El nombre de nuestro bar tiene un origen muy concreto. Surge del primero y el mayor autocine al aire libre de España, llamado Motocine Barajas, que existió en la misma zona que el actual bar, llegando a ser el segundo autocine de Europa.
Su dueño Andrés, ha hecho que su decoración y ambiente sea herencia de lo que en otra época existía en esta zona, el citado Motocine.
El Motocine Barajas, fue el sueño de la modernidad en los años 50, creado en el año 1959 el 17 de abril.
La idea estaba importada de los EEUU por un empresario español relacionado con las artes escénicas.
La iniciativa no tuvo un excesivo éxito en España y cerró a los pocos meses, pero la gran pantalla de hormigón se conservó durante mucho tiempo.
Aunque ya no queda ningún vestigio del viejo cine de verano, en la actualidad la zona en la que se ubica el bar se llama por los vecinos del barrio, el Motocine, de ahí nuestro nombre.
Un pasado muy presente en el interior de nuestro local.
Se escogió esta zona, entonces deshabitada, porque lindaba con la carretera de Barcelona, y era un acceso fácil para los militares norte-americanos de la base aérea de Torrejón de Ardoz.
La obra que en 1959 inauguró la compañía Peninsular de Asfaltos y Construcciones, con diseño del arquitecto Fernando Chueca y del ingeniero Severino Bello: el Motocine Barajas. era un espacio que tenía 40.000 metros cuadrados, con capacidad para 700 vehículos que se repartían en 13 filas. El acceso a la explanada de proyección se realizaba desde el punto en el que confluían la, por aquel entonces denominada, autopista de Barajas y el ramal de entrada al aeropuerto, en lo que en la actualidad es el final de la calle Pinos de Osuna.
Según publica la Asociación Cultural 'Barajas, distrito BIC', que trabaja para potenciar y difundir el Patrimonio Histórico del distrito madrileño de Barajas, basándose en el artículo 'Motocine Barajas, sueño truncado de modernidad', de Enrique Armendáriz.
Peninsular de Asfaltos y Construcciones, la empresa que se encargó de la obra, sabía de su importancia y que no culminaría de un día para otro. Severino Bello se asoció con su propio hermano, Fernando Chueca, el arquitecto que diseñó el motocine, además de con Antonio Garrigues, abogado, y Walter Whitawer, arquitecto americano responsable del diseño de varios autocines en su país. Cinco o seis años después de la idea inicial, tenía lugar la inauguración oficial del Motocine Barajas, como así quedó bautizado.
Era el segundo autocine que se abría en Europa, después del de Roma, y contaba con una pantalla de uralita de 40 metros de longitud y 15 metros de altura, además de dos bares para atender a la clientela.
El periódico ABC del día siguiente de la inauguración del evento reseñaba en su sección de espectáculos, donde se añadía que el mismo contó con la presencia figuras públicas muy cercanas al régimen franquista como la actriz Niní Montián y el torero Luis Miguel Dominguín.
El torero Luis Miguel Dominguín, uno de los invitados VIP de la época, desveló en la revista Blanco y Negro que la principal ventaja de los cines era que, según le había explicado su esposa Lucía Bosé, "las mujeres no tenían que arreglarse" y así no había peleas en el "toilette".
Se construyó una gigantesca pantalla de hormigón y se habilitó el parking para los vehículos.
Esta gran explanada, en donde había un picadero de caballos, era lugar de juegos y prácticas de bicicleta y de coches, hasta que a principios de los años noventa se fue urbanizando hasta presentar el aspecto que tiene hoy día.
El motocine contaba con una pantalla de uralita de 40 metros de longitud y 15 metros de altura y dos bares para atender a toda la clientela. En el proyecto inicial, según contaban los diarios un año antes de su apertura, se pretendía que el autocine tuviera hasta guardería para dejar a los niños (sí, en 1959; pero no, al final no tuvo).
Era el segundo autocine que se abría en Europa (después del motocine de Roma, también en las afueras de la ciudad, a 22 kilómetros), pero más grande (un concepto que gustaba a la dictadura).
La sala de máquinas
Acceso al lugar
Dio trabajo a muchos vecinos
Anuncio a la entrada del recinto con la película que se veía en ese momento.
Las películas se podían escuchar dobladas al castellano o en su versión original a través de unos altavoces –el sistema tradicional– que se colgaban de las ventanillas.
