MEDITACIÓN

La Práctica del Silencio

La práctica espiritual más sencilla y posiblemente la más profunda sea el silencio. Normalmente se considera silencio a la ausencia de ruido, habla o sonidos. La simple quietud. Claro que silencio no consiste en gritarles a los demás: ¡Ssshhhhhhh! Ni de hacer a los pájaros callar. Espiritualmente se refiere al silencio de la mente y el corazón mientras el mundo brama. Los yoguis en el Himalaya, los Padres del Desierto en la antigüedad, como de los ermitaños de ayer y de hoy, practicaron el silencio. En distintas tradiciones ha sido y es común el voto de silencio dentro de la vida monástica. Siempre es temporal y no obligatorio como la pobreza, la castidad y obediencia. En general es decidido individualmente y por cierto período. Personas no religiosas también lo practican de vez en cuando. La práctica del silencio es una forma de cerrar las ventanas al mundo exterior y abrir las puertas a la experiencia interior.

En el silencio y la contemplación hallamos un manantial de frescura y renovación. Es una especie de abstención, de ayuno, de apartamiento de todo ruido o distracción externos. Es centrarnos y elevarnos, es purificarnos y sanarnos. Hay individuos que practican el silencio varias veces durante el día. No es para no decir, es para escuchar. Es un complemento importante de la oración y la meditación. Si oramos y no escuchamos ¿para qué oramos? Le pedimos al Ser superior que nos dé soluciones, pero luego no queremos oírlas. Eso es hacer un ritual, sin el deseo del cambio real, la transformación queda en teoría.

Dice Marsha Sinetar:

Tengo un llamado y una disposición especial para el silencio. Pero yo sé que para algunos, la quietud carece de sentido. Después de todo, ¿qué se puede hacer sin hablar? Bueno, muchísimo. Aún más importante es lo que te sucede en el silencio. Es una réplica perfecta de la más íntima pobreza. Períodos de pobreza regeneran, simplifican, y organizan mi vida. El silencio ha fortalecido mi voluntad, trajo paz a mi mente, produjo para mí una nueva vida—nova creatura.

Cuando practicamos correctamente, los frutos del silencio son los frutos del espíritu: alegría, paz, fe, auto-control, amor. La débil búsqueda de aprobación, el ruido del mundo y su desesperada realidad se desvanece. Posiblemente por esta razón un proverbio judío enseña que el silencio cura todos los males. El silencio nos enseña el amor, nos hace capaces de recibir amor y extenderlo, aunque en nuestra propia y auténtica forma. Esto significa que vamos a amar en forma diferente a lo que el mundo espera –nos sorprenderemos y a veces disgustar.

Nadie escribe más elocuentemente del silencio que Tomas Merton. Él ha sido un distante, si no también ausente, maestro. Él dice para mí lo que soy demasiado apática para decir sola: “Dejadme buscar entonces, el regalo del silencio… donde todo lo que toco se vuelve una oración; donde el cielo es mi oración, los pájaros son mi oración, el viento en los árboles es mi oración, porque Dios es todo en todo”.

Todo esto es para Marsha Sinetar un secreto simple: quien nos habla en el silencio es Dios. La voz que oímos es Dios.

One practice recommended by Elizabeth Lesser is: “Don’t speak the whole day. Silence is a friend of the soul.” (The New American Spirituality, 221). And she adds: “Prayer can be experienced in silence without any words spoken. In fact, silence is a mighty kind of prayer in itself; silence is sacred space” (Idem, 385).

Una práctica recomendada por Elizabeth Lesser es: “No hable todo el día. El silencio es un amigo del alma” (The New American Spirituality, 221). Y más adelante agrega que es en el silencio donde se puede experimentar la oración, la comunión con el Supremo. Ella dice: “La oración puede ser experimentada sin palabras habladas, en silencio. De hecho, el silencio es una poderosa forma de oración en sí mismo; el silencio es espacio sagrado” (Ídem, 385).

El silencio es un espacio, una habitación que uno se construye en medio del universo, con o sin gente, con o sin ruido, con o sin problemas. Uno construye el silencio como se construye una capilla o un palacio donde reina la paz, la armonía y la dicha. No construimos el silencio porque no tenemos nada para decir, pues el silencio es una forma elevada de expresar nuestro estado de conciencia.

Adherirse al silencio, integrarse en él, incorporarlo en nuestra vida es para el propósito de evitar el “ruido” del mundo, y escuchar lo trascendente y divino. Ser transformado por ese silencio sanador y protector. Dejar crecer la presencia santa y las revelaciones que en él emergen. Cuando eso sucede, el silencio nos habla con una fuerza irresistible y atronadora. Thoreau es un buen ejemplo de un pensador que supo aislarse en un silencio natural, no religioso, para contemplar la sociedad desde esa dimensión clara, sin perturbaciones, y desde esa dimensión determinar lo que es dañino para el alma humana. Enfrentar la marcha del materialismo y defender a la naturaleza.

El silencio guarda el génesis de todas las cosas.


©Pietro Grieco











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