Aquí se narra, se conjunta, cómo hace poco, de manera portentosa, se apareció la perfecta Virgen Santa María Madre de Dios, nuestra Reina, allá en el Tepeyac, nariz del monte, de renombre Guadalupe.
Primero se dignó dejarse ver de un indito, su nombre Juan Diego; y después se apareció su preciosa y amada Imagen delante del recién electo obispo don fray Juan de Zumárraga.
1- Diez años después de conquistada el agua, el monte, la ciudad de México, cuando ya estaban depuestas las flechas y los escudos, cuando por todas partes había paz en los pueblos, sus aguas y sus montes.
2- Así como brotó, ya verdece, ya abre su corola la fe, el conocimiento del Dador de la vida, el verdadero Dios.
3- Entonces, en el año 1531, a los pocos días del mes de diciembre, sucedió que había un indito, un macehual, un pobre hombre del pueblo.
4- Su nombre era Juan Diego, según se dice, vecino de Cuauhtitlán.
5- Y en las cosas de Dios, en todo pertenecía a Tlatelolco.
6- Era sábado, muy de madrugada, venía en pos de Dios y de sus mandatos.
6- Era sábado, muy de madrugada, venía en pos de Dios y de sus mandatos.
7- Y al llegar cerca del cerrito, donde se llama Tepeyac, ya relucía el alba en la tierra.
8- Allí escuchó cantar sobre el cerrito; era como el canto de variadas aves preciosas. Al interrumpir sus voces, como que el cerro les respondía. Sobremanera suaves, deleitosos, sus cantos aventajaban a los del coyoltototl y del tzinitzcan y a otras aves preciosas que cantan.
9- Se detuvo Juan Diego, se dijo:
“¿Por ventura soy digno, soy merecedor de lo que escucho? ¿Tal vez estoy sólo soñando? ¿Quizá solamente lo veo como entre sueños?
¿Dónde estoy? ¿Dónde me veo? ¿Acaso allá, donde dejaron dicho los ancianos, nuestros antepasados, nuestros abuelos: en la tierra de las flores, en la tierra del maíz, de nuestra carne, de nuestro sustento, acaso en la tierra celestial?”
10- Hacia allá estaba mirando, hacia lo alto del cerrillo, hacia donde sale el sol, hacia allá, de donde procedía el precioso canto celestial.
11- Y cuando cesó de pronto el canto, cuando dejó de escucharse, entonces oyó que le llamaban de arriba del cerrillo, le decían: “Juanito, Juan Dieguito.”
12- Luego se atrevió a ir a donde lo llamaban; ninguna turbación inquietó su corazón ni ninguna cosa lo alteraba, antes bien se sentía alegre y contento por todo extremo, fue a subir al cerrillo para ir a ver de dónde lo llamaban.
13- Y cuando llegó a la cumbre del cerrillo, contempló una noble Doncella que allí estaba de pie,
14- Ella lo llamó para que fuera juntito a Ella.
15- Y cuando llegó frente a Ella, mucho le maravilló cómo sobrepasaba toda admirable perfección y grandeza:
16- Su vestido como el sol resplandecía, así brillaba.
17- Y las piedras y rocas sobre las que estaba, como que lanzaban rayos.
18- Como de jades preciosos, como joyas relucían.
19- Como resplandores del arco iris en la niebla reverberaba la tierra.
20- Como resplandores del arco iris en la niebla reverberaba la tierra.
21- Y los mezquites y los nopales y las demás variadas yerbitas que allí se suelen dar, parecían como plumajes de quetzal, como turquesas aparecía su follaje, y su tronco, sus espinas, sus espinitas, relucían como el oro.
22- En su presencia se postró, escuchó su venerable aliento, su venerable palabra, que era sumamente afable, extremadamente noble, como de quien lo atraía y le mostraba amor.
23- Le dijo Ella: “Escucha, hijo mío, el más pequeño, Juanito, ¿a dónde te diriges?”
24- Y él le contestó: “Señora mía, Reina mía, Muchachita mía, allá llegaré, a tu venerable casa en México Tlatelolco, a seguir las cosas de Dios que nos dan, que nos enseñan, quienes son las imágenes del Señor, Señor Nuestro, nuestros sacerdotes.”