Lo del inglés era un reclamo a los militares estadounidenses desplazados a la base aérea de Torrejón de Ardoz, que esperaba atraer a diario.
Más tarde se utilizaron pequeños altavoces que se colgaban de las ventanillas de los vehículos y se conectaban por cable a la fuente original. Con el paso del tiempo este sistema de audio se fue perfeccionando hasta que apareció uno más económico y que sufría menos averías.
Se trababa de la radiodifusión. Los vehículos podían sintonizar la frecuencia del cine como cualquier canal de radio AM o FM. Con ello podían disfrutar de un sonido en estéreo y ajustar el volumen a su gusto para disfrutar al máximo de las proyecciones.
Ofrecía una película en sesión continua. La primera sesión era a las ocho y la última, a las once. La entrada costaba diez pesetas por coche y veinte pesetas por cada ocupante (en 1959 una entrada en cualquier cine de sesión continua costaba entre 10 y 20 pesetas, así que tenía un precio de mercado).
Este área de aparcamiento albergaba hasta 700 -800 plazas, según la fuente consultada.
Solo duró unos meses, poco tiempo pero el suficiente para cosechar éxitos gracias a películas como El bebé y el acorazado, La Pícara Edad, Jubal, Cenizas Bajo el Sol o El Zorro de los Océanos entre otros.
El día de la inauguración –especial para VIP– se proyectó únicamente el ‘No-Do’ (arrancó con un reportaje sobre la llegada a Madrid desde Tokio de bombas de cobalto para el tratamiento del cáncer y con la celebración del domingo de resurrección en la catedral de San Patricio, en Nueva York, ante la atenta mirada del cardenal Spellman) e ‘Imágenes’. A continuación habló con el público Walter R. Whitver, oriundo de Fargo, North Dakota, consejero delegado de la gestora del motocine y empresario con experiencia en la puesta en marcha de autocines, según recogieron los diarios de la época.
Archivo de imágenes de la Comunidad de Madrid
La actual Calle de los Pinos de Osuna.
PEGASO 02.– Ciudad Pegaso 03.– 5 de diciembre de 1962. 06.– Sala disponible en la Ciudad de dicho nombre, habitada por más de 7.000 empleados, obreros y familiares, de la Empresa Nacional de Autocamiones, S.A (Enasa). 07.– Julián Reyzábal Larrouy 09.– El último programa del que se tiene noticia era: De la Tierra a la Luna y otra cinta sin especificar. 10.– Es baja en el REC, el 10-V-74. Una vez cerrado, lo ocupó la Guardia Civil. Posteriormente quedó como propiedad del Patrimonio del Estado, y lo utiliza una asociación de vecinos de San Blas, Rejas. Recientemente ha sido cedido al Ayuntamiento.
Entrada al Parque del Capricho
Fotografía aérea de 1970, donde vemos El Ramal y el puente del ferrocarril que lo atraviesa, aunque aún no se había construido el viaducto de la M-40. Fuente “Paisajes españoles”. Vemos la fuerza que aún tenía este eje, actual Paseo de la Alameda de Osuna, por donde pasaba además la Cañada Real.
Archivo de imágenes de la Comunidad de Madrid
Archivo de imágenes de la Comunidad de Madrid
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El gran proyecto que sus creadores habían construido se inauguró el año 1959 el 17 de abril y pese a la innovación del proyecto y pese a las ganas de sus propietarios, el autocine cerró a los ocho meses.
El proyecto chocó con las las instituciones políticas de su tiempo.
Unas fuentes achacan el fracaso a la falta de preparación del pueblo para tal adelanto y otras, a la falta de preparación de la jerarquía y de los estamentos sociales de la época.
No tardaron en tacharlo de inmoral al ser potencialmente un lugar idóneo para comportamientos “indecorosos” al resguardo de la oscuridad de la noche y las capotas de los coches.
El Motocine Barajas proyectó su última película el 7 de diciembre de 1959 y pasó a la historia como un sueño real pero efímero.
El recinto sería utilizado durante la década de los sesenta para otras, ya escasas, actividades relacionadas con la industria de la automoción para caer, por fin, a partir de la siguiente en el más completo olvido y degradación que darían pie al actual desarrollo urbano que se levanta a ambos lados de la calle Obenque.