Se han escrito , descrito , aportado y explicado de mil formas y maneras los secretos y las excelencias de la vida en común de una pareja que se ama, como también no se han escatimado esfuerzos en dar manuales, recetas y cientos de habilidades para el éxito de ese proyecto común, y algunos de ellos con un gran sentido común y acierto , incluso con una buena dosis de alegría y buen humor, lo cual en estos tiempos actuales es de agradecer.
Ciertamente no puedo añadir nada a esos eminentes escritores de pluma elegante y de exquisito buen gusto literario.
En las líneas que siguen lejos de querer encajar en el mundo de los manuales, consejos y demás pautas de comportamiento y “solucionario” pretendo, quizás dar un poco de rienda suelta a pensamientos propios fruto de los cientos de parejas que me han confiado algunos de sus momentos complejos o quizás menos brillantes de su viaje de pareja y cuyo denominador común es básicamente la desorientación y alguna pequeña dosis de inmadurez en varios ámbitos de la relaciones y vínculos afectivos..
Hablo en las líneas siguientes de trenes ,vías y viajes, sin embargo, lo que subyace son dos ideas básicas “nadie da lo que no tiene” y “saber quien soy me hace saber lo que debo hacer”, ponga el lector el orden que quiera en ambas.
El autoconocimiento y el conocimiento de quien soy respecto a mi compañero/a de viaje, determinara lo que tengo/debo/quiero hacer en ese viaje común.
Por otro lado, si en mi vida personal no hay armonía, no hay equilibrio personal, en definitiva, no hay motivación esencial por “disfrutar” del viaje, convertiré lo que debiera ser una maravillosa aventura con la persona escogida en una amarga experiencia agarrada al deseo de que se termine lo antes posible, y desde esa amargura ¿Qué puedo aportar al proyecto común? .Un esposo triste es un triste esposo.
Animo pues al lector a “distraerse” en la lectura de estas palabras entrelazadas para compartir las vicisitudes de este viaje que -cada uno en su via- nos lleva, por recorridos distintos, paradójicamente al mismo destino.
El autor
¿Que hicimos?
El matrimonio, esa unión sagrada y a veces desafiante entre dos personas, es un viaje lleno de altibajos, aprendizajes y transformaciones. A menudo, nos encontramos sumidos en reflexiones profundas sobre el rumbo que ha tomado nuestra relación. En lugar de centrarnos exclusivamente en cómo mejorar y organizar nuestras vidas juntos, a veces nos vemos atrapados en la pregunta intrigante: "¿Qué fue de lo nuestro?" Esta cuestión puede abrir una ventana fascinante hacia la esencia de nuestro matrimonio, ayudándonos a comprender mejor nuestro pasado, presente y futuro.
La Naturaleza Evolutiva del Matrimonio
El matrimonio es y debe ser un proceso dinámico que evoluciona a lo largo del tiempo. Comienza con un cúmulo de emociones apasionadas, pero con el paso de los años, esas emociones iniciales deben transformarse en un sentido más profundo de conexión y compromiso. A medida que enfrentamos desafíos y celebramos victorias juntos, nos encontramos inevitablemente preguntándonos qué ha ocurrido con esa chispa inicial y cómo hemos llegado a ser la pareja que somos hoy.
Explorando "¿Qué fue de lo nuestro?"
Cuando nos preguntamos "¿Qué fue de lo nuestro?", estamos dando paso a un acto de introspección y autoevaluación. Estamos tomando un momento para desempolvar los recuerdos de los primeros días, recordar los momentos significativos y analizar cómo hemos cambiado tanto a nivel personal como a nivel de núcleo familiar, pareja, etc. colectivamente. Esta pregunta no implica necesariamente que la relación haya perdido su magia, sino que estamos reconociendo que el tiempo y las experiencias nos han moldeado y han influido y aportado diversos matices, pequeños o grandes.
Aprender del Pasado para el Presente
En lugar de descartar la pregunta como nostalgia sin sentido, podemos usarla como una herramienta para mejorar nuestro matrimonio en el presente, actualizarnos, en definitiva. Reflexionar sobre cómo hemos resuelto conflictos, enfrentando desafíos y celebrados logros en el transcurso del camino puede proporcionarnos lecciones valiosas para aplicar en el futuro. Al analizar cómo hemos evolucionado juntos, podemos identificar patrones positivos y áreas en las que debemos trabajar para fortalecer nuestra relación.
