Nadie ha preparado a los niños y jóvenes para el retorno a una nueva “normalidad” donde se impondrán sin lugar a dudas las “costumbres” de la antigua normalidad.
1 de febrero del 2022
Se inició la vacunación infantil en La Libertad y lejos de enfocarse en la búsqueda prioritaria de niños con comorbilidades se anuncia que es la mejor alternativa para el inicio de clases presenciales, no siendo ese el objetivo real de la inmunización infantil.
Sabemos perfectamente que las vacunas anti-covid no nos confieren una inmunidad total y menos permanente, por ahora. También sabemos que no hemos preparado ni a la población infantil ni juvenil en el adecuado uso de normas de bioseguridad que incluyen prioritariamente el uso correcto de mascarillas y distanciamiento social. Se siente la ausencia de educación sanitaria y seguimos perdiendo oportunidades.
Se insiste en liderar, desde la región, el inicio de clases presenciales, sin embargo, no se ha diseñado estructuras escolares con aforo adecuado, baños con jabón líquido, agua ni papel toalla permanente, tampoco se discuten protocolos seguros para la convivencia en ámbitos académicos que involucren sobre todo el compromiso de padres, estudiantes y no solo de la comunidad docente.
Asegurar que el retorno seguro a clases depende únicamente de la vacunación es una aseveración muy osada tomando en cuenta que, aun teniendo un alto porcentaje de población vacunada, el incremento de contagios -debido a la alta vehiculización del virus, así como la mortalidad- no se puede controlar por ahora.
Nadie ha preparado a los niños y jóvenes para el retorno a una nueva “normalidad” donde se impondrán sin lugar a dudas las “costumbres” de la antigua normalidad: Los padres de familia seguirán enviando sus hijos a la escuela así se encuentren con síntomas gripales como lo han hecho antes, muchos se retirarán las mascarillas por incomodidad para jugar en el patio en grupo con sus amigos, o para gastar alguna “bromas” antihigiénicas pesadas con los amigos. Algunos padres quieren que sus hijos retornen a clases porque ya se cansaron de tenerlos en el hogar, pero no asumen el compromiso del cuidado compartido con el colegio y sobre todo solidario con otros estudiantes.
Si no tomamos las consideraciones correspondientes entonces podríamos estar lamentando una decisión apresurada que lejos de ser una solución se convierta en una pesadilla si no se cuenta con la preparación de escenarios correspondientes.
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