CELOS


Noche. El viento silbó su canción

doliente como una pena

y en las tinieblas del fatal callejón

una voz que dijo así, se oyó:

Como a un hermano, te vengo a rogar

porque te sé de alma buena;

te juro... vine a pelear

¡tengo celos, hermano... vamos a hablar!


Ayer nomás, mi mujer confesó

lo que hace tiempo en sus ojos viché.

Te quiere a vos y te ruego por Dios

tené compasión. No me la robés...

Yo sé que vos ni pensaste en su amor

y yo la quiero, bien lo sabés.

No dejés que el dolor

me consuma las fibras de mi ser.


Viejo. Vos sos un muchacho de ley

y sé que harás la gauchada.

Por mi pebete que es mi vida y mi amor:

no te la llevés... Haceme el favor.


Luego, en las sombras de aquel callejón,

una promesa sagrada

selló la amistad del rival

como emblema malevo, de corazón.