Reavivar la Chispa
Preguntarnos "¿Qué fue de lo nuestro?" También puede ser una invitación para revivir – que no recordar- la chispa que nos unió en un principio. Recordar los momentos divertidos, las conversaciones profundas y las pequeñas cosas que nos enamoraron puede avivar la pasión que a veces queda relegada en la rutina diaria, y esa rutina llevada a su extremo es la mayor destructora del proyecto inicial. Podemos encontrar maneras de incorporar elementos de esos momentos especiales en nuestra vida actual, renovando así nuestra conexión emocional.
Mirando hacia el futuro
La pregunta "¿Qué fue de lo nuestro?" no solo nos conecta con el pasado, sino que también nos impulsa a pensar en el futuro. Al reconocer cómo hemos cambiado y crecido juntos, podemos imaginar cómo queremos que sea nuestra relación en los años venideros. Definir metas y aspiraciones compartidas puede darle un nuevo propósito a nuestra unión y ayudarnos a organizar nuestras vidas de una manera que esté alineada con nuestros valores y deseos.
En resumen, el matrimonio es un viaje en tren. En un momento determinado de nuestra historia, quizás sin saber por qué escogimos un compañero/a de viaje y lo invitamos a realizar ese viaje juntos el camino es único y unidireccional y las dos vías (cada uno tiene su personalidad) van en la misma dirección (sea cual sea el destino) pero en paralelo, y son necesarias dos vías, ni más ni menos, y el tren es el proyecto común que circula sobre esas dos vías. Dentro del tren podemos reorganizarnos, movernos, adecuarlo a nuestro gusto, y dentro del tren tenemos todo lo necesario para que el viaje sea agradable, es por tanto “reorganizativo” porque es variable en su orden, pero tambien es dinámico porque el tren está en marcha, el proyecto sigue su camino imparable. En otra ocasión hablaremos de las vicisitudes del camino, de las paradas, y de las personas que vamos “recogiendo” en ese caminar y que intervienen también en ese viaje en tren.
¿Qué fue de lo nuestro? (II)
Imaginemos por un momento que escenificamos nuestras vidas a través de un viaje en tren y permitirme focalizar la fuerza de la vida, la energía vital, o por decirlo de alguna manera la “fuerza motriz” en la locomotora.
Nuestra “locomotora” siempre es recibida, no es aportación propia, veamos a que me refiero.
Nacemos en el seno de una familia que no hemos escogido, en una época concreta con sus peculiaridades, y sus vicisitudes y tampoco escogemos el lugar de nacer. Y tampoco decidimos existir, por tanto, esa locomotora nos viene dada en forma tiempo y lugar no escogido.
Esa máquina trae consigo un vagón , ese vagón también nos viene dado , donde transcurre nuestra vida con el resto de componentes de nuestra familia, con su estilo de vida, con los elementos decorativos el ambiente la educación el estilo etc que nuestros padres deciden y con las vivencias que el recorrido vital nos va aportando desde el exterior, y que tampoco escogemos.
La circulación del tren discurre en la dirección prevista, que tampoco hemos escogido, fiel a los railes y haciendo las paradas en las estaciones determinadas por el jefe del tren (habitualmente nuestros padres)
En ese vagón suben algunos visitantes que en las distintas paradas podemos encontrar, que en determinado momento deciden bajar del tren o las circunstancias obligan a su salida del vagón siendo por tanto un cúmulo de relaciones variables y cambiantes.
A lo largo del recorrido, -tampoco escogemos el momento-, uno de los viajeros que entran en nuestro viajar, atrae poderosamente nuestra atención hasta hacernos plantear construir un nuevo vagón, en una nueva via, un nuevo viaje y destino donde arrastrados como siempre por la locomotora, tenga su propio recorrido asi como sus propias estaciones, y por ello tambien su propio trasiego de pasajeros y visitantes.
Hasta aquí todo parece lógico razonable e incluso deseable y muy atractivo, veamos sin embargo algunos detalles de los dos vagones que han surgido en esta historia.