25- En seguida, así le habla Ella, le descubre su preciosa voluntad;
26- Le dice: “Sábelo, ten por cierto, hijo mío, el más pequeño, que yo soy en verdad la perfecta siempre Virgen Santa María, que tengo el honor y la dicha de ser Madre del verdaderísimo Dios por quien se vive, el Creador de las personas, el Dueño de la cercanía y de la inmediación, el Dueño del cielo, el Dueño de la tierra. Mucho quiero, mucho deseo, que aquí me levanten mi casita sagrada,
27- En donde lo mostraré, lo ensalzaré al ponerlo de manifiesto,
28- Lo entregaré a las gentes en todo mi amor personal, a Él que es mi mirada compasiva, a Él que es mi auxilio, a Él que es mi salvación.
29- Porque, en verdad, yo me honro en ser tu madre compasiva,
30- Tuya y de todos los hombres que vivís juntos en esta tierra,
31- Y también de todas las demás variadas estirpes de hombres, los que me amen; los que me llamen, los que me busquen, los que confíen en mí.
32- Porque ahí, en verdad, escucharé su llanto, su tristeza, para remediar, para curar todas sus diferentes penas, sus miserias, sus dolores.
33- Y para realizar lo que pretende mi compasiva mirada misericordiosa, anda al palacio del obispo de México, y le dirás cómo yo te envío, para que le descubras cómo mucho deseo que aquí me provea de una casa, me erija en el llano mi templo; todo le contarás, cuanto has visto y admirado, y lo que has oído.
34- Y ten por seguro que mucho lo agradeceré y lo pagaré,
35- Que por ello, en verdad, te enriqueceré, te glorificaré;
36- Y mucho de allí merecerás con que yo retribuya tu cansancio, tu servicio con que vas a solicitar el asunto al que te envío.
37- Ya escuchaste, hijo mío el menor, mi aliento mi palabra; anda, haz lo que esté de tu parte.”
38 - E inmediatamente en su presencia se postró, le dijo: “Señora mía, Niña, ya voy a realizar tu venerable aliento, tu venerable palabra; por ahora te dejo, yo, tu humilde servidor.”
39 - Luego vino a bajar para poner en obra su encomienda: vino a encontrar la calzada, viene derecho a México.
40 - Cuando llegó al interior de la ciudad, luego fue derecho al palacio del obispo, el cual muy recientemente había llegado, el Gobernante Sacerdote; su nombre era don fray Juan de Zumárraga, sacerdote de San Francisco.
41 - Y en cuanto llegó, luego hace el intento de verlo, les suplica a los que le sirven, a sus criados, que vayan a decírselo.
42 - Después de pasado largo rato vinieron a llamarlo, cuando mandó el señor obispo que entrara.
43 - Y en cuanto entró, en seguida ante él se arrodilló, se postró, luego ya le descubre, le comunica el precioso aliento, la preciosa palabra de la Reina del Cielo, su mensaje, y también le dice todo lo que le había maravillado, lo que vio, lo que escuchó.
44 - Pero el obispo, habiendo escuchado todo su relato, su mensaje, como que no mucho lo tuvo por cierto.
45 - El obispo le respondió, le dijo: “Hijo mío, otra vez vendrás, aún con calma te oiré, bien aún desde el principio miraré, consideraré la razón por la que has venido, lo que es tu voluntad, lo que es tu deseo.”
46 - Salió; venía triste porque no se realizó de inmediato su encargo.
47 - Luego se volvió, al terminar el día, luego de allá se vino derecho a la cumbre del cerrillo,
48 - y llegó delante de Ella, la Reina del Cielo: allí cabalmente donde la primera vez se le apareció, allí lo estaba esperando.
49 - Y en cuanto la vio, ante Ella se postró, se arrojó por tierra, le dijo:
50 - “Patroncita, Señora, Reina mía, Hija mía la más pequeña, mi Muchachita, ya fui a donde me mandaste a cumplir tu venerable aliento, tu venerable palabra.
