Mientras Jonathan Álvarez se preguntaba por qué los antecedentes indicaban que las razas que había en el país eran foráneas, el señor Elver Marín, en Puente Nacional (Santander), buscaba un investigador que le ayudara a caracterizar a Mariposa, su fiel mascota, y a visibilizarla ante la sociedad colombiana.
De acuerdo con los investigadores, lo primero que se hizo fue verificar la permanencia del perro en las comunidades rurales en las que se han criado estas razas. Para ello, visitaron distintos lugares del territorio nacional, donde se tenía conocimiento de la existencia del grupo racial, con el objetivo de obtener las características de este canino.
Con ayuda de Richard Martínez y Daniela Rodríguez, integrantes del Grupo de Estudio de Genética Animal de la Universidad Nacional de Colombia, caracterizaron al can de manera morfológica (forma y estructura) y morfométrica para determinar si poseía rasgos transmitidos de generación en generación que permitieran su prevalencia en el tiempo. Fue así como buscaron que el animal tuviera un prototipo, características básicas, tamaño y colores de capa, entre otros rasgos.
Etapas de la investigación
Según la FAO, cuatro características definen una raza canina: una función definida (trabajo, cacería, compañía), que compartan el hábitat, que las características fenotípicas se den a través de las generaciones y, finalmente, que los criadores los consideren una raza.
Bajo estos parámetros, el grupo investigador desarrolló un formato de caracterización para medirles a los perros su cabeza, hocico, tamaño corporal, dimensión de las orejas, forma de los ojos, tipo de mordida y colores, etc.
Al analizar los datos y hacer un estudio estadístico, los investigadores hallaron que no había diferencias significativas en la mayoría de medidas, por lo que se confirmó la hipótesis: el perro de cacería tradicional campesino era el mismo en toda Colombia. Según Álvarez, “se busca hacer una selección registrada de la raza para que mantenga el mismo fenotipo que han preservado los campesinos por muchas generaciones”.
En consecuencia, los investigadores encontraron que efectivamente el sabueso fino colombiano comparte su hábitat. “Está en todas las veredas, pero se observa con más facilidad en regiones como Antioquia, el Eje Cafetero, los santanderes, Boyacá, Cundinamarca y la Costa Atlántica”, señaló el grupo de estudio. De igual forma, encontraron que la mayoría de los perros viajan entre regiones y que su función principal es la caza de animales pequeños con pelo, como tinajos o ñeques, animales similares a roedores o topos.
“Buscamos concientizar a los campesinos sobre la importancia de estos animales, pues ellos son quienes los mantienen, conservan y reproducen para que no se pierdan en el tiempo”, indicó la doctora Ligia Jiménez. Crear esa conciencia permitirá fijar normas para la tenencia y reproducción del perro, con el único fin de mejorarlo.
En resumen, el estudio de la Universidad Nacional definió las características del perro criollo del país: un sabueso aullador, de buen olfato, tamaño mediano y pelo corto, aunque con muchos colores.
Al compararlos con sabuesos traídos de Europa y Norteamérica, desde la época de la Conquista, se encontraron similitudes en las actividades de cacería que tanto practicaban los señores de antaño.
Según el investigador Álvarez “el sabueso fino colombiano se entrega a sus amos, le gusta que lo consientan y es muy tranquilo, a diferencia de otros”. Tiene habilidad para cazar durante largas jornadas y en algunos casos es el encargado de aportar carne de monte a los campesinos que se encuentran apartados de la ciudad.
El equipo investigador definirá un estándar de la raza para prolongar el pedigrí en el tiempo y para que sea reconocida ante las entidades como la ACCC (Asociación Club Canino Colombiano) y la FCI.
Fédération Cynologique Internationale
(Adaptación)