LA FAMILIA
Carlos Hillner y Decoud nació el 14 de diciembre de 1880 en Buenos Aires. Su padre Heraclio Pedro Hillner era de origen suizo y su madre Justa Petrona (o Petronila) había nacido en el Paraguay en 1837, era hija de Pedro Decoud y de María Ramona Egusquiza. Pedro y sus quince hermanos, sus numerosos primos y sobrinos, poseían una de las más considerables fortunas del Paraguay. Era hijo del capitán Juan Francisco Decoud (de Coud) muerto el 18 de junio de 1831 y de María Faustina de Berazategui.
"VENTURA" DECOUD
Opuesto al régimen de Francisco Solano López, Buenaventura “Ventura” Decoud, hermano de Pedro, se exilió con su familia en Buenos Aires y durante la cruenta guerra de la triple alianza se enroló al ejército argentino. Luego participó activamente en la reorganización del Paraguay y perteneció a la comisión que redactó la Constitución de ese país. Promovió la creación de la Universidad Nacional en 1889. Fundó el periódico “Regeneración” donde se publicaron artículos y monografías de notorios intelectuales argentinos.
A pesar de la enemistad con los López, en su libro “Conversaciones con Elisa Lynch”, cuenta Guido Rodríguez Alcalá que: “Don Buenaventura, el cónsul, y su hermano Pedro Nolasco formaron con el general López una empresa de carácter público y privado al mismo tiempo.”
Don Carlos era medio hermano de Arsenio López Decoud [2] (1867-1945) hijo de Benigno López Carrillo fusilado por orden de
su hermano el mariscal Francisco Solano López Carrillo (1827-1870), de quien era secretario y que fue el segundo presidente constitucional de la República del Paraguay, en el período 1862 - 1870.
HERACLIO PEDRO HILLNER
La madre de Hillner y Decoud, Justa Petrona Decoud Egusquiza, a quien el terrateniente homenajea en el Museo quilmeño, había
estado casada en primeras nupcias con el comandante de artillería Benigno López Carrillo con quien tuvo tres hijos Rodolina, Adela y Arsenio que fue un notable escritor y diplomático de su país. En 1868, Benigno se vio involucrado en un complor contra el Mariscal López y fue fusilado por intentar una paz negociada con los países en guerra a espaldas de su hermano.
Petronila en los primeros años de la guerra participó de las “Residentas” del pueblo paraguayo, siguiendo al Mariscal y a la Nación toda. Sobreviviente del exterminio en las selvas paraguayas, y del asesinato de su marido, obtuvo en 1969, un salvoconducto y cien mil pesos fuertes y se estableció en Buenos Aires, donde adquirió una casa en al calle Suipacha al 500.
En 1878, se volvió a casar con Heraclio Hillner, comerciante suizo-alemán, de este matrimonio nació Carlos Hillner y Decoud.
El padre de don Carlos, quizá, perteneció a ese primer grupo inmigratorio de suizos que llegaron a la argentina después de 1877 a satisfacer los deseos de aquella generación sarmientina que estimulaba el arribo de "inmigrantes rubios". Entre ese año y 1889 llegaron al país 2171 suizos de los distintos cantones: Valais, Vaud, Argovia, Berna, Zurich y Ginebra.
Estas eran las vinculaciones familiares, sociales, políticas y económicas que rodearon el nacimiento "dorado" de don Carlos.
Doña Petronila murió en 1925.
LA INFANCIA
Su infancia transcurrió en la pampa bonaerense, donde cobró gran amor por la naturaleza y los caballos, pero luego fue enviado a estudiar a Europa, estudió en París hasta los 15 años. Estudió un año en el Colegio de Agricultura de Ipswich en Suffolk, Inglaterra. A los 17 años regresó al país. A poco de llegar y a edad muy temprana su madre lo hizo responsable de los intereses de la familia y se incorporó, por su parentesco con las encumbradas familias argentinas de los Decoud Domecq y los Machaín, quienes lo introdujeron en los circuitos sociales donde fue reconocido por su espíritu afable, don de gentes, natural aristocrático, pero sin falsas pretensiones, y por una elocuencia charlista para quien no había tema ajeno, lo cual ponía en evidencia su elevada educación. Adquirió una calera en Chubut Y luego se dedicó al negocio inmobiliario.
QUILMES
Integró los directorios de varias sociedades anónimas, ocupando altos cargos en "Quilmes Inmobiliaria", la empresa encargada de los intereses inmuebles de la corporación Bemberg. En sus años de estudiante en Europa había entablado amistad con Otto y Federico Bemberg, hijos del fundador de la empresa Cervecería Argentina Quilmes.
Patio de la casona de El Dorado
Este vínculo lo acercó a Quilmes, se apasionó de la bonanza del lugar, del clima y la proximidad con el Río de La Plata.
La vida rumbosa no le había hecho olvidar la llanura pampeana donde había transcurrido parte de su infancia, pero sus obligaciones no le permitían residir en el interior de la provincia ni en alguna de las estancias que poseían sus parientes y Quilmes que, en las dos primeras décadas del siglo XX, conservaba la vida bucólica era el lugar apropiado para residir, cerca de las dos capitales y de sus intereses empresariales.