La clase-lupa
Una clase lupa se propone desde una impronta investigativa: parte de una observación detallada y preocupada por lo minucioso. Es una clase que da por sentada la imperiosa necesidad de encarar una búsqueda, una indagación. La clase-lupa se abre con un interrogante y plantea el desafío de buscar lo que está oculto. La clase-lupa pone además a las personas en contacto con lo pequeño en tanto asunto íntimo, que por impropio de exteriorizarse permanece en algún sentido oculto. Puede suponerse que en las clases-lupa se interroga minuciosamente algo aparentemente ínfimo, para descubrir en su interior un mundo de relaciones, sentidos, posibilidades. Este objeto de análisis puede ser una fotografía, una frase, el relato de un episodio, el recuerdo de una situación compartida o una canción. Este objeto puede estar materialmente presente o ser evocado, pero en cualquier caso se sitúa en el centro de la clase y pone al docente en situación de liderar una indagación curiosa que deberá ser llevada hasta sus últimas consecuencias.
La clase-puzzle
Una clase-puzzle se organiza a partir de la reunión de una serie más o menos amplia de elementos dispersos, que sólo al reunirse en forma coherente podrán adquirir sentido. Los puntos de partida que se ofrecen son diversos: pizarrones cooperativos que registran las primeras ideas desordenadas acerca de un problema (habitual procedimiento también llamado brain storming), objetos desordenados, apuntes volcados a un cuaderno compartido, rondas de escritura, evidencias obtenidas por medio de una indagación previa (una auto-encuesta, el examen de un conjunto de utensilios), entre otras posibilidades. En cualquier caso, durante una clase-puzzle la tarea consiste en otorgar sentido a ese universo desordenado por medio de una acción clasificatoria. En las clases-puzzle las personas se detienen en hipótesis provisorias acerca de qué elementos deberían ir juntos, a cuáles se aplican las mismas reglas, en dónde existen puntos de semejanza, bordes de unión, correspondencias, complementariedades. El docente orienta esta búsqueda y coordina debates grupales que apuntan a legitimar o a desautorizar esas hipótesis. La clase-puzzle introduce a los estudiantes en la lógica propia de un sistema de pensamiento, se enfoca en los procedimientos y en la comprensión dinámica de un objeto, que no está inmóvil y tematizado sino siempre vivo y en construcción.
La clase-relato
Una clase-relato se estructura en forma lineal y atiende a unas cuidadas condiciones de escucha, ya que lo que se expone va siguiendo, paso a paso, un camino trazado: un razonamiento, un procedimiento, una taxonomía, una serie de niveles de análisis concéntricos. Se trata de una reunión ambientada en la que se atiende especialmente a la posibilidad de un encuentro intenso: el docente ofrece la enseñanza bajo la forma de una narración que va mostrando una totalidad, y a ese resultado sólo es posible arribar si se ha pasado por cada una de las etapas previas. Así, la clase-relato demanda instaurarse como recinto de fascinación y magia, propicia las formas circulares y los recursos de apoyo visual que contribuyen a recrear esta intensidad y - como en los cuentos - el tono de voz, la gestualidad y las habilidades magnéticas del dueño de la voz constituyen un centro esencial que demanda entrenamiento y preparación. Puede reconocerse en los maestros amantes de la clase-relato un deseo histriónico de mostrar y de mostrarse que roza lo teatral y que al enseñar cautiva, encanta, seduce.
La clase-trompo
La clase-trompo se organiza en ronda o remite a lo circular en algún sentido. Si la clase-lupa se enfocaba en un objeto y la clase-relato concentraba las miradas sobre el maestro, la clase-trompo se funda en cambio en la posibilidad de que los alumnos se vean todos entre sí. Se estructura entonces en base a una fuerza centrífuga que atrae, va de la quietud al movimiento y del movimiento a la quietud y genera una ilusión que es producto del aporte de todos los participantes. La circularidad se expresa en la forma de ocupar el espacio, si, pero también en los roles que se asignan. La expresión de puntos de vista en forma alternada, la sucesión de turnos en el uso de la palabra, la apropiación y uso consecutivo de objetos, textos, posiciones, son rasgos propios de la clase-trompo, cuyo centro es el resultado de un mecanismo participativo inspirado en la idea de la rotación.
La clase-caleidoscopio
Una clase-caleidoscopio, finalmente, propicia la emergencia de diferentes miradas. El repaso de un problema desde los ángulos divergentes de sus distintos protagonistas, la presentación de un asunto en los términos (disímiles entre sí) en que lo exponen diferentes teorías, épocas, contextos y coyunturas es el procedimiento que hace de la realidad el desorden colorido y bello que caracteriza al caleidoscopio. En una clase así, la mostración se apoya en un abordaje previo muy bien informado y de especial riqueza interpretativa que permite mostrar distintas miradas. Se observan no sólo las cosas, sino también y especialmente el sentido que se le da a las cosas. La ubicación en la clase puede ser expresiva de la ubicación en un punto de vista, y en este análisis las superposiciones, el movimiento, y cierta imprevisibilidad son inherentes y deseables. Hay además, en el caleidoscopio, algo de la mezcla y la aleatoriedad, de la segmentación y las combinaciones infinitas, que da permiso a este tipo de clase de extenderse en recintos insospechados que surgen de la combinación de perspectivas y lógicas que, en una exposición lineal, serían simplemente incompatibles.