Parecemos vivir una “polindemia” de decisiones político-partidaristas en función de lo que está de moda y no de la evidencia científica.
8 de febrero del 2022
Dicen que las grandes tragedias poblacionales humanas sacan a la luz lo mejor de la humanidad o lo peor de ella. Nos encontramos ahora dentro de escenarios de solidaridad y otros de oportunismo ganancial.
Las malas decisiones políticas, en busca de protagonismo victorioso y populismo, han cobrado más vidas en esta pandemia que la enfermedad de la covid-19. Parecemos vivir una “polindemia” de decisiones político-partidaristas en función de lo que está de moda y no de la evidencia científica. Somos, entonces, una copia de ideas de países cuya economía es más estable y desarrollada, negándonos a crear estrategias adaptadas a nuestra realidad en salud.
Esta “gran tormenta perfecta” la vivimos todos en barcos distintos y quizá la mayoría de peruanos en tan sólo una “tabla de madera” para no ahogarse, por lo que estamos desdeñando todas las tragedias que ocurren en los domicilios de gente de medianos y escasos recursos que no se registran adecuadamente porque ya no confían en la oferta sanitaria estatal.
Estamos tan presurosos por la gran ansiada “reactivación económica” que ponemos la vida de mucha gente en riesgo, ampliamos aforos, dejamos ver y pasar muchas acciones de aglomeración y promovemos intensamente una vacunación tal como si fuera una “llave a la libertad”, la única solución posible al problema, sin darnos cuenta que sólo logramos que se baje la guardia con las consecuentes complicaciones y muerte en los más vulnerables.
Los padres de familia, desesperados porque sus hijos retornen a clases presenciales, los llevan a vacunar creyendo que con ello estarán absolutamente protegidos a pesar de que en los hogares no les enseñan a cubrirse al estornudar o toser, ni otra conducta higiénica de control para evitar contagios masivos en la escuela. Además, el gobierno evidencia que no tiene protocolos precisos para el retorno a la presencialidad por lo que no me extrañaría que también se firme un “consentimiento” donde el padre asume toda la responsabilidad si le pasa algo al niño en el colegio.
A pesar de que las actuales decisiones gubernamentales no impulsan la atención primaria en salud y el autocuidado, sólo me queda decir: No bajen la guardia y aprendamos a cuidarnos solidariamente.
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