Muy pocos testimonios se pueden encontrar en las antiguas civilizaciones sobre la función que desempeñaban las mujeres al lado del enfermo. Por el contrario, se sabe que la historia de la medicina está bien desarrollada, y como la enfermería está unida a la profesión médica, es necesario algún conocimiento de la evolución de esta última para poder entender el avance de la enfermería, y para comprender ambas es necesario el conocimiento de la cultura donde se desenvolvían los pueblos. En las civilizaciones antiguas como Egipto, Babilonia, India e Irlanda, así como las culturas hebrea, griega y romana, muchos siglos antes de Cristo, se encuentra al hombre enfrentándose con los problemas relacionados con la lucha por la vida y ajustándose al ambiente para satisfacer sus necesidades según se le presentan. El hombre de la antigüedad lucha por encontrar la causa suprema de todo lo que es y trata de vivir en armonía con el Señor del universo. Para él, la religión no es un mecanismo compensatorio o reacción natural, sino motivo que da sentido a la vida y una razón por la cual vivir.
La medicina y la religión no se distinguen con claridad en estos inicios de las civilizaciones; la mayor parte de las veces, la práctica de la medicina era una combinación de medicina empírica, magia y superstición. La medicina empírica se basaba con frecuencia en las leyes naturales, por consiguiente, se puede argumentar que en alguna forma era medicina científica. La enfermería era practicada por sirvientes y esclavas que en algunas ocasiones recibieron el nombre de “enfermeras”, pero la enfermería no estaba organizada como una profesión ni se le consideraba vocación. En los templos se hospedaba a los enfermos de cierta clase social, práctica que no puede compararse con el actual sistema hospitalario (Sister Ch, Elizondo T, 1961).
El origen de las prácticas de los cuidados desde el comienzo de la vida del hombre en el planeta se debe buscar en las actividades de alimentación y de conservación del grupo, relacionadas con los aspectos de supervivencia en los que se desarrollaba la vida de los primeros hombres y enmarcadas dentro del concepto de ayuda existente en las sociedades primitivas. Es bien sabido que las prácticas de los cuidados en las primeras comunidades de la prehistoria eran proporcionados por las mujeres, estaban ligadas con la fertilidad, actividad que está relacionada con la conservación de la especie, habilidad asignada a la mujer por determinación biológica dentro de la comunidad. Asimismo, se puede entender que este tipo de figuración humana responde a la “satisfacción de una necesidad y a la preparación para esta satisfacción; pudiendo considerarse (chamanas) a las mujeres concebidas en relación con animales, como la (mujer reno), debido a la correlación que pudiera existir entre la fecundidad femenina y la fecundidad animal” (Hernández C, 1995:61).
A la postre, los cuidados abrieron la puerta a un mundo espiritual (concepción mágico-religiosa), lo que influyó de forma decisiva en la práctica de estos “cuidados femeninos” que se relacionaban con la gestación, parto, amamantamiento, protección de la prole, alimentación y cuidado general del grupo. Esta concepción de los cuidados mágico-religiosos prevaleció por muchos siglos, aún en la Grecia antigua, que fue el paso del pensamiento mítico al pensamiento racional, en donde las cosas dejan de ser “míticas” para desarrollarse conforme a la “naturaleza” y algunos cuidados se proporcionaban en templos, utilizando los remedios naturales, como baños con hierbas medicinales o indicaciones dietéticas dentro de un ambiente místico.
La “práctica enfermera” en esta época era realizada por esclavos y sirvientes, ya que las prácticas por mujeres eran circunscritas al ámbito doméstico como amas de cría y parteras empíricas. Esta concepción sobre el trabajo manual explica la escasa importancia social que para el Mundo Clásico, tuvieron los “cuidados de enfermería” (Hernández C, 1995).
G. Hierro (citada en Castañeda, et. al., 1988:31) sostiene que la enfermería es una profesión que se inicia como una práctica que sigue las reglas del sentido común, producto de la observación y la experiencia, y que las que la ejercen o que reflexionan sobre ella, han ido formando con lentitud un cuerpo de conocimientos que se ha estructurado y sistematizado en el espacio teórico de las ciencias de la salud. Reafirmando esta opinión, la enfermería es una profesión femenina, por lo que se considera como extensión de las funciones femeninas tradicionales, como es el cuidado a la familia y remediar el sufrimiento, preparar y ofrecer los alimentos, acariciar a los hijos, entre otras, aunado a la división sexual del trabajo (tareas femeninas y tareas masculinas) que impera en el hogar, y que se siguen reproduciendo en las instituciones de salud. Este hecho es congruente ya que más de 90% de las enfermeras en el mundo son mujeres, por ello la profesión se “contamina” con la imagen femenina, que siempre es “menos valiosa” que la imagen masculina en las sociedades con predominio patriarcal.
La herencia del “estigma” de mujer-enfermera se puede explicar en lo que Federico Engels menciona en su libro “El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado”, donde estudia desde el punto de vista histórico la primera división del trabajo en función del sexo, cuando el poder obligó a las mujeres a que se dedicaran a la procreación y los hombres a la producción. Esta división sexual del trabajo obedece a varios factores entre los que se encuentran las necesidades de la vida sedentaria, que hicieron que la mitad de la humanidad se dedicara al que se ha llamado: “mundo de adentro”, es decir, a la procreación y a la responsabilidad exclusiva de la producción doméstica.
La otra mitad, los hombres, salieron al “mundo de afuera” a conquistar la naturaleza y a transformarla de acuerdo con los fines, y fueron ellos los que adquirieron el mayor reconocimiento social y económico. Esta división sexual del trabajo, se profundiza con la Revolución Industrial, donde las mujeres, dedicadas a la perpetuación de la especie y las tareas domésticas no pudieron desarrollar sus capacidades en cuanto a autonomía moral e intelectual, ya que se les prohibió disponer de su cuerpo y de los productos de éste, los
hijos. De igual forma, se les negó la posibilidad de llevar a cabo otros proyectos de vida que entraran en contradicción con la tarea que les asignó la cultura.
Desde la primera socialización en el hogar y su prolongación a la “educación formal” en la escuela, a la mujer desde niña se le condicionó a atender o darse a los “otros” predominantemente del sexo masculino (padre, hermanos), pero nunca al suyo propio. Aún en la actualidad en algunas culturas se sigue preservando este condicionamiento, en donde la mujer tiene que ser obediente, sumisa y otros atributos denigrantes para cualquier ser humano. Es entonces que las mujeres aprendieron a no cuestionar la autoridad, sobre todo la masculina, simplemente la aceptan por su condición de “inferioridad femenina”. Un ejemplo de esto es la relación de trabajo enfermera-médico
en algunas instituciones de salud.
Otro hecho que acarreó consecuencias para la condición femenina en el siglo XIX, es la incorporación de la mujer al mercado laboral en todo el mundo, trayendo como resultado el cuestionamiento y la no aceptación de estas mujeres de un papel subalterno en la jerarquía social, ya que demostraron que son capaces de conducir su propia vida, de acuerdo con sus intereses personales y las demandas de las necesidades sociales.
Las mujeres enfermeras, siendo un grupo cada vez más numeroso que trabajan fuera del hogar, y con niveles académicos universitarios, han sufrido cambios importantes dentro de su vida cotidiana y laboral. Tan sólo el hecho de tener un empleo remunerado, en el
cual se desempeñan de acuerdo con su capacidad profesional y esfuerzo personal, hace que de manera paulatina comiencen a abandonar las actividades femeninas tradicionales que ya no resultan tan apropiadas ni aceptadas en el desempeño de su trabajo como son la obediencia, delicadeza, eficiencia y paciencia, convirtiéndose en los rasgos femeninos tradicionales y que el sistema ha querido preservar y perpetuar, pero que en la actualidad no resultan fecundos para los nuevos campos de acción como mujeres trabajadoras e intelectuales. Entonces, la vieja división del trabajo por sexos de la que habla Engels, comienza a perder sus perfiles en las sociedades contemporáneas y en las profesiones femeninas como la enfermería (Castañeda et. al., 1988).
