1889-1927
¡Solo anhelo ser siempre en mis dichas y males, y vivir la tristeza de los días iguales,..........
Nací el 11 de agosto de 1889 en la calidez de Guayaquil, en el seno de una familia aristocrática que me brindó una vida de comodidades y privilegios. Desde joven, fui un espíritu inquieto, pero la melancolía me atrapó tempranamente. Mientras mis contemporáneos hallaban goce en la vida mundana, yo me refugiaba en la literatura, en la poesía de aquellos que, como yo, parecían condenados a la angustia. Con el tiempo, el destino me llevó a Europa, donde mis ojos descubrieron la belleza decadente de Verlaine y Baudelaire. Fue en esos versos donde hallé el reflejo de mi propia existencia: un alma atormentada por el amor y la desesperanza, atrapada entre la sofisticación del lenguaje y el abismo de la tristeza.
Mi poesía fue mi confesión. Cada verso era un suspiro, una nota doliente arrancada a mi pecho. En "Romanza de las horas", condensé mi visión del amor: no como un júbilo, sino como una condena inevitable. La musicalidad de mis versos, enriquecida por el simbolismo, tejió un universo donde la desesperanza se hacía arte. No buscaba respuestas, solo quería capturar la efímera belleza de la tristeza.
La sociedad me veía como un hombre de fortuna, pero dentro de mí habitaba un tormento que pocos comprendían. La morfina se convirtió en mi fiel compañera, un alivio fugaz para mis noches insomnes y mis pensamientos tortuosos. Pero no hay bálsamo suficiente para un alma rota. Día tras día, la sustancia que me calmaba también me consumía, arrastrándome a un espiral de deterioro.
El 7 de diciembre de 1927, mi historia llegó a su desenlace. Una sobredosis me llevó a ese punto sin retorno que tantas veces había presentido en mis versos. No hubo dramatismo, solo el eco de un destino que se cumplía. Me fui como viví: sumido en la melancolía, envuelto en el misterio de la poesía y la tragedia.
Ahora, mis versos permanecen, como testigos de una vida marcada por el arte y la desesperanza. Mi nombre resuena en la Generación Decapitada, un grupo de almas afines que, como yo, hallaron en la poesía la única forma de enfrentar un mundo que nunca supo comprendernos. Que mis palabras sean el eco de mi existencia y que, al leerme, escuchen en ellas la voz de un hombre que convirtió su sufrimiento en belleza.
OBRAS
"Romanza de las horas" 1922
Su obra más representativa, donde el amor y la desesperanza se entrelazan en un lamento lírico cargado de musicalidad y simbolismo.
" Luna de aldea"
1916 - 1920
Es un poema melancólico donde la luna simboliza la soledad y el ensueño del poeta. Con una musicalidad envolvente, refleja su nostalgia y su espíritu atormentado, influenciado por Verlaine y Baudelaire.
"De aquel amor lejano"
1916 - 1920
Refleja la melancolía y el desencanto característicos del poeta, evocando un amor perdido con un tono nostálgico y musicalidad refinada.