51 - Aunque difícilmente entré a donde es el lugar del Gobernante Sacerdote, lo vi, ante él expuse tu venerable aliento, tu venerable palabra, como tú me lo mandaste.
52 - Me recibió amablemente y con atención escuchó, pero, por lo que me respondió, como que su corazón no lo reconoció, no lo tuvo por cierto.
53 - Me dijo: ‘Otra vez vendrás; aún con calma te escucharé, bien aún desde el principio veré por lo que has venido, lo que es tu deseo, lo que es tu voluntad.
54 - Bien en ello miraré,” según me respondió; que piensa que tu venerable casa divina que quieres que aquí te hagan, tal vez yo nada más lo invento, o tal vez no viene de tus venerables labios.
55 - Por esto, mucho te suplico, Señora mía, Reina mía, Muchachita mía, que a alguno de los estimados nobles, que sea conocido, respetado, honrado, le encargues que conduzca, que lleve tu venerable aliento, tu venerable palabra para que le crean.
56 - Porque en verdad yo soy un hombre del campo, soy la cuerda de los cargadores, en verdad soy parihuela, sólo soy cola, soy ala; yo mismo necesito ser conducido, llevado a cuestas, no es lugar de mi andar ni de mí detenerme allá a donde me envías, mi Muchachita, mi Hija la más pequeña, Señora, mi Niña.
57 - Por favor, dispénsame, afligiré con pena tu rostro, tu corazón; iré a caer en tu enojo, en tu disgusto, Señora Dueña mía.”
58 - Le respondió la Perfecta Virgen, digna de honra y veneración:
59 - “Escucha, tú, el más pequeño de mis hijos, ten por cierto que no son escasos mis servidores, mis mensajeros, a quien encargue que lleven mi aliento, mi palabra, para que efectúen mi voluntad;
60 - pero es necesario que tú, personalmente, vayas, ruegues, que por tu intercesión se realice, se lleve a efecto mi querer, mi voluntad.
61 - Y mucho te ruego, hijo mío el menor, y con rigor te mando, que otra vez vayas mañana a ver al obispo.
62 - Y de mi parte hazle saber, hazle oír mi querer, mi voluntad, para que realice, edifique mi casa sagrada que le pido.
63 - Y bien, de nuevo dile de qué modo yo, personalmente, la siempre Virgen Santa María, yo, que soy la Madre de Dios, te envío a ti como mi mensajero.”
64 - Juan Diego, por su parte, le respondió, le dijo: “Señora mía, Reina mía, Muchachita mía, que no angustie yo con pena tu rostro, tu corazón; en verdad con todo gusto iré, a poner por obra tu venerable aliento, tu venerable palabra; de ninguna manera lo dejaré de hacer, ni tengo por molesto el camino.
65 - Iré ya, a cumplir tu voluntad, pero tal vez no seré oído y, si fuere escuchado, quizá no seré creído.
66 - Pero en verdad, mañana en la tarde, cuando se meta el sol, vendré a devolver a tu venerable aliento, a tu venerable palabra, lo que me responda el Gobernante Sacerdote.
67 - Ya me despido de Ti respetuosamente, Hija mía la más pequeña, mi Muchachita, Señora, Niña mía, descansa otro poquito.”
68 - Al día siguiente, Domingo, bien todavía en la nochecilla, todo aún estaba oscuro, de allá salió de su casa hacia acá derecho a Tlatelolco, vino a aprender las cosas divinas y a ser contado en lista; luego para ver al Gobernante Sacerdote.
69 - Y a eso de las diez fue cuando ya estuvo preparado, así ya había oído Misa y fue contado en la lista, y toda la gente se había ido.
70 - Pero él, Juan Diego, luego fue al palacio, la casa del señor Obispo.
71 - Y en cuanto llegó, puso todo su empeño para verlo y, con mucha dificultad, otra vez lo vio.
72 - A sus pies se arrodilló, lloró, se puso triste al hablarle, al descubrirle el venerable aliento, la venerable palabra, de la Reina del Cielo.
