Cátedra Psicología Clínica de adultos y gerontes. Facultad de Psicología. UNLP.
FUNDAMENTACIÓN DE LA MATERIA:
El plan de estudios de la carrera reserva para la presente asignatura la integración de los conocimientos adquiridos previamente a los fines de su aplicación a la particularidad de cada caso.
Una propuesta pedagógica requiere una redefinición de tales finalidades para que pueda contemplar su especificidad, según cada posicionamiento teórico.
El caso para la clínica, histórica y etimológicamente es la referencia fundamental.
En este sentido podemos definir la tradición pedagógica en clínica como la enseñanza de las normas y procedimientos para la inclusión del caso en una clase, la operación diagnóstica, y, a partir de allí, el estudio de las alternativas terapéuticas, los resultados esperados, los riesgos y complicaciones, y finalmente las recomendaciones éticas.
La enseñanza clásica de la clínica concebida como la transmisión de las reglas de pasaje de la teoría al caso es tributaria del campo de la medicina, y en particular de la clínica psiquiátrica.
Esta concepción, seguida con múltiples variantes por distintas corrientes de la psicología clínica, se pone en cuestión si tomamos la perspectiva del sujeto. Dado que el sujeto se define por aquello que hace objeción a todo planteo en nombre de categorías universales, nuestra propuesta intenta una rectificación del modelo pedagógico clásico para tratar de preservar la dimensión de lo singular que se abre a partir de dicha perspectiva. Partimos entonces de entender la clínica como “lo real como imposible de soportar” (J. Lacan 1976). Es decir que un fenómeno se vuelve clínico cuando se torna imposible de soportar para un sujeto, lo cual implica partir del hecho de que él participa de la definición de su propio síntoma y no de una noción de salud mental universal establecida a priori por el clínico. De este modo, el campo mismo de la clínica se funda en el síntoma así definido y es desde este lugar que desprendemos las consecuencias que conforman los ejes de nuestra propuesta.
En clínica no es obvio que la enseñanza sea traspaso de saber. Menos aún que pueda cuantificarse y estandarizarse, dado que toda una enseñanza podría estar hecha para producir un obstáculo al saber (Lacan, 1970). Los comienzos de la clínica psicoanalítica en el joven practicante sirven de ejemplo pues es el momento de máxima implicación en la pregunta de si sabe qué es lo que dice a la hora de responder al discurso de un paciente. Y es precisamente en este punto donde toda una enseñanza puede constituir una barrera al saber pues hay nociones que desvían, otras que se repiten para calificar según el profesor que toque en suerte, y otras que se sobrentienden. Todas ellas despistan si se quiere fundar allí un acto clínico. Consecuentemente, la práctica no puede concebirse como simple aplicación de una teoría, porque para estar a la altura de la singularidad del caso es necesario una formación que le permita al alumno circunscribir la interrogación que la experiencia genera en los conceptos, y sostener el hiato de lo que surge en la práctica respecto de lo que se dice de la práctica. Esto exige una continua puesta a prueba por parte del docente del saber que imparte para determinar la orientación de la lectura de aquello que acontece en la experiencia clínica.
Eso que se enseña en clínica debe servir para orientarse en la práctica. El saber clínico no está al servicio de la enciclopedia ni de la summa, sino que se elabora al compás del caso y solo cuando un saber sirve es que podemos decir que allí hubo enseñanza. Precisamente podemos decir que sirve cuando ayuda a organizar la experiencia y permite interpretarla para elaborar una respuesta. Pero es fundamental además, que el saber pueda ser aplicable de un modo inventivo. Estaremos seguros de haber transmitido algo en clínica cuando el alumno pueda servirse del saber más allá del contexto de su aprendizaje.
Hablamos de inventiva en su aplicación porque no hay saber que preste relevo al acto, ningún acto se deduce automáticamente de un saber. Por eso la responsabilidad en un acto clínico va más allá de todo lo que pueda establecerse como protocolo. No hay mejor ejemplo que el acto que funda el ejercicio mismo de cada uno, aquel por el cual cada quien se autoriza a la práctica profesional. Ese momento siempre está atravesado por la angustia como señal de que entre el saber y el acto hay una hiancia que ningún título ni portación de conocimiento puede cubrir. Por eso es importante que nadie, ni enseñante ni enseñado, se deje empujar por la demanda de habilitación profesional que es usual en nuestra asignatura. Es importante tener presente que cada quién tiene el derecho y el deber de hacer su elaboración personal al respecto y que la formación clínica no se confunde con la formación psicoanalítica.
La enseñanza de la clínica supone traspaso de saberes pero también la transmisión de una experiencia, y eso requiere de cuerpos, de compartir tiempo, de conversación, de intercambio, en suma, de la formación de una pequeña comunidad de trabajo transitoria como dispositivo en el cual se produzcan ciertos efectos de formación.