El enclaustramiento fue un golpe a todas las actividades artísticas, pues estas necesitan de un público no solo por lo económico, sino por la misma razón de ser un arte colectivo.
1 de enero del 2022
GERARDO
CAILLOMA
gcailloma@gmail.com
2021, año cargado de gratas e ingratas sorpresas. Año de tratar de volver a la normalidad en medio de una feroz segunda ola y el temor de una tercera. Año de movidas políticas preocupantes, pues nuestros insulsos políticos han encontrado la forma cómo hallarse “ocupados” en vacar al presidente de turno, mientras la mediocridad y la corrupción cunden en la casa de gobierno. Un año en que nuestra Municipalidad ha dado las espaldas a la cultura tras haberse conocido el informe sobre gastos en este rubro por parte de esta institución. Pero surgen casos deslumbrantes y esperanzadores por otra parte, la contraparte: la de los artistas.
Desde que estalló la pandemia en el 2020 la situación fue terrible para el mundo cultural en general. La pandemia se llevó a destacados artistas y personas ligadas al mundo cultural en casi todos los rubros. Lastimosamente no termina. El enclaustramiento fue un golpe a todas las actividades artísticas, pues estas necesitan de un público no solo por lo económico, sino por la misma razón de ser un arte colectivo. La desesperación llegó a todos al ver cerrarse galerías, salas de cine y teatro u otros espacios por la emergencia sanitaria. Lentamente, diversos artistas comenzaron a encontrar alternativas y, a la larga, se generaron interesantes oportunidades producto de la necesidad y de la nueva realidad. El mundo virtual pasó a ser una realidad posible para diversos tipos de eventos que trataron de “sacarle el jugo” a esta herramienta. Así conversatorios, conciertos corales y musicales, presentaciones de libros y hasta piezas de teatro se llevaron a cabo a lo largo de estos casi dos años. Las ferias de libro pasaron a ser virtuales y los festivales de cine se difundieron a través de diversas plataformas. El año pasado la crisis hizo que muchos artistas se unieran, conformaran o consolidaran gremios de tal manera que podían negociar en conjunto una serie de reclamos y propuestas que beneficien al mayor número de artistas vinculados: músicos y gente de teatro dieron grandes pasos a estas convocatorias. Quizás una de las consecuencias positivas de esta pandemia es el hecho de agremiarse para en conjunto trabajar objetivos que beneficien al mayor número de personas. Es por eso (quiero creer esta posibilidad) que, a la lenta, pero paulatina, apertura de galerías y salas de exhibición, hemos visto aparecer una serie de espacios nuevos en los que tenemos propuestas teatrales (microteatros) imaginativas, lúdicas; así como las alternativas para músicos que van creciendo poco a poco en nuestra ciudad. Iniciativas personales, tanto privadas como gremiales, que se han ido complementando con las actividades públicas un poco irregulares. Pese a todo y haciendo un recuento del año, hemos visto actividades corales; musicales colectivas e individuales de música popular y culta; una Fiesta de la Música con restricciones; teatro de pequeña y mediana sala; presentaciones literarias o libros académicos; fotografía e instalaciones en diversas galerías presenciales o virtuales; pequeñas y regulares ferias artesanales; cine clubes y el Festival de Cine Peruano por algunos momentos presenciales; presentaciones de danza en ambas modalidades; exposiciones de pinturas y grabados, incluso compartiendo como otros países como México y el reflotamiento de una Hermanad con la ciudad de Metepec.
Ojalá que el año entrante y, con el aporte de los ciudadanos, instituciones y empresas a todo nivel (control sanitario, apoyo económico y presencial), las artes y otras actividades culturales tengan más presencia en nuestra ciudad. Como quizás haya dicho Galileo: “Eppur si muove”.
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