73 - Que ojalá fuera creída la embajada, la voluntad de la Perfecta Virgen, de hacerle, de erigirle, su casita sagrada, en donde Ella lo había dicho, en donde Ella la quería.
74 - Mas el gobernante Obispo muchísimas cosas le preguntó, le investigó, para poder cerciorarse, dónde la había visto, cómo era Ella. Todo, absolutamente, se lo refirió al Señor Obispo.
75 - Y aunque todo, absolutamente, se lo declaró y todo lo que vio, lo que admiró, que aparecía con toda claridad que Ella era la Perfecta Virgen, la Amable, Maravillosa Madre de Nuestro Salvador, Nuestro Señor Jesucristo;
76 - sin embargo, no luego se cumplió su deseo.
77 - Dijo el Obispo que no sólo por su palabra, su petición se haría, se realizaría lo que él pedía,
78 - que era muy necesaria alguna señal para que bien pudiera ser creído cómo a él lo enviaba como mensajero la Reina del Cielo en persona.
79 - Tan pronto como lo escuchó Juan Diego, le dijo al Obispo:
80 - “Señor Gobernante, considera cuál será la señal que pides, porque luego iré a pedírsela a la Reina del Cielo que me envió.”
81 - Y como vio el Obispo que él ratificaba, que en nada vacilaba ni dudaba, luego lo hizo irse.
82 - Y en cuanto se va, en seguida el Obispo manda a algunos de los de su casa, en los que tenía absoluta confianza, que lo vayan a seguir, que bien lo observaran a dónde iba, a quién veía, con quién hablaba.
83 - Y así se hizo. Y Juan Diego se fue derecho, siguió la calzada.
84 - Pero los que lo seguían, donde se abre la barranca, cerca del Tepeyac, en el puente de madera, lo vinieron a perder. Y aunque por todas partes buscaron, en ninguna parte lo vieron.
85 - Y así se volvieron, no sólo porque con ello se fastidiaron grandemente, sino también porque él los disgustó, los hizo enojar.
86 - Así le fueron a contar al Señor Obispo, le metieron en la cabeza que no le creyera, le dijeron cómo nomás le contaba mentiras, que sólo inventaba lo que venía a decirle, o que sólo soñaba o imaginaba lo que le decía, lo que le pedía.
87 - Y bien así lo determinaron que si otra vez venía, regresaba, allí lo agarrarían, y fuertemente lo castigarían, para que ya no volviera a decir mentiras ni a alborotar a la gente.
88 - Entre tanto, Juan Diego estaba con la Santísima Virgen, diciéndole la respuesta que traía del Señor Obispo:
89 - la que, oída por la Señora, le dijo:
90 - “Bien está hijito mío, volverás aquí mañana para que lleves al Obispo la señal que te ha pedido;
91 - con eso te creerá y acerca de esto ya no dudará ni de ti sospechará;
92 - y sábete, hijito mío, que yo te pagaré tu cuidado y el trabajo y cansancio que por mí has prodigado.
93 - Ea, vete ahora; que mañana aquí te aguardo.”
94.- Juan Diego, muy afligido y lleno de tristeza, se dirigió al lugar donde la Virgen lo había visto antes, con la esperanza de obtener la respuesta que tanto deseaba.
95.- Al llegar, la Señora Celestial se le apareció y le dijo: "Hijo mío, ¿por qué tan triste y preocupado estás? ¿Qué es lo que te aflige?"
96.- "Mi Señora", respondió Juan Diego, "mi tío está muy enfermo, y temo por su vida. He ido a buscar ayuda, pero no sé si logrará sobrevivir."
97.- "No te aflijas", le respondió la Virgen. "No temas, porque tu tío no morirá. Ya está sano, porque yo lo he sanado."
98.- Al escuchar estas palabras, Juan Diego se sintió aliviado, y su corazón se llenó de consuelo.
99.- La Virgen, con voz suave y maternal, le dijo: "Hijo mío, ve y busca las flores que te he mandado recoger. Lleva estas flores como señal a mi siervo el Obispo, y dile que te ha enviado la Madre de Dios."
100.- Con renovada esperanza, Juan Diego subió al cerro y, aunque era invierno, encontró una gran variedad de flores hermosas y frescas.