En el curso de la historia, la enfermería ha sido identificada con algo menos que una imagen profesional (CIE, 2006), y aún en la actualidad los medios de comunicación promueven la imagen de la enfermera como maternales, puras, subordinadas y obedientes. No obstante, la profesión espera de sus miembros que sean capaces de resolver problemas en forma independiente, que sean eruditas, investigadoras y consumidoras de conocimientos científicos.
El filósofo griego Aristóteles señalaba que las tareas humanas no son en esencia unas superiores a las otras, él sostenía que toda tarea o trabajo humano tiene en sí mismo igual valor. Lo que hace que una profesión sea considerada superior o inferior, es la actitud de la persona que la ejerce, independiente de la eficiencia con la cual se desempeña. Así habla de trabajo de “esclavos” y de trabajo de “hombres libres”; el que trabaja como esclavo, devalúa su tarea, el que la realiza como hombre libre, la valoriza, con independencia de que sea un barrendero o un científico. Esta opinión de Aristóteles se comprueba en un hecho histórico (finales del siglo XIV), en donde la persecución y la “quema de brujas” en la Europa de la Edad Media, va acompañada del nacimiento de la nueva profesión médica masculina y marca el inicio de la lucha de los hombres para eliminar a las mujeres de la práctica de la medicina; pues ya habían iniciado una activa campaña en contra de las mujeres sanadoras. Los médicos lograron conquistar un absoluto monopolio sobre la práctica de la medicina entre las clases superiores, a excepción de la obstetricia que continuaba siendo competencia exclusiva de las comadronas. Sin embargo, poco a poco los médicos fueron invadiendo también este campo de la obstetricia, apoyados por la alianza entre iglesia, estado y la profesión médica, teniendo un dominio absoluto en los siglos XVII y XVIII. Este ejercicio dominado por los médicos parteros, último bastión de las sanadoras, alcanzó una categoría más alta por ejercerse por los hombres. Al mismo tiempo, las antiguas parteras fueron objeto de difamación por los nuevos profesionistas, dando importancia a prácticas médicas supuestamente más complejas y en su mayoría innecesarias, como es el uso y abuso del
fórceps o la operación cesárea. “Esta práctica (la obstetricia) había perdido su carácter de servicio para convertirse en una actividad lucrativa; junto con la apropiación del acto del nacimiento humano -que pertenece a las mujeres- convirtiéndolo en un hecho médico, mercantil, deshumanizado y descontextualizado de su propia naturaleza” (Maldonado C., 2004:17).
En un aporte de Barbara Ehrenreich y Deirdre English (citado en Maldonado C., 2004:14), mencionan que ''Las mujeres siempre han sido sanadoras, ellas fueron las primeras médicas y anatomistas de la historia occidental. Sabían procurar abortos y actuaban como enfermeras y consejeras. Las mujeres fueron las primeras farmacólogas con sus cultivos de sus hierbas medicinales, los secretos de cuyo uso se trasmitían unas a otras. Y fueron también comadronas que iban de casa en casa y de pueblo en pueblo.
Durante siglos las mujeres fueron médicas sin título; excluidas de los libros y la ciencia oficial, aprendían unas de otras y se trasmitían sus experiencias entre vecinas o de madre a hija. La gente del pueblo las llamaba “mujeres sabias”, aunque para las autoridades eran brujas o charlatanas. La medicina forma parte de nuestra herencia de mujeres, pertenece a nuestra historia, es nuestro legado ancestral”.
En el México antiguo no podía ser la excepción en la atención del parto de una mujer por otra, representada en la figura de la Tlamatquiticitl, partera azteca cuya función obedece a dos propósitos básicos: el primero, la certeza de que las mujeres son más idóneas
para ocuparse de la mujer durante el ciclo materno infantil (embarazo, parto y cuidado del recién nacido), circunstancia que ha sucedido durante siglos en la mayoría de los países; y en segundo lugar, investigar y reivindicar la fi gura de una mujer que cumplía una infinidad de actividades con un valor que hasta la actualidad la enfermera realiza en este campo.
La religión ha desempeñado una función destacada en el desarrollo de la enfermería, y fue el valor cristiano del “ama a tu prójimo como a ti mismo” y la palabra cristiana del buen samaritano, los que tuvieron un efecto notable sobre el desarrollo de la enfermería occidental, por lo que se hace un apartado especial para conocer más de cerca esta importante aportación en el cuidado que prodigaron muchas mujeres a las necesidades de los más pobres.
En los primeros siglos d. C., los cristianos fueron perseguidos sólo por el hecho de practicar su religión, pero a pesar de tantas dificultades que tuvieron que pasar, el Cristianismo fue progresando a paso seguro y firme, y muchas personas eminentes abrazaron la fe. En un principio, las organizaciones dentro de la iglesia eran muy simples y de carácter local a medida que fueron aumentando los adeptos, su organización se fue perfeccionando y pudo ir extendiendo su radio de acción.
El cuidado de los enfermos fue uno de los primeros trabajos de la iglesia naciente. El clero estaba obligado a visitar al enfermo que el cristiano hospedaba en su casa, aunque este enfermo no fuera de su familia, y algunos enfermos eran recibidos en la casa del obispo, y el cuidado era proporcionado por los diáconos, así como por las diaconisas.
Las diaconisas eran mujeres que sin tener votos religiosos se ofrecían de manera voluntaria a prestar sus servicios al clero en la asistencia del pobre y del desvalido, además de ayudar en la ceremonia previa al bautizo de las mujeres. La edad exigida para una diaconisa para el desarrollo de su apostolado era de 60 años, edad en la cual la mayor parte de las mujeres ya habían enviudado. A mediados del siglo IV este requisito de edad fue anulado, por lo que podían ingresar a esta orden mujeres de todas las edades.
Con el nacimiento del cristianismo, el establecimiento de hospitales para los pobres fue una de sus más grandes contribuciones a la sociedad. El amor al prójimo se imponía, por lo que la caridad cristiana se materializa en cuidado al paciente de una forma total, incluyendo prevención y tratamiento de enfermedades y servicio social. A uno de los hospitales modelo que brindaba estos servicios se denominó Basilias, fundado por San Basilio el Grande (329-379 d. C.). Aparte de dar un cuidado integral se atendía a los pobres y lisiados de todas clases sin distinción de raza o credo, había un orfanato, casa de cuna, incluso una para niños huérfanos y una de ancianos. Incluía también un hospital, una hostería para peregrinos, edificios separados para infecciosos y un leprosario, rehabilitación de los inválidos y un lugar para enfermos mentales. Por último, como un extremo de caridad cristiana para los destituidos, había un despacho para colocación de empleos donde jefes y obreros se ponían de acuerdo (Sister Ch, Elizondo T, 1961).
En este gran hospital de San Basilio había médicos, enfermeras residentes y empleados auxiliares, estos últimos, para transportar a los enfermos y ejecutar los trabajos de artesanía necesarios como los muebles y utensilios para el cuidado de los hospitalizados. La clasificación de empleados profesionales y no profesionales estaba bien delineada. San Pablo, en las epístolas de Febe, habla de que esta mujer (Febe), que es considerada la primera diaconisa y la primera enfermera visitadora sanitaria, era una viuda respetable que se hizo diaconisa al convertirse a la religión de Cristo y que dedicó su vida al servicio de la Iglesia tomando como misión especial el cuidado de los enfermos en sus casas. Entre los primeros médicos cristianos se distingue San Lucas, autor del tercer evangelio y de los Hechos de los Apóstoles. San Lucas siempre da los nombres de las enfermedades que Cristo sanaba milagrosamente. De sus escritos y de sus numerosos viajes, se obtiene como conclusión que su experiencia era grande como médico naval. Fue gran amigo de San Pablo.
