Dictar medidas de restricción en un país con determinantes sociales críticos es muy osado, considerando que se mezcla el movimiento antivacunas con la “criollada” peruana.
14 de diciembre del 2021
“…A partir del 10 de diciembre, los mayores de 18 años que quieran ingresar a espacios cerrados tendrán que mostrar su carné de vacunación con las dos dosis de la vacuna contra el nuevo coronavirus de forma obligatoria, de lo contrario no podrán hacerlo...”.
Así se dicta la normativa, muy bien aplicable para países con altas coberturas de vacunación, nivel económico promedio alto y tecnologías informáticas al alcance de la gran mayoría, pero no olvidemos que en el Perú vivimos la “tormenta” en distintos barcos.
Dictar medidas de restricción en un país con determinantes sociales críticos es muy osado, considerando que se mezcla el movimiento antivacunas con la “criollada” peruana y aparecen “carnés de exención”, entre otros alegatos, para protestar por la discriminación que se estaría creando.
La idea es buena, pero seguimos trabajando enfocados en un sólo aspecto de intervención, que es la vacunación, sin mirar, además, otras barreras complementarias de protección donde la principal es el autocuidado.
Por ejemplo, se plantea contar con las dos vacunas contra la covid-19 para ingresar a locales cerrados, pero nadie dice del uso adecuado y obligatorio de la mascarilla en todo momento de contacto y conversación, como si los vacunados no contagian ni se contagian.
Se plantea que sólo los vacunados tengan acceso a dichos centros y nos preguntamos: ¿Qué pasa con los menores de 18 años que igual salen a esos centros comerciales y no cuentan con vacunas? Movilizan el virus y no creo que nadie les prohíba el paso. Además, quizá algunos lleven adultos mayores que cuentan con sólo las dos vacunas, y sin refuerzo, a los centros comerciales y ellos se exponen a las aglomeraciones y ausencia de distanciamiento físico.
Lamentablemente, seguimos con estrategias reduccionistas y ortodoxas que no tienen ni el mínimo conocimiento de salud pública y menos de un abordaje comunitario integral y lo peor que tenemos una región que ha perdido la iniciativa en diseñar buenas intervenciones de atención primaria en salud y dar el ejemplo en el ámbito nacional.
Ahora, con o sin “tercera ola” de casos de la covid-19, se abandona más el autocuidado y sólo se impulsa el cumplimiento de metas de cobertura de vacunas, sin trabajar de la mano con las demás estrategias comunitarias que no deben dejar de promoverse.
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