En el primer vagón que vivimos y nos relacionamos se establecen lazos afectivos y emocionales muy potentes, la madre, el padre los hermanos etc. Son nuestros compañeros de viaje, no escogidos, con la relación más intensa, son en definitiva nuestros vínculos mas potentes, en ese vagón aprendemos lo más esencial para vivir, el respeto, la autoridad, el orden, y sobre todo aprendemos a amarnos de una manera incondicional, es en definitiva nuestra familia, donde nos quieren por lo que somos y no por lo que hacemos o por lo que valemos.
¿Qué pasa entonces cuando un pasajero nuevo interfiere impetuosamente, profundamente e intensamente en nuestra vida, hasta hacer el planteamiento de abandonar el cómodo vagón dónde nos hallábamos instalados?
Nada hay más motivante que un nuevo proyecto personal, junto a alguien que por primera vez hemos escogido nosotros. Es una relación querida por nuestra voluntad, y recibimos de la otra persona algo imposible de imponer como es el amor, (no podemos obligar a nadie a que nos ame).Este nuevo vagón requerirá de sus propias vías, su propio destino y sus propias paradas, que escogeremos libremente, y tambien ello conllevara escoger a quien queremos integrar en nuestro vagón y cuáles serán los lazos y vínculos emocionales que desarrollaremos en ese vagón mientras imparablemente seguirá avanzando hasta el final de su recorrido.
Hay algunas cuestiones que aparecen algunas veces y que pudieran causar efectos no deseados en ese viaje.
Hagamos un esfuerzo e imaginemos que desde el momento de la “creación” de nuestro vagón y recorrido propio y como es de esperar destino o lugar deseado sea distinto y tambien las velocidades entre ambas locomotoras,-esto no es difícil de entender y nos puede parecer muy lógico y esperable-. Ahora bien, una situación que podría darse seria la existencia de un lazo o vinculo de uno de los integrantes del nuevo vagón, con el anterior vagón que ocupaba.
Lo que ocurre entonces es que la imagen que representa esta situación seria la de un vínculo que no deja que permanezcamos con total seguridad en el vagón que hemos escogido, se presenta un panorama
contradictorio, tenso, y aquello que nos fue dado, impide que podamos permanecer en aquello que hemos escogido. Con esta imagen pretendo dar visibilidad a la imposibilidad de emprender la nueva via, sin la ruptura de lo que nos ata a un vagón que transcurre por otra via distinta, no por ello mala o rechazable, pero que, en este momento histórico, no solo no nos es útil sino todo lo contrario, podría incluso llegar a provocar nuestro descarrilamiento (hacer el esfuerzo de visualizar dos trenes atados por una cadena irrompible y lo que ocurriría en un desvio de vias).
Este nuevo vagón requiere de la atención precisa y constante del jefe de tren - que ahora soy yo, junto con la persona escogida para compartir esa jefatura- y deberemos tomar decisiones y decidir, y escoger, y admitir o no a los nuevos pasajeros que, en el nuevo recorrido, y en las nuevas estaciones vayamos encontrando en nuestro personal y único viaje.
¿hay que romper los vínculos con nuestros antiguos compañeros de vagones? En absoluto, el cambio no está en una ruptura, sino precisamente por ser caminos distintos, hay que transformar el tipo, la forma y manera de vivir ese vínculo. El lazo de unión, deberá ser una cuerda flexible, elástica mas bien, adaptable, es decir nada dependiente.
En nuestro particular viaje todas las fuerzas de nuestro vínculos emocionales y afectivos se tornan entonces compartidos con nuestro nuevo compañero de vagón, y sólo tenemos una cuerda para atarnos. El reto es imaginarse la consecuencia de mantener dos cuerdas o estar atados al vagón equivocado. Invito su visualización a la imaginación del lector.
Dejo para el próximo articulo el hablar de cómo son los vagones de estos trenes, y que sucesos se dan en ellos, lo cual condiciona el bienestar propio, y el tener un viaje agradable.
QUE FUE DE LO NUESTRO (III)
Estamos situados en ese tren, tenemos claro que hay un final de recorrido, del cual, y desde la lógica y desde la evidencia no conocemos, y también es patente que la locomotora nos viene dada, y tampoco sabemos la duración en el tiempo de ese viaje.
El vagón que hemos construido con nuestra pareja, a la que hemos subido al tren, con la que participamos y compartimos ese viaje, ese vagón tiene algunas peculiaridades que intentaremos describir.