Ilustres entre las primeras mujeres cristianas de Roma se encuentran Fabiola, Paula y Marcela, matronas que se consagraron al cuidado de los enfermos y a otras importantes obras, como la de impartir enseñanza a los aspirantes, educándolos e instruyéndolos en el método de cuidar enfermos. Por su obra y trascendencia el autor sólo refiere a Fabiola. Miembro de una familia muy rica, se casó en dos ocasiones; después de divorciarse del primer marido y enviudado del segundo, abrazó el cristianismo, se enlistó en los rangos de los penitentes, abandonó sus vanidades y sus lujos y encarnó el modelo de las matronas cristianas. Con el dinero obtenido de la venta de sus riquezas, que dispuso totalmente al beneficio de los pobres, en el año 390 fundó el primer hospital general en Roma. En este hospital reclutó a todos los enfermos miserables que encontró en las calles, dando amorosos cuidados. Algunos cronistas han escrito que la Roma de aquel entonces no era lo suficiente grande para su bondad compasiva.
Hernández C. (1995), menciona que en esta época cristiana se desarrolla una exaltación de la pobreza, siempre y cuando esta situación degradante fuera adoptada de forma voluntaria, como medio de salvación, servicio al prójimo y camino para la sanidad. Esta idea lleva a muchos cristianos a dedicar su vida al cuidado de pobres y enfermos. Así “los cuidados de enfermería se institucionalizan basándose en un concepto de ayuda que es posible denominar vocacional-cristiano-caritativo”, en el que las necesidades humanas espirituales se anteponen a las necesidades físicas, psíquicas y sociales. Es entonces que los rasgos iniciales de la institucionalización del cuidado, los proporcionan las primeras mujeres que consagran su vida a la atención de los demás desafortunados. “Esta concepción toma forma en las asociaciones religiosas femeninas, en las que lo adecuado para una virgen de Cristo es tener un corazón humilde”.
En los siglos medievales, el mundo europeo evolucionó de un estado de barbarie a un alto grado de cultura. Esta transformación se logró a través de la sabia influencia de la iglesia católica, ya que se le reconoce como una fuerza espiritual y moral para transformar a los pueblos y al mismo tiempo fue equilibrio y freno para las costumbres de estos pueblos.
La caridad de Cristo, logró grandes avances en la enfermería de las mujeres u hombres que se abrazaban a ella por el amor al prójimo y a los enfermos. Grandes hombres y mujeres, siguiendo el llamado de Dios por distintos caminos, dejaron ejemplos de caridad vehemente y elevada. En la mayoría de ellos no existieron motivos utilitaristas, ni sentimientos humanitarios puramente naturales; los movía el mandamiento del amor.
Entre tales personajes se cuentan Febe, Fabiola, Paula, Cosme y Damián, Basilio, Benito, Radegunda, Hildegarda, Francisco de Asís, Isabel de Hungría y Catalina de Siena.
Las Cruzadas (1096-1271), movimiento que se dio por el dominio de grandes extensiones de tierra entre cristianos y mahometanos, presentan una lucha larga y terrible entre la Cruz y la Media Luna, las dos religiones que se disputaban este dominio del mundo.
Desde el punto de vista histórico, las Cruzadas sirvieron para la unificación de una Europa dividida y para defenderla del Imperio Musulmán. La rica cultura oriental se introdujo entre los europeos recién salidos de la barbarie. A través de los orientales se conocieron las obras de los sabios griegos. La literatura se enriqueció con el arte de los trovadores que difundió Francia. En general, las Cruzadas obraron una transformación en la vida social, económica y espiritual de toda Europa
Desde el punto de vista social, el estado dominaba a la iglesia eligiendo con autoridad política a los eclesiásticos. No fue sino hasta el siglo XII, que la iglesia logró su separación del estado. El nivel cultural y moral dejaba mucho que desear y el adelanto se paralizó mientras la iglesia no logró su libertad. A estas dificultades se añadía la amenaza mahometana sobre la cristiandad, amenaza que fue precipitada por los malos tratos que recibían los peregrinos católicos en Tierra Santa (Sister Ch, Elizondo T, 1961).
Desde el punto de vista de la enfermería, las Cruzadas dieron origen a las órdenes de enfermería militar y la institución de la caballería, haciéndose importantes progresos en el desarrollo de los hospitales, los adelantos de la medicina y el despertar de la inventiva de las mujeres en su tarea abnegada de curar a los heridos y a los enfermos, pero también las Cruzadas proporcionaron varios santos enfermeros (Sister Ch, Elizondo T, 1961).
Los combates que se dieron en los campos de batalla en esta época, trajeron como consecuencia nuevas enfermedades y el inicio de algunas epidemias como la peste negra y la lepra, por lo que fue necesario que los caballeros que formaban parte de las Cruzadas, fueran a los monasterios, en especial al de Montecasino, para aprender a cuidar enfermos y construir albergues hospitalarios. Los caballeros que se agruparon para este objeto si eran nobles, se dedicaban a hacer las tareas de médicos, y los que no lo eran, se llamaban Hermanos y eran los que se dedicaban a cuidar de forma directa a los enfermos. Adoptaron un emblema de ocho picos para colocarlo en los uniformes; cada pico tenía un significado: tener espíritu de servicio, vivir sin malicia, ser humildes con los enfermos, combatir el pecado, amar la justicia, ser misericordioso, ser sinceros y puros de corazón, y ser capaces de sufrir persecuciones por defender la fe. (Bravo P, 1967).
Estos caballeros cristianos eran los soldados profesionales que, con su caballo y su espada constituían el factor importante y decisivo en el combate, el cual encerraba un compromiso religioso. Sobre su armadura llevaban la cruz y durante un servicio religioso ponían delante de sí su espada (Sister Ch, Elizondo T, 1961).
Algunas órdenes de caballeros medievales que se formaron para atender a los enfermos que caían en las batallas o se enfermaban en su largo peregrinar en sus largos viajes eran: Caballeros Hospitalarios de San Juan de Jerusalén (Italia), Caballeros Templarios (Francia), Caballeros de San Juan (Hospital de Santa María Magdalena en Jerusalén). La abnegación que exigía la caridad cristiana inspiró estas órdenes religioso-militares y nada más interesante y conmovedor que ver a un caballero, que eran duros en el combate y tiernos para aliviar el dolor. Al terminar las Cruzadas, la caballería perdió su sello religioso.
Aunque en esta época la medicina tuvo su periodo más oscuro y había dos corrientes en la práctica médica, el resurgimiento o construcción de hospitales en esta época fue muy importante, por lo que a continuación se listan algunos de ellos:
el hospital del Espíritu Santo (Roma),
el hospital de Santo Bartolomé de Londres,
el hospital de Santo Tomás de Londres (hospital famoso por la formación de enfermeras por Florence Nightingale),
el hospital Priorato de Bedlam (en 1330 se transformó en Hospital para enfermos mentales-Londres), y
los hospitales de San Juan de Burgos y Real de Santiago (España).
Esta era fue rica en la presencia de enfermeras(os) santas(os), algunas(os) de las cuales tienen gran renombre por la labor que desempeñaron en el cuidado de los enfermos, entre ellos se cuentan:
Santa Hildegarda (1098-1179), nacida en Bockelheim, de noble cuna, religiosa benedictina, además de mística era poetisa y sus conocimientos no se reducían a la enfermería, también actuaba con habilidad como médico. Escribió dos volúmenes sobre medicina e historia natural. Sus temas médicos no sólo incluyen la etiología, sintomatología de los padecimientos, también contienen casos de psicología y psiquiatría. Ella sale de su convento, para fundar el Monasterio de Rupertsberg Alemania, donde acude gente del pueblo de todos lados para pedirle ayuda y consejo, pero también hace viajes apostólicos para aconsejar a príncipes, reyes, abades, cardenales, obispos sobre temas de artes, ciencia, teología y otros, es por ello que se le ha considerado como una de las mujeres más grandes de su siglo.
