Acrílico sobre lienzo
12 x 25 cms
Conserva un instante que, por su brevedad, parecía destinado a desaparecer. Un abrazo espontáneo se convirtió en un refugio compartido, donde el tiempo dejó de avanzar y el mundo perdió toda importancia. Solo permaneció en silencio el latido de dos corazones muy cerca el uno del otro.
La figura de la niña ocupa el primer plano, entregada por completo al descanso y a la confianza. Detrás de ella, apenas perceptible entre las sombras, emerge una presencia, una figura difusa que sostiene sin reclamar protagonismo, recordando que el amor más profundo muchas veces habita en aquello que permanece en segundo plano.
La obra no habla únicamente de la infancia, sino del privilegio de ser refugio para alguien más. Es la memoria de un abrazo que se negó a terminar, de un instante en el que dormir significó confiar plenamente, y de la certeza de que existen momentos tan pequeños que permanecen en la memoria y los corazones de quienes los viven.