«La señora Berta Morales caminó las siete cuadras que la separaban del paradero de los buses a su casa. De Lunes a Viernes esa era la rutina acostumbrada y casi con una exactitud digna de los habitantes del Reino Unido, Berta hacía su recorrido a las siete de la tarde como siempre. Doce años llevaba haciendo lo mismo y ella conocía cada pedazo de la calle, cada cuadra, cada casa, cada gato que se cruzaba, cada niño que jugaba al atardecer.
Berta Morales era además observadora y siempre notaba los pequeños cambios que se hacían en su barrio; los vecinos nuevos, los automóviles nuevos, las paredes pintadas o retocadas, hasta los juguetes que los niños recibían para sus cumpleaños no escapaban su escudriño. Berta conocía de memoria todos los detalles de la vida cotidiana de su barrio. Ella sabía muy bien de las peleas y reconciliaciones, de los embarazos queridos y no queridos. Ella sabía de los besos que se robaban los adolescentes en el crepúsculo y de los amores que salían raudos con las primeras luces del amanecer cerrando puertas silenciosas y abriendo otras puertas con sigilo y precaución.» Extracto del cuento titulado «El Fin del Mundo»
ILUSTRACION: RAFAEL EDWARDS