Santa Isabel de Hungría. “La Princesa de la Caridad”, ha sido proclamada “Patrona de las Enfermeras”. Sólo vivió 24 años, hija de los reyes de Hungría en aquel entonces. Funda hospitales y hospicios apoyada por su marido, donde consagra a diario un tiempo para la atención de los pobres y enfermos. Asiste en persona a los menesterosos y auxilia a mujeres durante el parto. En los últimos tres años de su vida, se convierte a la Tercera Orden de San Francisco y se consagra por entero a los enfermos en un hospital que manda construir, mostrando ser una gran organizadora y enfermera. Su concepto del servicio social es el que hasta hoy se concibe como tal.
Santa Catalina de Siena. Nació en 1347 y murió a los 33 años de edad. Ha sido llamada la “Novia de Cristo”, en la persona de Catalina estaba integrada la enfermera, trabajadora social, mujer de estado, diplomática y mística; es sin duda la fi gura femenina más relevante del siglo XIV. Desde joven interviene en la política de Italia poniendo paz entre los pueblos, dirigiéndose con valentía a reyes y papas. A los 20 años de edad entra a la Orden Tercera de Santo Domingo, desde entonces ella escoge los enfermos más repugnantes tanto los que le van a buscar, como los que atiende en el hospital. Le atrae en especial el cuidado a los leprosos, que en ese entonces era una enfermedad incurable y a los enfermos se les apartaba de todo contacto humano por el miedo a contagiarse.
Santa Teresa de Jesús. Denominada “portento del siglo XVI”, es reconocida como una gran enfermera y mística doctora de su tiempo. En sus relatos señalaba el cuidado personal de sus religiosas enfermeras, así como consejos de higiene y normas sobre el sueño y la alimentación. Para sus fundaciones ordena: “Póngase enfermera quien tenga para este oficio habilidad y caridad”. Entendiendo el enlace íntimo que existe entre el cuerpo y el alma, y la influencia recíproca entre ambos (Sister Ch, Elizondo T, 1961). Su terapéutica es extensa y lo mismo la aplicó con su familia y amigos, que con los enfermos. Reprueba en algunas ocasiones el uso de las sangrías porque debilitan en general, desconfía de las curanderas y recomienda a los médicos letrados, guarda recetas de jarabes y compuestos y manda a buscar a Sevilla, España las medicinas nuevas que llegan de las Indias. Durante gran parte de la Edad Media, uno de los problemas más graves fue el de los leprosos, por lo que arios hombres y mujeres que profesaban la caridad al prójimo se dedicaban a atenderlos en establecimientos hospitalarios denominados leproserías. Un gran italiano, San Francisco de Asís (1182-1226), fundó la orden franciscana (Terciarios), cuyo principal objetivo era el cuidado de los leprosos, organizando y administrando los recursos que disponían para este fin.
Esta época comienza en Italia a mediados del siglo XIV y se prolonga hasta el siglo XVII, se caracteriza por un intenso florecimiento de todas las manifestaciones artísticas y un despertar vigoroso de todas las formas del pensamiento humano. En cada país occidental, el Renacimiento tomó una orientación distinta; en algunos países, el campo del arte, en otros, el campo humanístico. Aunado a estos eventos de florecimiento a mediados del siglo XV, el alemán Juan Gutenberg, inventa la imprenta, lo que hace más asequible la lectura de las obras maestras.
El engrandecimiento comercial e industrial de Italia preponderó en toda Europa, cambió las costumbres y las condiciones de vida de la sociedad, y ésta se dividió en dos clases: los letrados que llevaban una vida de lujo y voluptuosidad, y las clases obreras que eran empequeñecidas y oprimidas por carecer de conocimientos y de posesiones materiales; era realmente una concepción pagana de la vida, que tenía en mayor aprecio el ocio que el trabajo.
Este movimiento que engendraba gran crueldad por un lado y gran escepticismo por el otro, hizo que el hombre perdiera su dependencia de Dios, haciendo renacer las viejas prácticas supersticiosas y de hechicería. Este cambio de ideales se hizo sentir en particular sobre las instituciones sociales. Sin embargo, junto con el Renacimiento pagano, hubo humanistas de gran valor y renombrados santos, que supieron llevar una vida ejemplar como algunos cardenales en Francia, Italia y Alemania.
La medicina alcanzó un desarrollo importante en esta época. Vino un interés renovado por las ciencias biológicas descritas por las antiguas. Se autorizaron las disecciones en cadáveres ayudando al gran progreso de la anatomía fisiológica y patológica, los libros sobre enfermedades infantiles empezaron a hacer su aparición. La obstetricia y ginecología emergieron como campos de estudio especiales en la práctica de la medicina. Sin embargo, esta especialidad era realizada por las comadronas, prácticas que después sufrieron persecución hasta llamarlas “brujas y charlatanas”, provocando su casi extinción quemándolas en la hoguera.
En Alemania ya había leyes para la protección de la salud de la madre y del recién nacido. La cirugía era considerada como inferior a la medicina, por lo que el trabajo del cirujano era dejado en manos de los barberos, quienes daban baños terapéuticos, aplicaban contrairritantes, extraían dientes, componían fracturas y reparaban heridas. La terapéutica predominante eran las sangrías, que tenían que ser provocadas de manera sistemática en relación con los fenómenos astrológicos.
Uno de los descubrimientos más importantes para la medicina fue el de la autoclave, que ha aportado inmensos servicios a la cirugía. Su descubridor fue Denis Papin (1647-1712), cuando exhibió dicho aparato al que le llamó “marmita de Papin”. Con el descubrimiento de dicho aparato se demostró que la acción del calor es más poderosa, cuando hay más presión. A continuación, Roberto Koch, diseñó el primer esterilizador al vapor en Berlín en 1881.
Entre los médicos más famosos de estos siglos están Tomás Linacre (inglés), fundó el Real Colegio de Cirujanos, Paracelso (suizo), fundador de la terapéutica y de la química-farmacológica, Ambrosio Paré (francés), cirujano e inventó muchos instrumentos quirúrgicos e ideó varios procedimientos operatorios, Andrés Vesalio (belga), inauguró la anatomía como ciencia, y junto con Harvey, colocó a la medicina sobre bases científicas.
Guillermo Harvey (inglés), estudió y publicó su descubrimiento del sistema circulatorio completo. Pero uno de los descubrimientos que marcan este siglo, fue el de Eduardo Jenner, quien introdujo la vacunación como medio de prevención contra la viruela en 1796. Como se ha mencionado, esta época fue de grandiosos contrastes; por un lado hubo grandes avances en las artes, humanidades y en la ciencia, pero por otro lado, las epidemias diezmaban las poblaciones pobres de Europa a condiciones muy lamentables. El cuidado deficiente de los enfermos en los hospitales alcanzó proporciones insospechadas. En los países protestantes nadie reemplazó a las religiosas católicas en su trabajo al cuidado de los enfermos que lo hacían con amor, por lo que empleaban a personas sin ninguna “vocación” que lo hacían por necesidad económica.
Se continúan abriendo hospitales para dar atención a los más necesitados que dejaba el azote de las guerras civiles y religiosas que daban un aspecto tenebroso, por lo que surgen algunas personalidades para trabajar con los enfermos y los pobres, como San Vicente de Paul, sacerdote franciscano que pidió la ayuda de las grandes damas nobles y fundó las asociaciones y cofradías de caridad, logrando un interés fraterno de los ricos hacia los pobres. En el año de 1624 se fundó la Congregación de Sacerdotes de la Misión y se le considera el autor del servicio social en el sentido moderno. Cuatro pasos eran las finalidades del servicio social: hacer servicio social, atender al enfermo y a los pobres, educar y enseñar y rehabilitar (Bravo P, 1967).
Otra personalidad que se unió a San Vicente de Paul en este proyecto fue Luisa de Marillac (1591-1660), juntos fundaron la Congregación de las Hijas de la Caridad, en donde jóvenes y viudas aldeanas cuidaban a los enfermos y daban la atención a los pobres en sus propias casas. Esta congregación femenina es las más numerosa y la más extendida por todo el mundo.
