José Alberto Velázquez
José Alberto Velázquez
Hay que dejar un poco de emoción para cuando se descubra el cáncer.
En los potreros tóxicos la humedad se aleja a toda madre.
Qué se puede esperar.
Fundamentos de herraduras viejas y plasma de rumiantes.
Orwell, Kafka y Koestler.
El Espíritu Santo indefinido por la falta de electricidad.
Aproximándome alejándome a la fiesta de mormones jefes.
A todo lo que no me importa y necesito
en la letrina para moscas de mormones jefes.
Los griegos chamuscan mazorcas en la oscuridad
para que tengas patria.
O para que al menos tengas
la palabra patria
mientras huyes.
2
Durante la ceremonia de mi café tranquilo
le habían cortado la cabeza a veinte.
Universo musical donde es más fácil
escandir un cráneo
que cortar un texto.
La media hora que empleé en dos poemas cursis
le sobró a Potencia Médica
para despachar mil fetossolo en mi Provincia.
Muerte anterior. Muerte posterior. Muerte.
El aire en el pecho me hacía retroceder.
Mastiqué lentejas leí libros de cadáveres.
Fuera de mi choza los machetes sobrecumplían el plan.
Livianas de casco y carnavales de sangre.
Marchas de cornudos combatientes y más sangre.
Termino aquí esto huele a niños que nunca reirán.
A hombres que ríen demasiado
porque la risa permanece en sus cabezas cortadas.
3
En cada hombre hay un inciso donde acaba ahorcado.
Las mujeres desnudas caminan al incendio.
Uno escoge los peores argumentos la mejor rama.
En el ínterin colgué un montón de libros entre los arbustos.
Dos lenguajes un gran hígado finalmente ahuecarían el ala.
El software del ahorcado te vuelve superior.
(No he leído a Nietzsche pero compré una soga. Qué pinga os pasa).
Algunos hombres (dígase quien esto escribe)
son como la luz de las estrellas muertas:
existe si la miras.
Cuando cierras los ojos
solo queda
un montón de cenizas entre los arbustos.
4
Siempre tuve la piel dura de los animales que en verdad la tienen.
Que por dentro son más blandos, es cosa sabida, y qué.
El jueves siguió la mancha en mi pulmón izquierdo.
El lunes yo era aún el quídam vagamente intolerable
que escribía versitos en medio de la pudrición.
Alambradas cortantes y estímulos de Pávlov por doquier.
Alguien promete que mañana será menos fácil
y que por lo tanto (?) hay que seguir. Seguimos (!).
Oh, cuán deleitosos resultan los animales de piel dura y dóciles.
Oh, qué terrible cuando asqueados de la mansedumbre
arrojan el recipiente de sus blandas vísceras
contra el odio final de las alambradas.
José Alberto Velázquez (Las Tunas, Cuba, 1978).
Egresado del Centro Onelio Jorge Cardoso (2002). Mereció, entre otros, los premios nacionales Celestino de cuentos (2011) y Navarro Luna de poesía (2011). Ha obtenido menciones en los premios Fernandina de Jagua (poesía, 2012) y Hermanos Loynaz (cuento, 2013). Autor de los poemarios En busca del cielo perdido (Ed. Sanlope, 2006); Yo desierto (Ed. Holguín, 2006); La burbuja heroica (Ed. Orto, 2012), y los libros de cuentos Fracturas y extrañezas (Ed. La Luz, 2012) y Gestos brutales (Ed. Sanlope, 2015).