La Ascensión del Señor es un misterio central de la fe católica que celebra la gloriosa elevación de Jesucristo al cielo, cuarenta días después de su Resurrección. Este acontecimiento, narrado en los Evangelios y en los Hechos de los Apóstoles, no solo marca el final de la presencia visible de Cristo en la tierra, sino también el comienzo de su reinado celestial y la promesa de su regreso.
La Ascensión: un acto de amor y victoria
Jesús, después de haber vencido al pecado y a la muerte, se presenta ante sus discípulos para fortalecer su fe y encargarles la misión evangelizadora. En ese encuentro, les dice: "Id, pues, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo" (Mateo 28,19). Luego, se eleva en cuerpo y alma al cielo, sentado a la derecha del Padre, en señal de su autoridad suprema y divina.
Este momento revela la naturaleza única de Cristo: verdadero Dios y verdadero hombre, glorificado y exaltado. La Ascensión confirma que la salvación alcanzada por Jesús es definitiva y completa, y que ahora intercede por nosotros ante el Padre. Además, anticipa la esperanza cristiana en la vida eterna y en la segunda venida gloriosa del Señor.
Contexto biblico y teologico
La Ascensión está narrada en varios pasajes del Nuevo Testamento, principalmente en el Evangelio según San Lucas (24, 50-53) y en el libro de los Hechos de los Apóstoles (1, 9-11). Tras su resurrección, Jesús permanece con sus discípulos durante cuarenta días, enseñándoles y fortaleciéndolos en la fe. En este tiempo, les prepara para la misión que les encomienda: llevar el Evangelio a todo el mundo.
Finalmente, en el monte de los Olivos, ante la mirada atónita de los apóstoles, Jesús asciende al cielo en cuerpo y alma. Este hecho no solo confirma su divinidad y su condición de Hijo de Dios, sino que también marca la entrada definitiva de Cristo en la gloria celestial, donde está sentado a la derecha del Padre, intercediendo por todos los hombres (cf. Romanos 8, 34).
Significado Profundo para la Fe Católica
Para la Iglesia Católica, la Ascensión no es un simple evento histórico, sino un misterio lleno de significado espiritual:
La glorificación de Cristo: La Ascensión es la manifestación plena de la gloria de Cristo resucitado. Su cuerpo humano glorificado es llevado al cielo, mostrando que la humanidad también está llamada a la vida eterna y a la comunión plena con Dios.
La presencia real y permanente de Jesús: Aunque ya no está visible para sus seguidores, Jesús permanece presente en la Iglesia, especialmente en la Eucaristía y a través del Espíritu Santo. La Ascensión es la preparación para el envío del Paráclito, el Espíritu Consolador, que guiará y fortalecerá a los cristianos.
La esperanza de la segunda venida: La Ascensión no es un adiós definitivo. Jesús promete volver “de la misma manera” (Hechos 1, 11), es decir, en gloria y poder al final de los tiempos. Esto da a la Iglesia una esperanza viva y una expectativa constante para perseverar en la fe y el amor.
La misión de la Iglesia: Con la Ascensión, Jesús encomienda a sus discípulos continuar su obra salvadora. La Iglesia es enviada a ser “luz del mundo” y “sal de la tierra” (Mateo 5, 13-14), anunciando el Evangelio y llevando el amor de Dios a todas las personas.
La Ascensión en la Liturgia
La solemnidad de la Ascensión se celebra con gran solemnidad en la mayoría de las diócesis del mundo. Tradicionalmente, la Iglesia conmemora este misterio con misas especiales y procesiones, recordando a los fieles la importancia de mantener viva la fe y la esperanza en Cristo glorioso.
En algunos países, la fiesta se traslada al domingo siguiente para facilitar la participación de la comunidad. La liturgia destaca la lectura de los Hechos de los Apóstoles, donde se narran las últimas instrucciones de Jesús a sus apóstoles y su ascensión al cielo.
Reflexión y Aplicación para la Vida Cristiana
La Ascensión invita a todo bautizado a vivir con una mirada elevada hacia el cielo, pero con los pies firmemente puestos en la tierra, comprometiéndose con la misión que Jesús dejó a sus discípulos:
Vivir con esperanza: A pesar de las dificultades y pruebas, el cristiano sabe que la vida no termina en este mundo. La Ascensión es garantía de la vida eterna y del encuentro definitivo con Dios Padre.
Participar activamente en la misión evangelizadora: Siguiendo el mandato de Jesús, cada creyente está llamado a anunciar el Evangelio, con palabras y con obras, haciendo visible el amor de Dios en la sociedad.
Fortalecerse en la oración y la comunión: La Ascensión nos recuerda la importancia de la vida espiritual, de la oración y la Eucaristía, que alimentan y sostienen la fe en el camino hacia el Reino de los cielos.