101.- Las recogió con cuidado y las puso en su tilma, tal como la Virgen le había indicado.
102.- Al llegar al lugar donde la Virgen le había pedido que entregara las flores, ella las recibió y las colocó nuevamente en su tilma.
103.- "Ahora ve con estas flores al Obispo", le ordenó. "Que él vea mi voluntad y que construya el templo que le he pedido."
104.- Con determinación, Juan Diego fue al palacio del Obispo y pidió verlo. Sin embargo, el portero no lo dejó entrar de inmediato.
105.- Después de un largo rato de espera, Juan Diego finalmente pudo ver al Obispo, a quien le entregó las flores como señal de la voluntad de la Virgen.
106.- El Obispo, al ver las flores, se sorprendió por su frescura, a pesar de que no era época de que crecieran en esa región.
107.- Sin embargo, aún dudaba de la autenticidad del mensaje, y le pidió a Juan Diego que volviera al día siguiente para contarle más detalles.
108.- Al regresar, la Virgen le dijo a Juan Diego que su misión estaba por cumplirse y que él debía regresar al Obispo con un mensaje más claro.
109.- "Dile que soy la Madre de Dios, que vengo a manifestar mi voluntad, y que le pido que construya un templo en mi honor en este lugar", le instruyó la Virgen.
110.- Juan Diego, lleno de confianza en la Virgen, regresó al palacio del Obispo, quien lo recibió con mucho interés.
111.- El Obispo, al escuchar nuevamente a Juan Diego, decidió enviar a algunos de sus consejeros a investigar el lugar indicado por el mensajero.
112.- Los consejeros fueron al cerro y, al llegar, encontraron una pequeña cabaña, como Juan Diego había dicho.
113.- Al investigar más a fondo, se dieron cuenta de que el lugar era sagrado, y comenzaron a construir el templo que la Virgen había solicitado.
114.- Mientras tanto, Juan Diego regresó a su casa y encontró que su tío, a quien la Virgen había sanado, ya estaba completamente curado.
115.- Con alegría, fue a ver al Obispo para contarle cómo su tío había sido sanado por la Virgen.
116.- El Obispo, al escuchar la historia de la sanación milagrosa, se conmovió profundamente y comprendió que la Virgen realmente estaba intercediendo por su pueblo.
117.- "Esta es la señal que he estado esperando", exclamó el Obispo. "Ahora sé que debo cumplir la voluntad de la Madre de Dios."
118.- Juan Diego y el Obispo, con el corazón lleno de gratitud, trabajaron juntos para construir el templo que la Virgen había solicitado.
119.- La construcción avanzó rápidamente, y pronto se erigió un hermoso santuario en honor a la Virgen de Guadalupe.
120.- Cuando el templo estuvo terminado, la Virgen se apareció una vez más a Juan Diego, diciéndole: "Hijo mío, este lugar será mi casa, y todos los que vengan a este santuario recibirán mis bendiciones."
122.- Todos los presentes, al ver el milagro de la Imagen de la Virgen en la tilma de Juan Diego, quedaron asombrados y comenzaron a alabarla con reverencia.
123.- El Obispo, con el corazón lleno de emoción y humildad, se arrodilló ante la imagen y la veneró, pidiendo perdón por su falta de fe.
124.- Después de un momento de oración, el Obispo pidió que se levantara un altar en el lugar donde se había mostrado la imagen de la Virgen.
125.- En ese mismo instante, todos los presentes comenzaron a preparar el lugar para erigir el santuario en honor a la Virgen de Guadalupe.
126.- Durante los días que siguieron, la multitud siguió llegando al lugar para ver la imagen, y muchos se sintieron curados y consolados por la presencia de la Virgen.
127.- La fama del milagro se extendió rápidamente por toda la ciudad y más allá, y muchas personas comenzaron a peregrinar al cerro de Tepeyac para ver la imagen.
128.- Juan Diego, aunque estaba asombrado por todo lo que sucedía, continuó su vida con humildad y dedicación, siempre fiel a la Virgen que lo había elegido como su mensajero.
