Por Ramiro Rodríguez Vargas
La cultura turrialbeño pasa por un momento triste, murió Don Alvaro Carpio, un ciudadano ejemplar de este terruño, un baluarte de acontecimientos tan relevantes como la fundación de la Compañía Lírica Turrialbeña, donde además de contribuir en u organización, fue uno de los cantantes más admirados.
Don Alvaro se inició como trabajador en el antiguo Instituto Interamericano de Ciencias Agrícolas (IICA), por poco tiempo, porque luego, gracias a sus conocimientos en contabilidad y finanzas pasó a trabajar en el Banco Nacional de Costa Rica, donde laboró por muchos años hasta que le llegó el momento de pensionarse.
Fue también fundador de la Emisora Cultural de Turrialba, donde además realizó programas musicales, la mayoría de las veces relacionados con el bel canto, que era su pasión y su querencia, su inclinación y su predilección.
Don Alvaro fue el mayor de once hermanos, hijos de Juan Alberto Carpio, quien fue oriundo de Paraiso y María Lucía Vásquez Torres, oriunda de Cartago, formaron una familia de aquellas numerosas, que empezaron de la nada, y sobre la base de una unión familiar fueron sacando adelante anhelos y proyectos.
Fue uno de los coleccionadores de la música popular turriabeña, en su fonoteca hay grabaciones de muchos artistas turrialbeños, reliquias que merecen el rescate y recuerdos inolvidables de joyas musicales del terruño, siempre dispuso de equipos para gravar y lo hacía de la manera que fuera, lo importante, para él, era dejar un registro de aquellas artes musicales y aquellos exponentes que pulularon por los diferentes escenarios de esta región. Muchas de sus reliquias estaban en “cinta abierta”, aquella tecnología anterior a los casetes y mucho más de los CD´s, los mp3 y otros formatos de estos tiempos.
Siempre tuvo la inquietud y desconozco si lo logró, de pasar todo aquel inventario de registros musicales al formato digital, espero que lo haya logrado y que se pueda recuperar ese tesoro.
Don Alvaro, afable, filántropo, afanoso por la cultura, fanático de la lírica, de la buena comida y la buena bebida, alegre y bohemio, distinguido contertulio de las mesas de diálogo sobre temas locales, nacionales e internacionales. Su voz resonó muchas veces en los escenarios del cantón y su presencia será eterna en la memoria colectiva de esta su amada y venerada tierra.
Hasta dónde se encuentre, de acuerdo con las creencias y el misterio de la fe de cada uno, un abrazo de despedida y un reconocimiento por todo lo que hizo y entregó por este cantón. A sus familiares un abrazo solidario y el deseo de fortaleza para que puedan asimilar este momento de tristeza colectiva.