Un espacio para aprender y reflexionar sobre idiomas, comunicación y aprendizaje.
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¿Qué pagamos cuando tomamos clases de idioma?
Por Lucas Hidalgo, 7 de octubre de 2026
Hace unas semanas que me interpela esta pregunta. Ella apareció luego de enterarme, casi de casualidad, los honorarios de otros profesionales -y de otras profesiones-. Esta comparación me llevó a pensar no tanto en el número que cobran unos u otros, sino en algo más profundo: ¿cómo se construye el valor económico del trabajo que hacemos como docentes?
De más está decir que un docente, de la disciplina que fuera, está formado para hacer lo que hace. Eso representa años de estudio universitario que incluye el contenido específico que se enseña -llámese inglés, historia, matemática, biología, filosofía, letras, química...- más la formación pedagógica (en algunos países, como en España, la formación pedagógica se adquiere haciendo un Máster luego de terminar el estudio de grado). Esa formación docente proporciona los conocimientos necesarios para la profesión. Además, la formación docente no termina con la obtención del grado: cursos, capacitaciones, talleres, estudos de posgrado, espacios de formación como congresos y jornadas son parte de nuestra vida diaria; como sucede en casi todas las demás profesiones, los profes de idiomas también continuamos aprendiendo a lo largo de nuestra vida profesional. Nuestros alumnos son los recibidores directos de todos esos procesos de continua capacitación.
Me interesa comentar, brevemente, algo que creo que es fundamental para entender nuestro trabajo: lo que hay antes de una clase, lo que hay durante de una clase, y lo que hay después de una clase. Seguramente ya escuchaste esto alguna vez. Podemos conceptualizar las ideas de trabajo visible y trabajo invisible para entenderlo mejor. La idea de que los profes preparamos las clases, organizamos los contenidos, creamos presentaciones con diapositivas, buscamos material para trabajar con alumnos, para luego pasar a dar la clase propiamente dicha -que puede ser de una hora, una hora y media-, y, finalmente, dedicarle el tiempo que corresponde a corregir tareas, leer y evaluar ensayos, preparar exámenes, corregir esos exámenes, y seguir pensando qué hacer la próxima clase. ¿Nosotros sabemos que todo eso es parte de nuestra profesión? Sí, claro que lo sabemos, pero ese no es el problema. La cuestión, que es la que intento desentramar desde el comienzo de este escrito, es que todo eso es tiempo, saberes y esfuerzo que, casi siempre, no está contemplado en términos monetarios.
Cuando tomes una clase de idiomas, entonces, no estás accediendo únicamente a una hora de clase: estás ante una persona que invirtió, y sigue haciéndolo, años en formación que se transformaron en saberes que aplica diariamente para darte lo mejor. La experiencia puede hacer que un docente trabaje de manera más eficiente pero no elimina el trabajo profesional que hay detrás de cada clase: buscamos metodologías nuevas, aplicamos tecnología, simplificamos contenidos, adaptamos recursos, pensamos constantemente en cómo hacer para que el tiempo que compartimos en clase sea de excelencia.
Quizás por eso es que una pregunta sencilla como "¿cuánto cuesta una hora de inglés?" merezca ser reformulada a: "¿Qué estamos pagando cuando contratamos a un docente?"
Si te interesa seguir pensando este tema, te espero en mi LinkedIn.
Lucas Hidalgo
Profesor de Inglés · Profesor de Español como Lengua Extranjera
Director y Profesor de Mr. English