En México fueron las primeras religiosas enfermeras por profesión que vinieron en 1844, para dirigir el Hospital de San Juan de Dios. Durante los siglos XVII y XVIII, los hospitales se hicieron famosos por el maltrato a los enfermos. El deplorable estado de las enfermeras y de la enfermería pasó por una larga etapa de transición que se señala como “periodo oscuro de la enfermería”.
Por ejemplo, en el hospital Hôtel Dieu de Francia, la hermana encargada de una sala con sus ayudantes seglares era responsable de la comida, lavado de ropa y limpieza en general. Sus colaboradoras eran sirvientas de la peor clase y las facilidades para el trabajo eran escasas o no existían. Daban a la higiene y a la enfermería la menor atención, concentrando la mayor actividad a la elaboración de los alimentos. A pesar de que en este periodo se observan intentos de reforma en la administración de los hospitales y los cuidados de enfermería, el estado de cosas de ambos, siguió recorriendo un largo tramo de decadencia hasta que llegaron los cambios por los descubrimientos del nuevo mundo.
Se puede decir que el cristianismo dejó a la profesión, la herencia del servicio, abnegación, e interés para atender al necesitado y al enfermo con espíritu cristiano, así como el legado de los registros clínicos, tratamientos médicos y quirúrgicos, pero además el uso del uniforme, que hasta hoy en día se usa por la mayoría de las enfermeras en casi todo el mundo, incluyendo los rituales de la imposición de la cofia y el paso de la luz, que todavía en algunas escuelas o facultades universitarias lo preservan como “dominio y domesticación” de las alumnas o las recién egresadas.
Las Cruzadas a su vez, dejaron como herencia la disciplina militar, la atención al que sufre, el interés a la religión, la creación de la enfermería militar y la ceremonia de la investidura (Bravo P, 1967). Es entonces que, a lo largo de la historia y todavía en tiempos “modernos”, los valores religiosos como vocación, abnegación y devoción al deber y al trabajo duro, han dominado la enfermería desde la formación en las aulas, hasta la vida laboral, en donde se enseña a la enfermera la domesticación, sometimiento, explotación y el no alzar la voz para exigir sus derechos elementales, como son su dignificación, respeto, la no violencia, salarios justos, entre otros.
Desde el punto de vista histórico, la profesión de enfermería en América Latina, se remonta a la época Precolombina con las curanderas de los pueblos y ha sido permeada por herencias recibidas por tradición desde sus orígenes, en los aspectos religiosos, su condición femenina, la militar y una serie de legados etnográficos que se inician con la de los saberes médicos populares, continuando con la influencia española, francesa y por último, la estadounidense.
La enfermería, como ocupación, tiene una presencia muy antigua en el continente, al igual que en el mundo entero. En los primeros tiempos, las labores de enfermería eran realizadas por gente de buena voluntad, sin ninguna preparación; sólo en algunos asilos se contaba con la presencia de religiosas que, sin ser enfermeras, al menos conocían más el oficio y demostraban constancia y disciplina. Hoy en día, en algunos países, todavía siguen prevaleciendo estas congregaciones que se ocupan de prodigar salud a los menesterosos, ancianos o huérfanos.
Algunos estudiosos de la disciplina mencionan que la enfermería, surgió como profesión cuando enfermeras seglares tituladas, fueron ocupando los puestos que la disminución de las congregaciones religiosas iban dejando vacíos, lo cual denota que la tradición religiosa es muy antigua y acentuada. Siendo que hasta en la actualidad, esta herencia religiosa continúa siendo significativa y decisiva en algunas instituciones al cuidado de la salud.
La iglesia ha desempeñado una función muy importante por su influencia sobre la familia y sus creencias acerca del papel otorgado a la mujer. Esta influencia que condicionó “lo femenino” se hizo evidente en el trabajo “Brujas, comadronas y enfermeras” (Ehreinreich English, 1979. Velandia A, 1995:34). Las autoras plantean que “las mujeres siempre han sido curanderas y por lo tanto, la medicina es parte de nuestra herencia como mujeres, parte de nuestra historia”. Consciente de la importancia de la enfermería en el desarrollo de los servicios de salud en América, la Organización Panamericana de la Salud (OPS), en cuanto pudo contar con personal de asesoras en enfermería, al inicio comisionadas por el Servicio de Salud Pública de EUA, colaboró con los gobiernos miembros en la solución de tres aspectos de la enseñanza: la enfermería básica, la enfermería posbásica y la capacitación de los auxiliares de enfermería.
La OPS en conjunto con las autoridades nacionales de salud acordaron preparar dos tipos de personal de enfermería: la enfermera graduada o titulada y la auxiliar de enfermería. Así como, en el decenio de 1850-59, apareció la enfermera.
Fue hasta los años 1900 y 1930, que la salud toma un enfoque sanitario. En este contexto aparecen las es- cuelas de enfermería. Por ejemplo, en Argentina se inicia la educación formal en 1890, Cuba en 1900, Colombia en 1903, Chile en 1905, México en 1907, Perú 1907 y Uruguay en 1912, por mencionar algunos países.
En la segunda Guerra Mundial se intensifica en la región, la creación de escuelas de enfermería, pero pese a haber un gran número de candidatos para estudiar la profesión, la pobre economía de los países impide gran despliegue de la profesión, con un aumento de practicantes o auxiliares para atender la salud de la población. Esta falta de expansión de la profesión aún prevalece en la mayoría de los países de América Latina y el Caribe, debido a falta de visión de los tomadores de decisiones en las políticas de salud, las deudas que tienen los países a los grandes corporativos, al libre mercado, la falta de consultoras de enfermería en algunas organizaciones como la OMS, OPS, OIT (Organización Internacional del Trabajo) y otros factores.
Es en esta época (segunda Guerra Mundial), que la enfermería adquirió mayor importancia y relieve. En los últimos días de la guerra un artículo de Bixler y Bixler en la revista American Journal of Nursing valoraba la enfermería como una profesión.
Los siete criterios para una profesión identificados por estos autores eran aplicables a la enfermería de la forma en que se practicaba en ese momento y justificaban la consideración de la enfermería como profesión. Bixler y Bixler revisaron sus criterios y el nivel profesional de la enfermería 14 años después y observaron que ambos continuaban siendo válidos. Hall identificó los siguientes cinco criterios de actitud con la profesionalidad:
Uso de organizaciones profesionales como referentes importantes.
Creencia en la autorregulación, lo que conlleva a la idea de que sólo los profesionales de una área específica, pueden establecer las normas para su práctica.
Creencia en el servicio al público como parte esencial de la profesión.
Sentimiento de considerar el campo o el compromiso con la profesión como un interés fundamental y un deseo que va más allá de la recompensa económica.
Autonomía cuando el profesional debe tomar decisiones sobre su trabajo basadas en las normas del mismo y en el código deontológico.
Para 1957, aumenta el número de auxiliares, dejando alas enfermeras profesionales o dependiendo del posgrado que tenían, a cargo de labores administrativas (por desgracia esta situación todavía prevalece en la mayoría de los países). En el año de 1960 se incorpora la psiquiatría a la enfermería como especialidad y otras que ya tenían reconocimiento. Sin embargo, desde esta época y hasta la actualidad, el modelo hegemónico del cuidado de enfermería sigue estrechamente ligado a la curación. En 1970, surge la cobertura de los servicios para las áreas rurales y en 1978 se aprueba la estrategia de Alma Ata de “Salud para todos en el año 2000”. La Organización Panamericana para la Salud (OPS), reafirma la responsabilidad de la enfermería en su labor en la Atención Primaria a la Salud (APS).