AL subir a ese vagón, nuevo, desnudo de experiencias y vivencias, centramos nuestra atención en las emociones que nos envuelven,
Quizás se asemeje la experiencia a lo que pudiera vivirse en palacio real donde todo es novedoso , las luces, los colores . No sabemos donde fijar la mirada, podríamos decir que todos nuestros sentidos están en su máxima potencia en cuanto a la captación de aquello que nos rodea.
El inicio de la vida en común es ,en la mayoría de los casos y en el contexto del inicio de esa vida de unión, una explosión de lo sensitivo, algo que podríamos describir como un cabalgar casi desbocado emocional
En alguna parte se han descrito 27 emociones humanas, en tres grupos positivas, negativas, y variables, no nos vamos a entretener ahora a hilvanar un relato por ese cumulo de definiciones, pero pienso que coincidirá el lector en esos inicios del viaje pocas emociones negativas íbamos a detectar.
Lo novedoso, la ilusión la alegría, el bienestar y un sinfín de carga sensitiva nos hacen focalizar la vida en la intensidad de esas vivencias mas que en los contextos de las mismas.
Estamos pues en este relato situados en un vagón, semejante a todos los vagones que circulan, pero con peculiares vivencias en su interior y en marcha, también con sus propias paradas en su recorrido, que no necesariamente coincidan con las del resto de vagones que circulan por cada una de las innumerables vías que existen.
Pero ¿Qué ocurre dentro del vagón en el devenir de los tiempos?
Los que ocupan el vagón lo decoran a su gusto, lo engalanan, lo mantienen en modo aceptable y en perfecto estado para su disfrute, detalles personales, recuerdos de lugares y momentos aquello de allí, esto de allá, van configurando una historia común, algo que ya no es mío sino nuestro. Toma entonces ese vagón un matiz que a forma de espejo refleja quienes somos y como vivimos, aunque por fuera no se dintingue.Las entrañas del vagón son parte de nuestra propia existencia.
LA ENEMIGA
A este respecto se me sugiere una cuestión. ¿Qué ocurre si ese vagón permanece estático y exactamente igual al primer día en que lo dejamos listo para entrar?
No es difícil imaginarse un lugar , un ambiente concreto permanentemente igual como tampoco es difícil imaginarse el deterioro que el propio tiempo provoca en la estructura del vagón. Hay otro deterioro imperceptible que el paso del tiempo puede provocar dentro de ese vagón. Ese deterioro no visto, viene producido por la pasividad, la monotonía, la rutina, un sinfín de definiciones que chocan con dos realidades que pueden llevarnos a convertir la vida dentro del maravilloso vagón que hemos escogido en un verdadero infierno y también hay otras circunstancias que pudieran influir en el deterioro de nuestra vida dentro de ese vagón y que rompen la armonía que con tanta emoción hemos construido dentro de ese espacio.
La ausencia de iniciativas, el dejar simplemente pasar el tiempo, el dejar morir lo emocionalmente motivante de nuestra vida dentro del vagón, puede dar un vuelco a nuestras expectativas de cómo queremos vivir la vida.
Es necesario pues y después de la explosión emotivo-sensorial del inicio establecer pautas que ilusionen o motiven nuestra existencia compartida. Es un buen reto preguntarse de que forma y manera intentaremos “sorprendernos” a nosotros mismos y sorprender a nuestro compañero de viaje, lo contrario podría convertir aquel palacio que nos deslumbró en una sórdida cárcel bonita y suntuosa, pero cárcel, al fin y al cabo. Reto al lector a examinarse cuantas veces en el transcurso de la existencia compartida de su vagón ha realizado actuaciones “porque si” simplemente por sorprender al otro o cuantas veces he actuado de forma de querer “reconquistar” de seducir de hacer revivir aquello que nos hizo subir al vagón juntos.
Esas posturas , esos detalles son las actualizaciones que rompen la inercia de la monotonía e impiden que nuestra relación acabe como un juguete roto que ya no nos gusta.
Muchos habrán observado las caras de los niños en el día de Reyes, manifiestan algo inocente y hermoso, la ilusión, basada en la sorpresa ¿Qué hay en ese paquete? ¿Qué me han traído? Y vuelvo a retar al lector ¿Cuántas caras de “reyes” hemos conseguido de nuestra compañera o compañero de viaje?
