Integrantes
Orozco López Renée Yadhem
Dueñas Reyna Luis Armando
García Ramírez Erika Daniela Estela
Asesores
Omar Paredes
INTRODUCCIÓN
Los estímulos son información que recibimos a través de nuestros sentidos; esta información es procesada para responder acorde a la situación. Este proceso se llama procesamiento sensorial. Normalmente, estos estímulos son procesados y filtrados inconscientemente. Las personas con diferencias en el procesamiento sensorial tienen problemas filtrando esa información en orden de prioridad, por lo que a veces pueden reaccionar a los estímulos de sobremanera o de ninguna manera en absoluto.
A. ¿Cuál es el problema?
El trastorno de procesamiento sensorial es un trastorno neurológico que resulta de la discapacidad del cerebro para integrar cierta información recibida en los sistemas sensoriales del cuerpo. Los síntomas incluyen sensibilidad táctil, visual, auditiva, oral, olfativa, vestibular y de propiocepción.
La sobrecarga sensorial sucede cuando se reciben más estímulos de los que el cerebro es capaz de procesar; los que no son procesados se ponen en fila esperando, lo que puede resultar en que información importante sea perdida. Con toda la información por procesar, puede ser difícil racionalizar y responder, lo que provoca ansiedad y un comportamiento complejo, manifestándose en un deseo de correr, sentirse apanicado, o resultar en frustración, agresión y comportamientos físicos. Debido a la sobrecarga sensorial, las personas dejan de ser capaces de lidiar racionalmente con la situación.
Distintos estudios han descrito comportamientos o posibles disfunciones táctiles, listando una aparente falta de conocimiento de las sensaciones del tacto que ha llevado a la discriminación. La confirmación de esta suposición está en un estudio realizado por Ayres y Tickle (1980). Krauss revisó los efectos de la presión en casos de ansiedad, con resultados que indican que puede alterar el estado fisiológico de un organismo e incluso reducir el ritmo cardiaco.
B. ¿Y estos de dónde vienen?
Brothers L. (1990) propuso una red neuronal que se encarga del “Cerebro social”, que incluye la amígdala. Es posible que los trastornos sensoriales también estén relacionados con la amígdala. La amígdala juega un papel importante en el desarrollo de las emociones, el aprendizaje y el comportamiento. Trabajos en animales indican el rol de la disfunción amigdalar en trastornos de ansiedad, adicción y trastornos neuropsiquiátricos como el autismo, que involucran síntomas sensoriales, cognitivos, afectivos y sociales.
C. La terapia de presión
La presión profunda ha sido descrita como la sensación que se produce al ser abrazado, apretado o sostenido. Es usada por terapeutas para reducir síntomas de estrés y ansiedad, y mejorar el comportamiento; todo esto basado en los estudios de Ayres en los 60’s y 70’s. Un estudio realizado en 2012 con 13 jóvenes (entre ellos 2 niñas) de entre 7 y 18 años mostró mejoría en alguno de los tres métodos (masaje, aprieto y peso).
Otro estudio experimental involucró a 20 niños con TEA, incluyendo 14 niños y 6 niñas de edades entre 7 y 13 años, a quienes se les dividió en dos grupos. Al grupo uno se le dio un asiento de abrazo inflable y al otro uno con palanca manual. El primero demostró problemas en conducta y episodios ansiosos, mientras que el segundo mostró mejoras importantes en el comportamiento.