casualidad llegó a manos de Lasel Lonis un ejemplar de una vieja Gaceta, el diario oficial de Costa Rica, se lo entregó Cosme Mata, a la sazón funcionario del Municipio y le dijo, viera que interesante lo que dice ahí, tal vez usted, que anda en busca de un nuevo hospital para Turrialba, pueda hacer algo con esa información.
No tenía ni la menor idea de qué se trataba el asunto, pero recibí el periódico y decidí esculcarlo, entre una serie de noticias sobre diversos aspectos de país, había una resolución en la que decía que el Instituto Interamericano de Ciencias Agrícolas (IICA), antecesor del Centro Agronómico Tropical de Investigación y Enseñanza (CATIE), había donado 29 hectáreas para diversos proyectos locales. Eso fue en la Administración de Mario Echandi, narró Lonis.
Entre las posibles obras se mencionaba la Escuela Las Américas, el Estadio, el caserío El INVU y otros, y en esos proyectos estaban 5 ha. (cinco hectáreas) para un nuevo hospital. Por esos tiempos papeles iban y venían por parte de quienes habían integrado la Junta de Salud del Hospital William Allen de Turrialba (HWAT) y habían iniciado trámites para que Turrialba contara con un nuevo hospital. Se hablaba muy frecuentemente de la necesidad del nuevo nosocomio para Turrialba, más que todo por los inconvenientes y las incomodidades que presentaba el viejo edificio del HWAT.
En gran cantidad de veces se habían apersonado ante las autoridades de la CCSS y siempre la respuesta era negativa por falta de recursos, poca población y otras. Pero señores como Jorge Rivera, Manuel Mora, los médicos Raimundo Riggioni y Alvaro Zúñiga, Carlos Pineda de la Universidad, Jose Luis Mora, Yenory Quirós y otros insistían, cada vez que cambiaba el gobierno, iban de nuevo con su proyecto.
Cansados de la insistencia, los funcionarios de la Caja encargados de las nuevas obras, les hablaron con franqueza, “,miren señores la Caja no tiene dinero para comprar un terreno y construir un hospital, si ustedes consiguen el terreno, puede ser que se valore la propuesta”, entonces Lasel se dijo: tengo que indagar qué pasó con esas cinco hectáreas destinadas a un hospital.
Después de preguntar por todas las dependencias relacionadas con el tema, se dio cuenta que ya esos terrenos habían sido repartidos y mediante una ley, le cambiaron el destino, tenía un uso de mucho beneficio comunal y entendió que intentar revertir aquella negociación no solo era casi imposible legalmente, era imposible socialmente. Se esfumó la idea y otra vez en cero y contando.
Entre tantas opciones fueron pasando los años, las administraciones, con todos los mandatarios se conversaba pero ninguno le daba la importancia que tenía, ni el impulso que necesitaba.
Entre conversaciones por aquí y por allá, se conversó con personeros de Hacienda Juan Viñas, quienes plantearon la idea de construir ahí por Azul, en unas llanuras que eran cañales y el representante de Juan Viñas, hizo una propuesta: Me compran cinco hectáreas y les regalo cinco. La oferta sonó como música celestial en los oídos de Lonis.
Pero su alegría duró poco, uno de los compañeros de Junta Administrativa del HWAT le dijo: Estas loco Lonis, eso no tiene futuro. Pero ¿por qué?. Muy sencillo muchacho, la Caja nunca construiría un hospital en esta zona, aunque le regalaran el terreno completo, fíjese el inconveniente de los puentes que hay que cruzar para llegar a esta zona, una emergencia climatológica y el hospital se queda aislado. ¡tenés razón!, ¡qué tristeza!, y otra vez a empezar de nuevo.
No obstante lo sucedido, la oferta de Juan Viñas, quedó rondando en la mente de Lonis y cuando tuvo la oportunidad la mencionó como opción, en las autoridades de la Caja, sonó como posibilidad y entonces Lasel se dijo: ahora hay que buscar esas 5 Ha. donadas. ¡qué fácil!
Un día, mientras caminaba por la zona de Florencia en sus recorridos mañaneros Lasel como buen deportista que siempre ha sido, viendo aquellos terrenos sembrados de caña y con tanto espacio, se dijo: aquí puede estar el terreno que buscamos, sus ojos se le iluminaron y se propuso hacerle el planteo de Doña Judy Pirie.
Estaba esperando la oportunidad cuando un día al pasar por la casona de Florencia, se dio cuenta que ahí estaba Doña Judy y así en ropa de hacer deporte, no la dejó ni entrar a la casa, la saludó y así sin anestesia, le hizo la solicitud 5x5, esa era la oferta.
La cara de Doña Judy se puso de colores are you crazy Lasel! Porque hay que estar loco para pedir cinco ha regaladas. Un momento dijo Lonis, no son 5 regaladas, son 5 compradas y 5 regaladas… y sacó de su cabeza un discurso que ni el mismo había imaginado, le habló de caridad, de compasión, de agradecimiento con el pueblo de Turrialba que desde hacer unos cien años los había recibido y les había permitido amasar una fortuna, ¿cómo era entonces que hoy, cuando ese pueblo necesita ayuda, ustedes le va a volver la espalda?, ¿no le parece ingrato?
Humm, déjeme pensarlo, dijo la señora como por dar una respuesta y en señal de despedida.
Un hermano de Judy, que necesitaba resolver un problema económico y no contaban con circulante, influyó en Judy y unos días después citó a Lasel para conversar más calmadamente de la propuesta. El final feliz fue cuando Lasel llevó la oferta a las autoridades de la Caja y le dieron el visto bueno, no así tan fácil, pero originó las primeras acciones serias para la construcción de Hospital. Estudios de suelo, primeros bocetos, adjudicación de recursos, en fin, surgió el buen lema “Turrialba con las botas puestas por el nuevo hospital”.
Después de eso siguieron las conversaciones, los “estira y encoge”, aparecía la plata y desaparecía, un gobierno lo apoyaba, otro lo soslayaba, que los diputados presionaban, que las autoridades reculaban, el CATIE ofrece sus manantiales y se soluciona uno de los problemas más importante la disponibilidad de agua.
Mientras esto pasaba, el negocio con los Pirie estaba a punto de concretarse; entonces entre una y otra gestión, un equipo de especialistas se presentó en la zona para ver la viabilidad de los terrenos y hacer el estudio de suelos.
Los resultados fueron positivos y el proyecto cobró vida o más bien… vitalidad, ya era un hecho, aunque estos asuntos son de paciencia, dijo Lonis, los avances daban esperanzas, daban para ser positivos y yo sentía que el árbol estaba echando raíces. Ni le cuento lo que sentí cuando se pusieron las primeras estacas y los cimientos comenzaron su viaje hacia las alturas.
Fue un desahogo, un despertar entre noticias frescas y motivadoras. Debo aclarar que esta obra no tiene un solo protagonista, hay mucho por reconocer, muchas personas, vecinos de Turrialba y foráneos, gente que se puso las botas, que ayudó con su ladrillo a levantar este edificio, algunos me lo achacan, pero nadie puede solo, es cierto que me tocó llevar la estafeta en muchos tramos, pero esta es una obra colectiva, dijo Lonis y dijo mucho más pero el espacio es limitado.