129.- Los sacerdotes y los líderes religiosos, al ver el fervor y la devoción que la Virgen de Guadalupe inspiraba en el pueblo, comenzaron a apoyarla y a promover su culto.
130.- El Obispo, reconociendo la importancia de este acontecimiento, decidió que se construyera un gran templo en honor a la Virgen de Guadalupe, para que todos pudieran venerarla.
131.- Se empezó la construcción del santuario, que pronto se convirtió en un lugar de peregrinaje y oración para miles de personas que deseaban ver la imagen milagrosa.
132.- A medida que pasaban los años, el culto a la Virgen de Guadalupe creció y se extendió por todo México y más allá de sus fronteras.
133.- Las personas de todas las clases sociales acudían al santuario, y muchos milagros y curaciones ocurrieron en presencia de la imagen de la Virgen.
134.- La imagen de la Virgen de Guadalupe se convirtió en un símbolo de esperanza y fe para el pueblo mexicano, y su devoción creció con el tiempo.
135.- Juan Diego, ahora anciano, continuó su vida dedicada a la Virgen y al servicio de la iglesia, siempre recordando con gratitud el milagro que había vivido.
136.- La Virgen, en su amor maternal, siguió protegiendo a su pueblo y extendiendo sus bendiciones a todos los que acudían a ella con fe.
137.- La imagen de la Virgen de Guadalupe fue venerada en la iglesia del Tepeyac, y con el tiempo se construyó una gran basílica para albergarla.
138.- La noticia de la aparición de la Virgen de Guadalupe y de los milagros que ocurrían en su santuario se extendió rápidamente por todo el mundo.
139.- El culto a la Virgen de Guadalupe se consolidó como una de las tradiciones más importantes de México y de toda América Latina.
140.- La imagen de la Virgen de Guadalupe, que había sido una simple señal en la tilma de Juan Diego, se convirtió en un símbolo de unidad y fe para millones de personas.
141.- La devoción a la Virgen de Guadalupe continuó creciendo, y su imagen fue reproducida en iglesias, hogares y lugares públicos en todo México y en otros países.
142.- Los fieles acudían a su santuario en busca de consuelo, protección y bendiciones, y muchos experimentaron milagros de sanación y fortaleza.
143.- La Virgen de Guadalupe se convirtió en un símbolo de esperanza para aquellos que sufrían, y su intercesión fue vista como una poderosa ayuda en momentos de dificultad.
144.- La devoción a la Virgen de Guadalupe no solo creció en México, sino que también se expandió a otros países, especialmente en América Latina.
145.- A lo largo de los siglos, la imagen de la Virgen de Guadalupe siguió siendo un símbolo de la fe católica y un recordatorio de la protección y amor maternal de la Virgen María.
146.- En cada peregrinaje, en cada oración, en cada celebración, la presencia de la Virgen de Guadalupe se hacía sentir, y su intercesión continuaba trayendo paz, consuelo y esperanza al pueblo.
147.- El Obispo, al ver la imagen de la Virgen en la tilma, se postró ante ella con gran humildad y le pidió perdón por sus dudas y su falta de fe.
148.- Con lágrimas en los ojos, el Obispo reconoció que la señal de la Virgen era verdadera y comenzó a realizar los preparativos para la construcción del templo en su honor.
149.- Mientras tanto, la noticia del milagro se difundió rápidamente entre la población, y miles de personas comenzaron a peregrinar al Tepeyac para ver la imagen milagrosa.
150.- El Obispo, reconociendo el poder de la Virgen de Guadalupe, pidió a sus fieles que oraran por la edificación del santuario y por el pueblo mexicano.
151.- La construcción del templo comenzó de inmediato, y se reunió una gran cantidad de recursos y apoyo para levantar la casa sagrada de la Virgen.
152.- Juan Diego, al ver cómo la voluntad de la Virgen se cumplía, se sintió lleno de gratitud y humildad, sabiendo que había sido elegido para una misión tan grande.
153.- La Virgen de Guadalupe, como Madre de todos los mexicanos, siguió protegiendo a su pueblo y brindando consuelo a quienes acudían a su santuario en busca de ayuda.