¿Nos animamos entonces a los “porque si”?
A través del viaje de ese vagón se producen inevitablemente y dentro de ese espacio, algunos hechos que distorsionan la armonía inicial diseñada, esperada, y ilusionante establecida y en donde pusimos toda nuestra carga emocional.
La llegada de un hijo quizás, algo maravilloso y estupendo ,una enfermedad no esperada, un traspiés económico, un cambio de situación en cualquiera de los ámbitos que nos rodean., son elementos que pueden llegar a distorsionar , además no sólo estan esos elementos distorsionantes, sino que hay que añadir como vive cada uno de los moradores del vagón esas circunstancias que algunas son externas e impuestas y otras son consecuencia de nuestros propios errores (que los tenemos por nuestra naturaleza de ser humano).
A este respecto dejarme utilizar una palabra en concreto .”reorganización”.
La vida dentro del vagón es dinámica, no sólo por las distintas paras , gentes y novedades que el propio viaje nos depara, sino por la propia esencia cambiante de los seres vivos y también por la propia historia , la propio y de la sociedad que nos rodea.
Antes he aludido a algunas distorsiones importantes como la venida de un hijo. Sea cual fuera el tamaño o efecto de la distorsión , de ese “terremoto” vivencial que nos llega, sea buscado, querido, o sea impuesto, la realidad es que es necesario tomarse en serio esa nueva circunstancia ya que no hacerlo puede hacer descarrilar el vagón en su recorrido.
La reorganización de nuestra relación mutua (tu-yo) nos tiene que llevar a plantear básicamente nuestra postura -mutua y compacta- frente al nuevo hecho sobrevenido.
El enemigo aquí es la improvisación, el histerismo, o peor aún la inhibición de uno , del otro o de ambos.
La toma de conciencia de esa nueva dificultad (agradable en caso de un nuevo hijo) debe llevarnos a más horas de encuentros donde decidamos como reorganizar el vagón con las nuevas circunstancias, que además también serán cambiantes en el tiempo, por tanto, la vida dentro del vagón es un constante reorganizar nuestra vida dentro de él y eso no les quepa duda requiere tiempo , dedicación y flexibilidad.
La dedicación de tiempo está en tres planos, mi tiempo, el de mi compañera/o de viaje, y el de ambos. Y los tres planos son necesarios e importantes, si esos planos la figura geométrica está incompleta. Debo entonces dedicar tiempo a esa reorganización, debo tambien facilitar el espacio para que mi compañera/o le dedique ese tiempo necesario, y debo dedicar tiempo a que ambos podamos hablar “de lo nuestro” y como enfocar “lo que nos ha venido”.
A ese aspecto como dice la bachata famosa “quisiera tener burbujas de amor”, sin esas burbujas, -tiempo y espacio, en definitiva- es imposible la adecuada reorganización. Otro reto para el lector . ¿Cuánto hace que no estoy a solas con mi pareja para hablar de nosotros en un ambiente agradable sin prisa? Al igual que ocurre con el agua que sin burbujas de oxigeno se pudre, la vida en común sin burbujas de amor…se disuelve.
Terminare con una conocida anécdota para aquellos que ahora estan pensando “no tengo tiempo”
En una clase magistral en una famosa escuela de negocios el ponente cogió un gran jarrón de cristal y empezó a poner piedras grandes y pregunto ¿está lleno el jarrón?
Si contestaron
Añadió piedras mas finas y entra las grandes entro una cierta cantidad de esa gravilla. Volvió a preguntar ¿está lleno el jarrón?
Si, afirmaron los alumnos
Acto seguido volcó dentro del jarrón arena fina, y efectivamente fue significativa la cantidad de arena que admitió el jarrón, y lo lleno hasta el borde
Y ahora esta lleno increpo de nuevo el profesor
Ahora si que esta del todo lleno, respondieron los alumnos.
El ponente en aquel momento, abrió una cerveza, y con sumo cuidado, la fue vaciando por encima de arena, quedando absorbida dentro del jarrón
La moraleja es que por muy lleno que este nuestro “jarron-dia”, siempre cabe una cerveza.
Y me pregunto, por muchas vicisitudes que tengamos ¿ no hay tiempo para una “burbuja de amor” de vez en cuando?