La creación de escuelas de enfermería en América Latina coincidió con el desarrollo de la medicina a cargo de instituciones gubernamentales y la incorporación de la atención médica, es decir, el cuidado de los enfermos individuales, como su principal quehacer. La expansión de la función de la enfermería en el campo de la salud pública, ocurrida después, ha estado vinculada a las acciones de control de las enfermedades transmisibles y del saneamiento ambiental. Así en el año de 1945, no más de 5% de las escuelas de enfermería en América Latina incluían en su currículo la experiencia en salud pública y 75% de ellas no consideraba la prevención y el control de las enfermedades transmisibles. Fue gracias a la cooperación técnica prestada por organizaciones internacionales, como la Organización Panamericana de Salud, Fundación Rockefeller e Instituto de Asuntos Interamericanos, que en 1959, 85.7% de dichas escuelas empezaron a incluir dentro de su currículo elementos básicos de salud pública y 88.3% de ellas, la prevención y control de enfermedades transmisibles.
En lo referente a la enseñanza de la enfermería básica, las actividades de la OPS se orientaron a proporcionar asesoramiento y participar en la organización, fortalecimiento o ambos de las escuelas básicas de enfermería en los diferentes países. La política seguida por la OPS se orientó a que en cada país de la región hubiera por lo menos una escuela. Durante el decenio de 1960-69, esta meta se alcanzó en casi todos los países, excepto en cinco de ellos. Los países de El Salvador, México, Perú y Venezuela, ya habían establecido escuelas universitarias de enfermería.
En cuanto a la enseñanza posbásica de enfermería, el programa de enfermería de la OPS se desarrolló con rapidez a partir de 1941, con base a solicitudes de los gobiernos, estimulados por la segunda Guerra Mundial. Por entonces, la propuesta era mejorar la situación de salud de las poblaciones que vivían en regiones consideradas estratégicas en América Latina, porque suministraban materiales como el caucho y la balata, así como alimentos requeridos por los países aliados. En consecuencia, la OPS, recibió diversas demandas de ayuda para establecer programas de enfermería de salud pública en los países. Gracias a fondos provenientes de la Oficina del Coordinador de Asuntos Interamericanos, la OPS brindó su cooperación técnica para crear en los países nuevas escuelas de enfermería, reorganizar las existentes y desarrollar servicios de enfermería de salud pública en Brasil, Colombia, Ecuador, Guatemala, Haití, Paraguay y Venezuela.
La OPS, auspició dos congresos de enfermería; uno en San José de Costa Rica, para enfermeras de Centroamérica y Mar de las Antillas (septiembre de 1949), y el otro en Lima, Perú en el mismo año, para enfermeras de América del Sur. En ambos eventos se formularon importantes recomendaciones respecto a las escuelas y al reclutamiento de postulantes interesados en seguir esa carrera. En consecuencia, la OPS tomó las siguientes medidas:
Concedió becas a enfermeras de Ecuador, Costa Rica, Chile, Brasil y Nicaragua para efectuar estudios de posgrado en EUA y en Chile.
Organizó y realizó, a mediados de 1950, un seminario sobre “principios de enseñanza y vigilancia“, destinado a preparar instructoras de escuelas de enfermería y administradoras de los servicios de enfermería en salud pública. Este evento se realizó en Santiago de Chile con remarcable éxito.
Se tradujeron al español y publicaron tres libros de texto, antes seleccionados durante el Congreso de Enfermería realizado en Lima, Perú. En México, la OPS organizó un seminario sobre Adiestramiento de Auxiliares de Enfermería (Cuernavaca, 1 a 10 de diciembre 1963), con los auspicios del gobierno de México y la OPS/OMS, y en el que participaron enfermeras instructoras de centros y cursos de adiestramiento de personal auxiliar de enfermería, así como jefes de servicios de enfermería donde trabajaban las auxiliares adiestradas. Unos 10 países latinoamericanos, además de EUA, Puerto Rico y representantes de la Fundación Rockefeller, asistieron al evento, así como las consultoras de enfermería de la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID, United States Agency for International Development) y de la OPS/OMS.
Como resultado, se preparó una Guía para el Adiestramiento de Auxiliares de Enfermería en América Latina, con el objeto de establecer y proveer normas mínimas para la capacitación de personal auxiliar, las que deberían tener en cuenta las condiciones económicas, políticas y sociales de cada país. El seminario definió a la auxiliar de enfermería como la persona preparada mediante un programa educativo reconocido oficialmente, para participar, bajo la dirección y supervisión de la enfermera titulada, en aquellas actividades del servicio de salud que demandan menos conocimientos científicos y habilidad técnica de enfermería.
En noviembre de 1969, la OPS convocó en Washington, EUA, un Comité Técnico Asesor en Enfermería, que recomendó a los gobiernos establecer y desarrollar los tres niveles de personal de enfermería ya mencionados. El primer nivel o superior requería comprender enfermeras de nivel universitario capaces de proporcionar atención de enfermería de alta calidad a individuos y comunidades; orientar al personal de enfermería con menos conocimientos; y continuar su propia preparación para asumir responsabilidades docentes y administrativas más amplias. La carga académica necesaria para la preparación y adiestramiento a este nivel debía semejarse en todos los países, para facilitar el intercambio de personal, en especial para fines de educación superior. Existía una creciente demanda de enfermeras preparadas en escuelas universitarias, para hacerse cargo de planificar, supervisar y evaluar programas, así como también para educar a un buen número de profesionales y de subprofesionales. Su formación universitaria exigía una educación equilibrada en cuanto a su contenido técnico y humanístico.
Como paso previo fue necesario uniformar los años de escolaridad exigidos para el ingreso a las escuelas de enfermería básica, se debía exigir a los postulantes haber completado la secundaria. En octubre de 1972, el Plan Decenal de Salud para las Américas consideró la urgencia de intensificar la capacitación del personal de enfermería, del cual un tercio podría ser preparado a nivel universitario y el restante a nivel básico. En el decenio de 1970-79, la OPS promocionó un cambio en la tendencia de la enfermería hospitalaria: de un enfoque administrativo anterior a uno clínico, siguiendo los progresos científicos, tecnológicos y educacionales. Surgieron cursos de especialización en enfermería materno-infantil y médico-quirúrgica, en salud mental y psiquiatría. La enfermera especialista empezó a tener mayores responsabilidades en el área de tratamiento y control de la salud. Así, en el área de la salud materno-infantil, asumió la responsabilidad del control de la salud del niño sano y de las gestantes en control; en el área de las inmunizaciones controlaba la aplicación de las vacunas; en el área del control de los pacientes tuberculosos, supervisaba el cumplimiento de los esquemas de tratamiento supervisado; en el área de la psiquiatría, pasó a participar en las terapias de grupo y compartir mayores responsabilidades en los programas de salud mental y prevención de las enfermedades mentales. También el Plan Decenal de Salud para las Américas había recomendado a la OPS/OMS establecer un centro para el desarrollo de la tecnología de la enseñanza y la investigación en enfermería, con miras a fortalecer la educación de enfermería como un medio para mejorar la prestación de servicios de salud. Al efecto, la OPS/OMS creó el Programa Latinoamericano de Tecnología Educacional en Enfermería, con sede en el Centro Latinoamericano de Tecnología Educacional para la Salud (CLATES) en Río de Janeiro, Brasil. Su objetivo era contribuir al incremento del personal de enfermería, formación de docentes, desarrollo curricular y producción de materiales de instrucción.
En el año de 1977 la OPS/OMS, consciente de la necesidad de volver a defi nir la función de la enfermera en cuanto a la contribución que debería hacer en la atención primaria de salud, en colaboración con el gobierno de Costa Rica y la Escuela de Enfermería de ese país, organizó y celebró un seminario sobre Nuevas Dimensiones en el Papel de la Enfermera en la Prestación de la Atención Primaria (San José, 27 octubre al 3 noviembre), que contó con la participación de 19 enfermeras y 17 médicos de 13 países latinoamericanos. El propósito fundamental de los proyectos, en los que ha venido cooperando la OPS, ha sido y es el mejoramiento de los cuidados de enfermería mediante el perfeccionamiento de la organización y administración de los servicios y la consiguiente capacitación de su personal.