154.- El culto a la Virgen creció rápidamente, y muchas personas experimentaron milagros de sanación y bendiciones al rezar frente a su imagen.
155.- La imagen de la Virgen de Guadalupe fue colocada en el altar del templo en construcción, y muchas personas acudieron a verla y a rendirle homenaje.
156.- El Obispo, al ver el fervor de la gente y los milagros que ocurrían, se sintió más convencido de que la Virgen había elegido ese lugar para su santuario.
157.- El templo fue terminado con rapidez, y la gente celebró la inauguración con gran alegría, agradeciendo a la Virgen por su intercesión.
158.- La Virgen de Guadalupe se convirtió en un símbolo de unidad para el pueblo mexicano, y su imagen fue venerada no solo en México, sino en toda América Latina.
159.- La noticia de los milagros y la devoción a la Virgen de Guadalupe se difundió por todo el mundo, y su culto se extendió más allá de las fronteras de México.
160.- Los fieles de todos los rincones de América Latina acudían al santuario de la Virgen para rendirle homenaje y pedir su intercesión en sus vidas.
161.- La Virgen de Guadalupe, en su amor y protección, siguió cuidando a su pueblo y bendiciendo a todos aquellos que acudían a ella con fe y devoción.
162.- La devoción a la Virgen de Guadalupe se mantuvo viva a lo largo de los siglos, convirtiéndose en una de las tradiciones más importantes de la iglesia católica en América Latina.
163.- Hoy en día, la Virgen de Guadalupe sigue siendo un símbolo de esperanza, fe y amor maternal para millones de personas en todo el mundo.
164.- Le dijo: “Señor mío, Gobernante, en verdad ya hice, ya cumplí según me ordenaste;
165.- así fui a decirle a la Señora, mi Ama, la Niña Celestial, Santa María, la Amada Madre de Dios, que tú pedías una señal para poder creerme, para que le hicieras su casita sagrada, allá donde Ella te pedía que la construyeras;
166.- y también le dije que yo te había dado mi palabra de venir a traerte alguna señal, alguna prueba de su venerable voluntad, como me lo encargaste.
167.- Y Ella escuchó bien tu venerable aliento, tu venerable palabra, y recibió con alegría tu petición de la señal, de la prueba, para que se haga, se cumpla su amable voluntad.
168.- Y ahora, cuando era todavía de noche, me mandó para que otra vez viniera a verte;
169.- y yo le pedí su señal para ser creído, como me dijo que me la daría, e inmediatamente lo cumplió.
170.- Y me mandó a la cumbre del cerrito en donde antes yo la había visto, para que allí cortara diversas flores como las de Castilla.
171.- Y yo las fui a cortar, se las fui a llevar allá abajo;
172.- y con sus venerables manos las tomó.
173.- Luego, de nuevo, las puso en el hueco de mi tilma.
174.- para que te las viniera a traer, para que a ti personalmente te las entregara.
175.- Aunque bien yo sabía que no es lugar donde se den flores la cumbre del cerrito,
176.- porque sólo es pedregoso, hay abrojos, plantas espinosas, nopales silvestres, mezquites, no por ello dude, no por ello titubeé.
177.- Fui a acercarme a la cumbre del cerrito, miré que ya era la Tierra florida.
178.- Allí habían brotado variadas flores, como las rosas de Castilla, de lo más fino que hay, llenas de rocío, esplendorosas; así luego las fui a cortar.
179.- Y Ella me dijo que de su parte te las diera, y que así yo probaría; para que tú vieras la señal que le pedías para realizar su venerable voluntad,
180.- y para que aparezca que es verdad mi palabra, mi mensaje.
181.- Y luego extendió su blanca tilma, en cuyo hueco estaban las flores.
182.- Y al caer al suelo todas las variadas flores como las de Castilla,
183.- luego allí en su tilma se convirtió en señal, se apareció de repente la Amada Imagen de la Perfecta Virgen Santa María, Madre de Dios, en la forma y figura en que ahora está,
184.- en donde ahora es conservada en su amada casita, en su sagrada casita en el Tepeyácac, que se llama Guadalupe.
