Para la familia

Niños, adolescentes, parejas y familias.

La terapia familiar sistémica es una disciplina terapéutica que se ocupa de las relaciones interpersonales. Se caracteriza por ampliar el foco de atención, del síntoma que produce sufrimiento al paciente (ansiedad, depresión, consumo de sustancias, trastornos psicosomáticos, fobias, obsesiones, etc.) a la persona que lo sufre, su contexto, su historia y sus relaciones. De esta froma, el síntoma adquiere un significado, es entendible para la persona y por tanto, puede ser modificado o eliminado. Podemos comprender por qué a esta persona en concreto le pasa exactamente esto aquí y ahora y ayudarla así a superarlo.

Va dirigida a:

  • Parejas: en una pareja se encuentran no sólo dos personas diferentes, sino también sus historias y sus familias de orígen. La formación de la pareja y su continuación, suponen un reajuste constante de uno, del otro y de la propia relación. Los diferentes momentos del ciclo vital en el que transita la pareja (formación de la misma, formalización -convivencia o matrimonio-, tener hijos pequeños, hijos adolescentes, la salida de los hijos del hogar, la jubilación y el reencuentro con la pareja...) están llenos de cambios que no siempre son sencillos de afrontar, menos aún cuando aparecen otros acontecimientos imprevistos como muertes, traslados, enfermedades, separaciones... que pueden requerir ayuda profesional.
  • Niños: los niños que sufren algún malestar psicológico, no han desarrollado todavía la suficiente capacidad para comprender qué les ocurre, plantearlo y buscar una solución. Cuando un niño sufre, generalmente no puede expresarlo con palabras, pero lo expresa de muchas otras formas (dolores de barriga, rabietas, perdiendo aprendizajes ya adquiridos, cambios en la alimentación, el sueño o el rendimiento escolar, etc.) Es necesario que los padres o tutores de estos niños les acompañen en todos sus procesos, también en el terapéutico, para aportar información, ayudarle a comprender lo que ocurre y poder generalizar lo trabajado en consulta en el día a día con el niño. Los padres (o tutores) son los mejores terapeutas que un hijo puede tener.
  • Adolescentes: no son niños ni adultos, están a medio camino, en una época de crisis, de cambio constante y por tanto generan cambios y crisis constantes a su alrededor también. Tienen un pie en la familia y el otro en el grupo de iguales y hacen constantes movimientos en una dirección y en otra. Es el momento de empezar a definir su identidad, de diferenciarse de la familia, de traspasar límites (horarios, normas...) y probar cosas nuevas (consumo de drogas, primeras relaciones sexuales, cambios en la alimentación que pueden llegar a convertirse en trastorno alimenticios). Es una época difícil para ellos y para sus familias y es posible que todos necesiten ayuda para atravesarla de forma satisfactoria.
  • Familias: es fácil ver que si las parejas, niños y adolescentes pueden encontrarse con dificultades en las que necesiten un apoyo externo para sobreponerse, las familias en conjunto se encontrarán con todas ellas. Las dificultades de un miembro de la familia afectan a todo el grupo familiar y las del grupo (migraciones, separaciones, reunificaciones...) afectan a cada uno de sus miembros. En ocasiones, es recomendable trabajar con la familia en su conjunto para obtener mejores resultados y más estables en el tiempo.