Promover la intolerancia desde un Ministerio de Salud que debe fomentar el bienestar, y ser replicado en sus gerencias regionales, realmente es preocupante.
21 de diciembre del 2021
Pareciera que los políticos nacionales sólo se preocupan de contratar expertos en marketing social cuando quieren ganar votantes en campaña, pero cuando ya son gobernantes no se preocupan de usar estrategias innovadoras para promover adecuada comunicación en Salud Pública en un país ya bastante polarizado como el nuestro.
Hace poco veía videos publicitarios estatales con un lenguaje estigmatizante como el “desaparece” ya que tus ideas acerca del COVID-19 son erróneas, o tu conducta no concuerda con la mía. Promover la intolerancia desde un Ministerio de Salud que debe fomentar el bienestar, y ser replicado en sus gerencias regionales, realmente es preocupante.
Ya es muy conocido que, en salud pública, el uso de lenguajes bélicos o discriminatorios al tratar una enfermedad poblacional sólo llevará a inadecuadas reacciones, subregistros y creencia inadecuada que el problema de la enfermedad es de unos “irresponsables” y no de determinantes sociales, y eso provocará cambios comportamentales poblaciones que van desde el ocultamiento, rechazo y odio a los programas camino a una deshumanización de la salud.
Seguimos, reiteradamente, promoviendo que el vacunado es totalmente inmune al COVID-19 cuando lo que deberíamos hacer es precisar que se vacuna a las personas para que, a pesar de infectar y enfermar (algo que no se puede evitar totalmente por ahora), no se compliquen y finalmente no saturen los hospitales llegando a la falta de asistencia sanitaria y como consecuencia de ello morir. No se promueve la vacuna por obligación ni por inmunidad total sino como un gesto de auxilio a los que sufren más riesgos.
Se debe insistir, más bien, en el adecuado manejo de la “burbuja social” en estas fiestas ya que muchos vacunados están siendo indiferentes a la realidad y organizan reuniones del “amigo secreto” en espacios cerrados o preparándose para grandes fiestas de fin de año aduciendo que ya están protegidos totalmente, además de propiciar el no uso o mal uso de las mascarillas, aglomeraciones y falta de lavado de manos. Es bueno insistir y recordar que estamos camino a una pandemia doble de variantes Delta y Omicrón por lo que no es tiempo de bajar la guardia.
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