185.- Y en cuanto la contempló el Obispo Gobernante y también todos los que allí estaban, se arrodillaron, mucho la admiraron,
186.- se pusieron de pie para verla, se conmovieron, se afligió su corazón, como que se elevó su corazón, su pensamiento.
187.- Y el Obispo Gobernante con lágrimas, con tristeza, le suplicó, le pidió perdón por no haber realizado su venerable voluntad, su venerable aliento, su venerable palabra.
188.- Y el Obispo se levantó, desató del cuello de donde estaba atada, la vestidura, la tilma de Juan Diego,
189.- en la que se apareció, en donde se convirtió en venerable señal la Reina Celestial.
190.- Y luego la llevó allá, la fue a colocar en su oratorio.
191.- Y todavía allí pasó un día entero Juan Diego en la casa del Obispo, quien hizo que se quedara allí.
192.- Y al día siguiente, le dijo: “Anda, vamos a que muestres dónde es la venerable voluntad de la Reina del Cielo que le levante su templo.”
193.- De inmediato se dio orden de hacerlo, levantarlo.
194.- Y Juan Diego, en cuanto mostró en dónde había mandado la Señora del Cielo que se le levantara su casita sagrada, luego pidió permiso que
195.- quería ir a su casa para ir a ver a su tío Juan Bernardino, que estaba muy grave cuando lo dejó, y había ido a llamar a uno de los sacerdotes a Tlatelolco para que lo confesara y lo dispusiera, de quien la Reina del Cielo le había dicho que ya estaba sanado.
196.- Pero no lo dejaron ir solo, sino que lo acompañaron a su casa.
197.- Y cuando llegaron vieron a su venerable tío que estaba sano, absolutamente nada le dolía.
198.- Y él, por su parte, mucho se admiró de la forma en que su sobrino era acompañado y muy honrado;
199.- le preguntó a su sobrino por qué así sucedía, el que mucho le honraran;
200.- y él le dijo que cuando lo dejó para ir a llamarle un sacerdote para que lo confesara, lo dispusiera, allá en el Tepeyácac se le apareció la Señora del Cielo.
201.- Y lo envió a México a ver al Gobernante Obispo, para que allí le edificara su casa en el Tepeyácac.
202.- Y que Ella le dijo que no se afligiera, porque ya su tío estaba curado, y con esto mucho se tranquilizó su corazón.
203.- Su tío le dijo que era verdad, que en aquel preciso momento Ella lo sanó,
204.- y que la contempló exactamente en la misma forma como se le había aparecido a su sobrino.
205.- Y le dijo cómo a él también lo había enviado a México para que viera al Obispo;
206.- y que también, cuando fuera a verlo, todo absolutamente se lo manifestara, le dijera lo que había contemplado
207.- y la manera maravillosa en que lo había sanado,
208.- y que bien así se le llamara, bien así se le nombrara: LA PERFECTA VIRGEN SANTA MARÍA DE GUADALUPE, su Amada Imagen.
209.- Y en seguida llevaron a Juan Bernardino a la presencia del Gobernante Obispo, para que viniera a hablarle, delante de él diera testimonio.
210.- Y junto con su sobrino Juan Diego, el Obispo los hospedó en su casa unos cuantos días,
211.- mientras que se levantó la casita sagrada de la Niña Reina allá en el Tepeyácac, donde se le mostró a Juan Diego.
212.- Y después de que el Señor Obispo la tuvo algún tiempo, trasladó a la Iglesia Mayor la preciosa reverenciada Imagen de la amada Niña Celestial.
213.- La vino a sacar de su palacio, de su oratorio en donde estaba, para que todos la vieran, se admiraran de su preciosa Imagen.
214.- Y absolutamente todos, toda la ciudad, sin faltar nadie, se estremecieron cuando fueron a contemplar, a admirar su preciosa Imagen.
215.- Venían a conocerla como algo divino.
216.- Venían a presentarle sus plegarias.
217.- Mucho se admiraban en qué milagrosa manera se había aparecido
218.- puesto que absolutamente ningún hombre de la tierra pintó su amada Imagen.