Objetos despojados
Marcos Juncal
Marcos Juncal
Proyecto comisariado para el Centro Cultural de Felanitx (Mallorca)
Desde que la historia del arte es capaz de ver más allá de la estética y desde que la arqueología comprende algo más que un exhaustivo coleccionismo sumiso a esa propia historia del arte, el artista contemporáneo a comenzado a preocuparse por algo más que por el objeto bello. Se ha preocupado de su entorno social, político, medioambiental… y ya no solo desde una perspectiva estética, sino también crítica. Para ello ha sabido valerse de otras disciplinas que le ayudarán a hablar de ese entorno, de ese presente, y quizá con una visión mucho más rica de la que los discursos oficiales del arte nos quieren dejar constancia.
En este caso, Marcos Juncal nos presenta una de esas perfectas simbiosis entre el arte bello y una metodología arqueológica. Pero una arqueología que dista bastante de la tradicional, sino que mas bien está en linea con eso que durante los últimos años se ha denominando “arqueología pública”; aquella que investiga los materiales actuales sin jerarquías de valores materiales ni simbólicos, incluyendo también todo lo que tradicionalmente, por la propia disciplina, ha sido excluido de la historia, lo que no tiene patrimonio o lo que no ha logrado ser reconocido y conservado, como por ejemplo los deshechos y los residuos urbanos. Se trata de detectar ideas en los despojos de la cultura, de construir también con la ruina para establecer así unas relaciones con la sociedad mucho mas amplias.
Como bien dijo Michael de Certeau en su famoso ensayo La invención de lo cotidiano (1980), el mundo humano no está definido simplemente por lo histórico, la cultura, por la totalidad o la sociedad en su conjunto; ni por superestructuras ideológicas y políticas. Está definido por ese nivel intermedio y mediador: la vida cotidiana. Marcos Juncal es uno de esos artistas conscientes de que para comprender una sociedades es necesario visitar las tiendas de baratijas, los mercadillos de segunda mano o los vertederos; todos esos lugares donde tiramos aquello de lo que nos queremos desprender, pero que de alguna manera sigue formando parte de nuestro imaginario colectivo, a la vez que son una gran fuente de educación y orientación histórica. A estos lugares van a parar los objetos que forman parte de nuestros miedos, de nuestras vergu?enzas o de nuestro propio subconsciente. En su investigación, Juncal trabaja reciclando estos despojos y restos de la sociedad en la que se mueve para crear sus peculiares esculturas. Son lo que Paul Nougé llamaría objets trouvés, objetos encontrados: un muñeco, un zapato, una botella o un teclado, el más banal y simple o el más raro y complejo de los objetos, aquel que más que por su factura, interesa porque uno puede verse reflejado en él, porque cuentan unas historias que enraízan profundamente en nuestra identidad. En algunos casos se aprovecha de ellos directamente, cual materia prima de conocimiento, en otros caso los interviene y crea fósiles de hormigón con ellos, piedras de una arqueología del presente que se disponen en estructuras de hierro a modo de yacimientos arqueológicos. Un montaje que se nos ofrece listo para el estudio, y que ya no solo con esos objetos, sino con los materiales utilizados, parece hablarnos del paisaje arquitectónico que nos rodea.
Y es que el mundo moderno, la mercancía, la técnica, han hecho saltar la experiencia en pedazos y a veces solo se puede recomponer con esa herramienta que dota a los elementos dinamismo y nuevas narraciones, el montaje. Vemos entonces que las obras de Marcos Juncal son al mismo tiempo documentos y objetos de contemplación estética. El poder de atracción de estos objetos es fascinante, pues encontrados en un estado de pureza ininteligible y solitaria, se vuelven capaces de evocar cualquier perversión. Es la búsqueda de ese objeto ordinario, aquel cuya capacidad subversiva iguala la intimidad que comparte con quien lo utiliza, lo que le permitirá ser crítico con una sociedad cada vez mas consumista. Mediante estas obras podemos analizar el capitalismo a la vez que las consecuencias humanas y éticas resultado de este, llegando a la conclusión de que también es posible hablar a través de los desperdicios de la sociedad. Nos encontramos en un momento en el que la vida ordinaria comienza a reconquistar su valor para ser vivida y obras como esta nos invitan a reflexionar sobre lo que somos dentro de una cultura, llegando en muchos casos a la conclusión de que para cambiar el mundo hay que intervenir en la esencia de lo cotidiano, pues es ahí donde se encontrarían las raíces y los cimientos de una sociedad.