La enfermería en América Latina, al reiterar su compromiso de integración de los esfuerzos nacionales para cumplir las metas sociales de “Salud para todos en el año 2000”, definió nuevos papeles en todos los niveles de su práctica profesional, sobre todo en lo referente a su participación en la toma de decisiones de las políticas sectoriales y en las actividades de atención primaria de salud. Este proceso generó nuevos perfiles de práctica que demandan nuevos enfoques para la formación de personal de enfermería. En paralelo, las instituciones formadoras y los órganos nacionales de recursos humanos siguen analizando críticamente las discrepancias entre el perfil actual de egresados de programas tradicionales y las nuevas demandas de los servicios. Porque a un año de cumplir (2015), las estrategias de los Objetivos de Desarrollo del Milenio, se han visto pobres resultados o no hay resultados alentadores.
En el presente siglo y en un mundo globalizado, la profesión de enfermería en América Latina enfrenta grandes desafíos. Por un lado, la consolidación de un modelo profesional autónomo en lo científico-técnico y en lo administrativo. En la clínica, deberá reasumir su función de cuidador, pero su presencia en la atención de los pacientes deberá caracterizarse por intervenciones que demuestren la calidad científica y humanización del cuidado profesional. Asumir el ejercicio independiente o autónomo, en particular el dirigido a los cuidados en el hogar. Redefinir en teoría y práctica la dimensión de los cuidados prolongados y de los cuidados paliativos, para sociedades donde el perfil demográfico de los viejos está en aumento, con sus características epidemiológicas de demencias, discapacidades y enfermedades crónicas.
En el campo de la salud pública, se requieren profesionales que lideren proyectos de desarrollo social y sean además de profesionales, ciudadanos éticos en sus actuaciones. En el contexto de reforma a los sistemas de salud, los profesionales de enfermería deben hacer prospectiva para adelantarse con propuestas alternativas en modelos de gestión de los cuidados, en modelos de atención de enfermería, de organización administrativa y en el valor social y económico de sus servicios.
Las estrategias y los contenidos de formación deben fundamentarse en la investigación y acercarse a la realidad de los servicios de enfermería para transformar los modelos tradicionales, en un esfuerzo conjunto de enfermeras de servicio, enfermeras formadoras y enfermeras investigadoras. En los procesos de acreditación de las instituciones de salud, debe incluirse la calidad del cuidado de enfermería y dentro de éste, los mínimos de profesionales que se requieren para prestar cuidados continuos y especializados, y por supuesto, los indicadores de la calidad del servicio de enfermería. Y, a los profesionales, se les debe exigir la acreditación de sus conocimientos y prácticas. Todo esto requiere de un gran esfuerzo investigativo. “Hoy no es sufi ciente con aceptar que el cuidado es el objeto de la disciplina y de la praxis en enfermería. Es preciso asumir una nueva manera de contextualizar y conceptualizar el cuidado para ejercerlo profesionalmente. Esto significa, modificar de manera sustancial nuestra manera de pensar, de ser y de hacer enfermería. Para ser profesionales autónomos, responsables de nuestros actos, con una praxis fundamentada tanto en evidencias científi cas como en la sensibilidad y la creatividad comprometida, con la construcción de condiciones de vida favorables a los pueblos latinoamericanos, por lo tanto actores políticos. Demanda comprender el signifi cado de las necesidades de bienestar de los colectivos sociales y de sus satisfactores, conocer las transformaciones que están sucediendo en su perfil demográfico y epidemiológico y en los sistemas y servicios de salud, para diseñar modelos de atención de enfermería fundamentados en un serio trabajo investigativo, en la sistematización y socialización de nuestras experiencias como comunidad científica, para desarrollar la disciplina y cualificar el servicio que ofrecemos”. (Nájera, Castrillón 2000:12-13).
A través del tiempo, los organismos internacionales como la Organización Mundial de la Salud (OMS), el Consejo Internacional de Enfermería (CIE) y la Organización Internacional del Trabajo (OIT) entre otros, han reconocido siempre la importancia del trabajo de enfermería en el campo de la salud, y se han pronunciado sobre sus conocimientos y funciones.
En marzo de 2001, la OPS y la OMS, plantearon que los servicios de enfermería tienen como misión prestar atención de salud a los individuos, a las familias y a las comunidades, en todas las etapas del ciclo vital y en los aspectos relacionados con la prevención de enfermedades, promoción de la salud, recuperación y rehabilitación, con un enfoque holístico e interdisciplinario, con el fin de contribuir a un mayor bienestar de la población. Destacan que las intervenciones de enfermería están basadas en principios científicos, humanísticos y éticos, fundamentados en el respeto a la vida y a la dignidad humana. Se reconoce que los modelos de enfermería, son esquemas mentales que orientan la práctica, y constituyen un aspecto esencial de su pensamiento lógico para la toma de decisiones relacionadas con el cuidado de las personas.
Sin embargo, hay factores que influyen de forma definitiva en el cuidado de las personas, es que las enfermeras cada día y con mayor frecuencia, desarrollan actividades de carácter administrativo, que ocupan buena parte de su tiempo. Si bien no existe duda de la importancia de esas funciones, los profesionales de enfermería han delegado en el personal auxiliar el cuidado directo de las personas, que hasta hace no muchos años, era actividad primordial y fuente principal de su conocimiento.
La falta de oportunidades para cuidar a otros, empobrece el desarrollo disciplinar y éste puede ser uno de los factores que por desgracia ha influido en que se esté desdibujando la práctica del cuidado holístico y se acreciente la sensación de falta de reconocimiento social de la profesión y de autonomía de los profesionales de enfermería.
Desde ese componente práctico, caben las siguientes preguntas: ¿qué tanto se alcanzan los logros en relación con la claridad del rol profesional?, ¿qué tan aguda es la capacidad de observación desarrollada para cuestionar, identificar problemas o necesidades y plantear soluciones?, ¿qué tan real es la aplicación del conocimiento disciplinar? ¿Qué tan aguda es la capacidad de observación desarrollada para cuestionar, identificar problemas o necesidades y plantear soluciones?, ¿qué tan real es la aplicación del conocimiento disciplinar? (Cortés Téllez, 30:2006).
En la actualidad, las condiciones de salud en los países de América Latina continúan siendo heterogéneas y complejas, con una población de casi 800 millones de habitantes en 2012, una población de 10 a 24 años de edad de 24.5% y se espera que para el 2050 serán 190 millones de mayores de 60 años de edad y con una esperanza de vida de 74.98 años (OPS/OMS, Informe Regional sobre el Desarrollo sostenible y la Salud en las Américas, 2013:2). Algo alentador; es que el alfabetismo en la región aumentó de 88% de la población en 1980 a 93.7% en 2005, con diferentes incrementos en la asistencia escolar en la mayoría de los países. No obstante, el acceso a la educación sigue siendo mayor para hombres que para mujeres, sobre todo en zonas rurales y la calidad de la educación está diferenciada por el ingreso familiar. Como resultado de estas disparidades, algunas personas tienen menos oportunidades para desarrollar conductas saludables y acceder a empleos de calidad y a mejores condiciones de vida. (OPS/OMS Agenda de Salud para las Américas 2008-2017: 5-6:2007).
Presenta un amplio rango de problemas, desde la incidencia y prevalencia de las enfermedades vinculadas a las condiciones del subdesarrollo, en donde los factores económicos y sociales desempeñan una función primordial en el deterioro de la salud, hasta las afecciones imputadas al avance tecnológico, el envejecimiento de la población y los propios cambios en la estructura socioeconómica. Frente a este amplio panorama de problemas de salud, la búsqueda de soluciones necesarias demanda, además de su conocimiento específico, la definición de políticas sectoriales. El ambiente de la región ha experimentado un deterioro creciente, como resultado de la contaminación del aire, del agua y los suelos. La contaminación afecta en especial a la población infantil, por hallarse en desarrollo orgánico y neuropsicológico.
