Ramiro Rodríguez Vargas / Turrialba Hoy
La sonrisa de Andrea ha sido su mejor carta de presentación en una gran cantidad de países donde el deporte y su trabajo la han llevado, su amado Rafting le permitió visitar Bosnia & Herzegovina, Montenegro, Canadá, Argentina y Australia.
Mientras que como Tripulante de Cabina (TC) o lo que se conoce como aeromoza, la llevó a países como: Canadá, USA, México, Guatemala, El Salvador, Panamá, Colombia, Ecuador, Perú, Brasil, Chile, Croacia, Austria, Eslovenia, Republica Checa. Suiza, España, Francia, Italia, Ciudad del Vaticano, Japón y los Emiratos Árabes Unidos, todo un paseo por diferentes lugares del mundo.
Andrea estudió en el Colegio Nocturno de Turrialba, sus primeros pasos laborales los dio colaborando con la Revista Turrialba Hoy, donde nos acompañó por varios años, siempre eficiente, siempre con una sonrisa a flor de piel, luego la invitaron a trabajar en los ríos y su carrera amplió horizontes personales.
Un día de tantos terminó como TC y sobre cómo llegó a esas instancias, nos cuenta Andrea: el trabajo como TC, el destino lo tenía para mí. Un domingo que tuve libre del río, compré el periódico y ahí estaba el anuncio, cumplía con los requisitos y decidí ir a SJ y aplicar, total lo único que me podían decir es que No, me dijo mi mamá, pero al menos lo intentaba.
Las convocatorias para TC son increíbles, hay demasiada gente concursando, ese día, logré pasar todos los filtros con éxito.
Solo 28 personas fuimos llamados a iniciar el Curso de TC, y eran tres meses de formación aeronáutica, primeros auxilios, fuegos, emergencias, prácticas de evacuación del avión y al final servicio a bordo.
Después 3 meses más de prueba en el avión y listo ya tenía “alitas”, estaba lista para volar!
Las sensaciones siempre fueron gratas, de alegría, me encantaba recibir a los pasajeros con una gran sonrisa, ver las familias ilusionadas por las vacaciones, ver la carita de un niño al entrar por primera vez a un avión, y algunas veces también de tristeza porque algún pasajero(a) estaba llorando cuando ya casi despegábamos.
Ya era normal caminar horas atendiendo a los pasajeros, algunas veces olvidaba que estaba en el aire.
La ruta más larga que como base SJO tenía era, SJO-LIM-SCL (San José-Lima- Santiago de Chile) 7 horas de vuelo, más escala, desplazamiento al hotel, al final 12 horas de servicio. Eran vuelos muy cansados, a capacidad total, por lo que el secreto para hacerlo era con buena actitud y positivismo.
Mis vuelos siempre fueron seguros y tranquilos, de vez en cuando alguna turbulencia, pero nada fuera de lo normal.
Haber sido colaboradora de la Revista Turrialba Hoy, me llena de orgullo, me recuerda mi origen, me doy cuenta que aunque suena muy trillado, si se quiere algo si se puede, yo era una chiquilla saliendo del Colegio, con una familia con necesidad. Trabajando en la revista obtuve mi primer salario formal, todos los que en ese momento estuvieron conmigo, me enseñaron el valor de la responsabilidad, el compromiso, la honestidad, el respeto y tantas cosas que me estaban formando para hacer frente al futuro.
Cuando renuncié a la aerolínea, regresé al río con la idea de apoyar a mi esposo en la empresa de rafting, en logística, mercadeo, ventas y por supuesto guiando para conectarme de nuevo con la naturaleza.
Entre tantos medios de transporte que existen y con mi experiencia de casi 20 años practicando rafting y 5 años en los aviones, he de decir, que solo en una balsa o en un avión me siento 100% segura.
Con la pandemia, me ha tocado reinventar. El turismo ya no es el mismo, por lo que junto con mi esposo llevamos de la mano otra empresa de cultivo de plantas ornamentales. Además, sigo compitiendo en rafting, pero ahora en Categoría Master.
En esta líneas podemos conocer a Andrea Fallas, una turrialbeña de cepa, que se ha paseado por el mundo y para quién la vida sigue siendo un descubrimiento todos los días, segura de que una buena actitud siempre será la base de cualquier emprendimiento.