Sol y sombra
Oscar Seco y Julio Falagán
Oscar Seco y Julio Falagán
Texto realizado para la exposición Sol y sombra en Corner Gallery
Cuenta una leyenda que para conseguir una bebida de dioses hay que mezclar dos sustancias opuestas: en color, en ingredientes y en sabor. El resultado sería un mágico elixir. Partiendo de sus propias fórmulas, Julio Falagán y Óscar Seco han sido capaces de dar con la receta de un cóctel tan mágico como explosivo. Una mezcla de humor y sarcasmo que ha conseguido subvertir los cánones pictóricos que la historiografía aún nos sigue imponiendo, dotando de un toque fresco a una disciplina que lleva años adormecida.
En sus trabajos previos, vemos iconografías relacionadas y unos modos de producir no tan opuestos como a priori podría parecer, pues ninguno de ellos opera con productos propios, sino con la manera de emplear los recursos ya conocidos; ya sean referencias a la historia canónica de las imágenes o pinturas devaluadas procedentes de mercadillos y tiendas de segunda mano. El resultado de esta colaboración es una suerte de reciclaje crítico, un lenguaje completamente abierto y libre, como el del collage, que carece de normativas y que a menudo se vincula a lo visualmente cotidiano o popular. Partiendo del trabajo del otro como soporte, montan, mediante recortes y ensamblajes, increíbles escenas donde conviven paisajes irreales y criaturas extraordinarias, ficciones cuyo objetivo no es otro que volver a desafiar el entendimiento del espectador con el fin de acabar con la mirada pasiva. Y es que si examinamos las leyes de la percepción, todos nuestros hábitos acaban por refugiarse en un medio inconsciente, en una tradición pictórica que tenemos tan asimilada que ya no nos detenemos a observar; pasando de su visión a un simple reconocimiento automático. Cuando Braudillard consideraba que el arte de nuestro tiempo se había vuelto iconoclasta, no hablaba de la destrucción de las imágenes como ha sucedido a lo largo de la historia, sino que se refería a este presente en el que el exceso de producción es tal que acaba por generar imágenes en las que ya no hay nada que ver. Pero ante estas obras el ojo no tiene más remedio que reaccionar, es forzado a observar de nuevo, ya que percibe elementos extraños, un personaje u objeto que no debería estar ahí. Es el ostranénie ruso o “extrañamiento”, que en un lenguaje literario es el que nos ofrece otras perspectivas de una misma realidad. Se trata de salir de lo común recurriendo a situaciones fuera de lo normal, a elementos grotescos, al absurdo, o a cualquier elemento que nos remita a una ficción. Esta sensación se produce cuando los artistas trastocan el orden narrativo habitual, lo que afecta a nuestra percepción de la realidad, obligándonos a cuestionar el por qué de ese elemento fuera de su hábitat.
Para estos artistas el arte es un medio de experimentar el cambio de la imagen y sus metamorfosis, pues lo que ya está realizado no les interesa si no tiene nada nuevo que ofrecer. En Sol y sombra no hay cuestionamiento racional y consciente del valor de la obra de arte, ni la intención de intervenirla suprimiendo tal valor, sino que resulta mucho más espontánea e interesante. Es su descreimiento y falta de afectación la que dota a estas obras de esa frescura que ironiza con la carga simbólica de las tradiciones histórico-artísticas, creando una estructura semántica capaz de dar nuevos contenidos a obras ya existentes y generar así segundas y sucesivas lecturas.