Panamá el barrio Echaurren bullía de vida, había marineros de todo el mundo los que permanecían por meses debido a que los barcos eran descargados a mano, es así como en este sector se veía pasar a los Maleteros tirando carretones con su carga de baúles, a los Canutos en las esquinas con su prédica secular , a los burritos de carga que abastecían de leña el sector, figuras importantes que compraban los mejores paños en la calle Serrano, Pinganillas engañando incautos con promesas de contrabando, en las puertas del Bar Inglés, que aún tiene acceso por dos calles.
Lo más entretenido ocurría al atardecer, los bares y boîtes encendían sus luces y la música comenzaba a hipnotizar. Existía un lugar llamado “American Bar”, famoso por sus espectáculos que incluían bandas, vedettes y humoristas. La música estridente, las luces y el licor ponían hasta el más deprimido de buen humor. En el momento más álgido y cuando todos hablaban al mismo tiempo, el micrófono chirriaba y el anfitrión bien engominado anunciaba el espectáculo que venía a continuación. La figura principal “Tania la Salvaje”, venida directamente desde Paris. La expectación aumentaba cuando un poderoso reflector recorría la señorial escalera desde el primer peldaño hasta el desembarco del piso superior y allí arriba Tania: Bella, inalcanzable… se contonea … sexy y foránea, gordita y salvaje. Sinuosa desciende la escalera con su traje diminuto; por donde se perciben las cicatrices del apéndice y la cesárea. Los marineros locales menos mareados por el oleaje del licor ven en Tania a alguien…, un aire…, un leve parecido… a la señora no sé cuánto que vive en su sector. Pero todo esto lo pasan por alto porque total ella es Tania y viene de París.