El proyecto de amor San Vicente de Paúl, también conocido como Comedor San Vicente, nació el 22 de noviembre de 1997 por iniciativa de la parroquia San Buenaventura en Turrialba, cuando estaban los sacerdotes vicentinos. Desde entonces, se han dedicado a brindar ayuda a personas en situación de calle que viven en condiciones difíciles y necesitan asistencia para subsistir.
Durante sus primeros años, el proyecto se ubicó en varios lugares, como por ejemplo en un local de Rogelio Carazo frente a CINDE o la casa del doctor Lejarza. Sin embargo, en los últimos tiempos, han tenido que trasladarse de lugar debido a la remodelación de la estación de ferrocarril, lo que los obligó a disminuir sus servicios, reduciéndose a ofrecer solo comida por la noche. A pesar de ello, han seguido trabajando en varias esquinas de la ciudad de Turrialba para estar más cerca de las personas que necesitan su ayuda.
El proyecto se encarga de brindar a las personas en situación de calle lo que necesitan para sobrevivir. Otoniel Díaz Flores ha estado en el proyecto desde el día uno y mantiene que ahora "servimos en varias esquinas de la ciudad de Turrialba. Hoy en una esquina, mañana en otra, y vivimos un poco la experiencia de ellos, así tal cual están en la calle". Su lucha nocturna es tratar de mantener el orden y la disciplina, y si alguno se porta mal, no se le reprende, pero sí se le hace ver que su comportamiento no es el más adecuado.
“Las personas en situación de calle a menudo pasan días sin comer, especialmente si están lidiando con problemas de adicción. El proyecto de amor San Vicente de Paúl se asegura de que tengan algo que comer, aunque sea solo una vez al día, lo que es fundamental para su supervivencia” dijo. También se preocupan por otros aspectos, como la salud y la higiene, y si alguno de ellos necesita atención médica, hacen lo posible para ayudarlo. Incluso se encargan de los funerales de aquellos que no tienen familia.
Para financiar su labor, el proyecto cuenta con amigos y donantes que aportan mensualmente 150,000 colones (alrededor de 250 dólares). La iglesia de Turrialba contribuye con 100,000 colones y el resto proviene de personas que desean ayudar, como padrinos que donan dinero o suministros. La cantidad de dinero que reciben puede parecer pequeña, pero es vital para continuar con su labor.
El proyecto de amor San Vicente de Paúl se esfuerza por brindar atención espiritual a las personas a las que ayuda, aunque esto se ha reducido un poco en los últimos tiempos debido a su situación actual. Sin embargo, en el pasado, se les ofrecía atención espiritual en la mañana, consejos al mediodía y una oración antes de la cena. En la actualidad, solo realizan una oración al final del día para agradecer por el alimento y pedir por las personas que ayudan.
Apostolado
Ante la consulta acerca de como ha cambiado su vida servir en este apostolado durante los últimos 26 años, Otoniel señaló que esta actividad ha significado un cambio radical radical en su vida.”Yo fui el que empecé con esto junto a mi esposa, y cuando iniciamos, yo jamás pensé que se podía. Bueno, pensé que no íbamos a durar ni siquiera una semana, por miedo, porque yo me acuerdo que había una agresión altísima en la calle y hasta con machete se nos acercaban. Muchas veces yo he sido amenazado a muerte, o que me esperan en las esquinas, que conocen a mi esposa, pero hasta el día de hoy nunca ha pasado nada” finalizó.
Eugenia Paulina Cortez Solano, es su esposa y según cuenta, tenían un grupo de oración en su casa cuando nació la inquietud de ayudar. A pesar de que al principio ella tenía vergüenza de salir a pedir ayuda, poco a poco se fueron sumando personas que se unieron a la causa.
En cuanto a su experiencia personal, Eugenia dice “para mí lo más importante es ver en los pobres el rostro de Jesucristo y servirles con amor. Además, he aprendido a confiar en la providencia divina, ya que muchas veces hemos pasado por momentos de escasez y, sin embargo, siempre hemos recibido la ayuda necesaria para seguir adelante”. En cuanto a su labor en el comedor, Eugenia destaca que durante muchos años fue ella quien cocinaba todos los días hasta que más personas se unieron y se ofrecieron a ayudar.
Susana García Serrano ha estado involucrada en el trabajo de la organización durante aproximadamente 6 años ya que antes no podía ayudar directamente debido a que tenía a su padre en casa, pero desde que se integró al trabajo, ha sido muy satisfactorio para ella.
Ana mantiene que ve el rostro de Cristo en cada uno de los que atienden y que, aunque a veces son criticados, todos los que trabajan allí lo hacen con amor y sirviendo al Señor. “He visto muchas manos que ayudan con lo que sea necesario, incluso mis vecinas nos dan frijoles o lo que hace falta para ayudar a Paulina y a Otoniel”. “yo prometo seguir sirviendo a San Vicente de Paúl mientras tenga vida, ya que a través de esta organización ha encontrado a Cristo y siento que es una manera de agradecerle al Señor por la gracia que me ha dado” dijo
Un joven a quien llamaremos “Luis” comentó que “para mí es un excelente trabajo, porque le dan de comer a las personas que necesitamos y que vivimos en la calle, nos dan abrigo. De mi parte yo estoy muy agradecido. Quiero internarme y ellos me están ayudando a ver si me salgo de esta cochinada, pero cuesta mucho. Ellos en todo momento le desean a uno lo mejor. LO único que podemos hacer para devolverles a ellos lo que hacen, es por lo menos respetar la fila, portarse bien y comerse todo lo que nos dan. Legalmente la vara es venirse a sentar, porque la verdad es que uno lo que piensa es nada más en el vicio, pero sabe que en la noche tiene un platico caliente de comida”