Los desastres naturales y los provocados por el hombre afectan el ambiente y el estado de salud de la población de la región y constituye una limitante para el cumplimiento de las metas del sector salud, así como para el funcionamiento normal de los servicios de salud. Asimismo, la exclusión en salud en la región aparece vinculada de manera estrecha con la pobreza, marginalidad, discriminación (cultural, racial, social y de género) y estigmatización que sufren los enfermos mentales y las personas con necesidades especiales. El idioma, empleo en el sector informal, desempleo y subempleo, aislamiento geográfico, bajo nivel de escolaridad y reducida información sobre los sistemas de salud por parte de lo potenciales usuarios, son factores importantes para la exclusión en salud. En resumen, 218 millones de personas carecen de protección contra el riesgo de enfermedad por falta de cobertura de algún tipo de seguro de salud y 100 millones de individuos no pueden acceder a los servicios de salud a causa de barreras geográficas o de tipo económico o por la falta de establecimientos de salud cerca de sus hogares o sitios de trabajo. (Organización Internacional del Trabajo/Organización Panamericana de la Salud. Panorama de la exclusión de la protección social en Salud en América Latina y El Caribe. Informe presentado a la Reunión Regional Tripartita sobre “Extensión de la protección social en salud a los grupos excluidos en América Latina y el Caribe”).
En la mayoría de los países de América Latina, las políticas de salud se han caracterizado por dicotomías conceptuales que desde el punto de vista histórico han producido distorsiones y obstáculos para la superación de los problemas. Entre estas características se pueden destacar las dicotomías clásicas entre salud individual y colectiva y entre la medicina preventiva y curativa; estas dicotomías han determinado políticas que, en última instancia, han promovido la dispersión de recursos, la utilización ineficiente de alta tecnología, la falta de articulación entre el servicio, formación e investigación, y la falta de ecuanimidad en la distribución de los servicios. Algunos países han superado históricamente estas dicotomías y han definido políticas a partir de una conceptualización global e integral sobre la salud. En este contexto es posible identificar algunos problemas e interrogantes que se presentan para la enfermería:
Crecimiento demográfico. Impone la creación de nuevos servicios de salud para mantener, si no ampliar, la cobertura de las poblaciones. ¿En qué medida se superan el déficit de personal de enfermería ya existente, y de qué forma la enfermería ampliará su fuerza de trabajo para asegurar la operación y la calidad de los nuevos servicios?
Envejecimiento de la población. Hoy en día el crecimiento de la población se ha desacelerado en todos los países de las américas, al mismo tiempo que la proporción de personas mayores de 60 años de edad aumenta de forma progresiva. Esto impone la necesidad de tomar medidas para responder a los cambios en el perfil epidemiológico, asociados a una población que envejece. Cerca de 80 millones tendrán 60 años o más, lo que significaría un aumento de la proporción correspondiente a este sector de casi 10% de la totalidad de la población. (OPS/OMS Agenda de Salud para las Américas 2008-2017:2007) ¿De qué forma la enfermería se propone contribuir al desarrollo de los servicios adecuados a esta población, y también superar la brecha entre conocimiento y práctica sobre este grupo poblacional?
Aumento de la incidencia y prevalencia de enfermedades crónicas en grupos de riesgo de la población. Esta tendencia de deterioro muy relacionado a la crisis económica afecta en especial a las poblaciones de nivel social bajo en los países en donde la crisis ha sido más fuerte y las políticas sociales no han sido prioritarias estimaciones de vida suele ser más larga que en los países más pobres. Sin embargo, las diferencias en la esperanza de vida se reducen cuando se considera la distribución del ingreso: los países que tienen una distribución de ingreso más igualitaria alcanzan niveles de esperanza de vida que son comparables, y algunas veces mejores, a las de aquellos que siendo más ricos tienen una distribución del ingreso más desigual. ¿Cómo espera la enfermería contribuir para dar atención a estos grupos marginados?
Aparición de nuevas entidades nosológicas complejas que producen nuevas exigencias, sobretodo en los niveles superiores del sistema. ¿Cómo enfrentará la enfermería las demandas de la especialización y la tecnología? La mayor concientización de los usuarios de los servicios de salud con respecto a sus derechos y la creciente manifestación de insatisfacción con relación a la eficiencia de estos servicios. ¿En qué medida puede la enfermería contribuir para superar los graves problemas de organización y gerencia de los servicios?
Cambios demográficos y sociales. La urbanización, los cambios en las estructuras familiares y el propio proceso de avances socioeconómicos producen estrés y otros problemas psicológicos. En América Latina se observa el aumento considerable de la farmacodependencia y las enfermedades mentales. Las zonas urbanas se han extendido en todos los países, en muchos de ellos en forma no planificada. Este fenómeno de urbanización creciente, pese a facilitar la cercanía física de la persona a los servicios, podrían asociarse a la adopción de patrones de consumo y estilos de vida no saludables —dieta inadecuada, obesidad, sedentarismo, abuso de drogas— al deterioro de las redes sociales de apoyo y a un incremento en los traumatismos y la violencia. (OPS/OMS Agenda de Salud para las Américas 2008-2017;7:2007). ¿Qué participación se postula la enfermería para la solución de estos problemas?
En la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo, conocida como Río 92 o Cumbre para la Tierra, se centró en los aspectos políticos, sociales, económicos y estratégicos necesarios para alcanzar un desarrollo sostenible. Para el sector de la salud, puesto que en él se señala la relación entre la salud y el desarrollo sostenible en torno a cinco ejes: fortalecimiento de la atención primaria de la salud, lucha contra las enfermedades transmisible, protección de los grupos vulnerables, salud urbana y reducción de los riesgos para la salud derivados de la contaminación y los peligros ambientales. Dos temas de importancia para la salud pública emergieron después de Río 92: la creciente epidemia de enfermedades crónicas no transmisibles (ECNT) y el vínculo entre la salud y el cambio climático. (OPS/OMS, Informe Regional sobre el Desarrollo sostenible y la Salud en las Américas, X:2013).
Por último, los gobiernos deben enfrentar, en colaboración con otros socios, los siguientes cinco desafíos críticos:
la definición e implementación de políticas y planes de largo plazo para el desarrollo de la fuerza de trabajo en salud, basados en evidencia,
encontrar soluciones para resolver las inequidades en la distribución del personal de salud, asignando más personal a las poblaciones con más necesidad,
promover iniciativas nacionales e internacionales para que los países en desarrollo retengan a sus trabajadores de la salud y eviten la escasez de personal,
mejorar la capacidad de gestión de personal y las condiciones de trabajo para aumentar el compromiso de los trabajadores de salud con la misión institucional, y
acercar a las instituciones de formación y las de servicios de salud para una planificación conjunta de necesidades y perfiles de los profesionales del futuro. (OPS/OMS Agenda de Salud para las Américas 2008-2017;19:2007).
En cuanto a la enfermería de la región, se debe examinar y tomar decisiones políticas de cuáles deben ser las tendencias en la práctica y en la educación de las enfermeras. Donde se deben ponderar las siguientes áreas críticas: cantidad, distribución y utilización del personal de enfermería, calidad de la práctica, definición de las funciones por categoría de personal, participación en los niveles de decisión y preparación para asumir nuevas funciones.
En el aspecto de educación, se debe analizar la situación con gobiernos, organizaciones como la UNESCO, CIE, OPS, FEPPEN, ALADEFE y otras, así como los principales actores de toma de decisiones políticas, para prever las actividades necesarias y trazar un modelo de currículo (plan de estudios), que se oriente por los siguientes principios:
visión global del hombre en la sociedad.
concepción epidemiológica y dialéctica del proceso salud-enfermedad,
cumplimiento del método científico, atención de los problemas prioritarios de salud,
conocimiento científico del objeto de estudio, integración de teoría y práctica, y
enfoque multisectorial y multiprofesional de la enfermería.