En esta época brillante y ruidosa, donde los influencers se codean con políticos y los anuncios nos persiguen como sombras en el ciberespacio, hemos llegado a un curioso acuerdo social: aceptar lo ambiguo como verdad absoluta. Este ensayo filosófico disfrazado de trivialidad analiza cómo una sociedad moderna, en su infinita sabiduría, ha transformado conceptos como "fresco" y "frío" en herramientas de seducción y engaño.
El Hueco Lingüístico de lo "Fresco"
Imaginemos una caja de huevos. En la etiqueta, una gallina feliz baila en un campo radiante, bajo un sol que parece salido de un cuadro de Van Gogh. ¡Huevos frescos!, proclama el envoltorio. Fresco: reciente, recién recolectado, digno de una estrella Michelin. Pero al abrir la nevera y tocarlos, están fríos. Ese término cargado de promesas no hablaba de temporalidad, sino de temperatura. La frescura, esa cualidad que nos remite a la inmediatez del origen, es aquí un simple juego semántico. La nevera, al parecer, también puede dar frescura.
De esta confusión nace el arte del engaño moderno: decir una verdad sin contexto, para que sea la imaginación del receptor quien complete el fraude.
Pastelerías Artesanales (Mecánicas)
Consideremos ahora la bollería "artesanal", esa etiqueta que evoca el trabajo minucioso de manos expertas amasando con paciencia. En un documental reciente, una pastelería fue filmada etiquetando productos como "artesanales" porque el último paso del proceso, meter los croissants en cajas, lo realizaban empleados humanos. Todo lo anterior: la mezcla, el amasado, el horneado y el glaseado, estaba a cargo de imponentes máquinas de acero inoxidable.
Técnicamente, no mentían. Había "artesanos" involucrados, aunque su función fuera digna de un robot. Pero, ¿es la "artesanalidad" una caja de cartón cerrada a mano? En el juego de palabras, el contexto se sacrifica, y el consumidor, encantado con su ilusión de autenticidad, no pregunta más.
La Política de lo Ambivalente
Si esta técnica funciona para vender bollos, ¿por qué no para gobernar? Los políticos han perfeccionado el arte de hablar sin comprometerse, diciendo una cosa y la contraria en el mismo discurso. Prometen "progreso sostenible", sin explicar si se refieren a desarrollo económico o a salvar el Amazonas. En una frase, celebran la "diversidad" mientras justifican "medidas restrictivas"; y en otra, condenan la corrupción mientras alaban a compañeros condenados por malversación. La belleza del engaño está en su precisión quirúrgica: no necesitan mentir, sólo dejar que nuestra imaginación haga el trabajo.
El Mal Como Maestro de Estilo
Alguien dijo que el mal es el "padre de la mentira". Quizá deberíamos actualizar esa frase: el mal es el padre de la ambivalencia. Mentir es burdo y arriesgado; la manipulación moderna opera mejor cuando no hay una mentira clara que desenmascarar. Esta ambivalencia se asemeja a los dogmas de ciertas sectas, donde el significado de las palabras cambia dependiendo del líder que las pronuncie.
¿Cómo despertaremos de este sueño inducido? Primero, reconociendo que estamos dormidos. Como ciudadanos, consumidores y seres humanos, debemos aprender a preguntar, a diseccionar, a sospechar. Si un huevo "fresco" está frío, tal vez no sea tan fresco como creemos. Si algo "artesanal" huele a máquina, quizá sea tiempo de exigir definiciones claras.
El Camino Hacia la Verdad
La democracia no puede sobrevivir en un mundo de medias verdades y contextos mutilados. Necesitamos un lenguaje que no sea arma ni trampolín para el engaño. No porque queramos un mundo perfecto, sino porque un mundo con huevos realmente frescos sería un buen comienzo. Despertar significa ver más allá del envoltorio, del eslogan y del discurso.
Así que, la próxima vez que veas "huevos frescos" en la nevera, pregúntate: ¿De verdad lo son? Y, más importante aún: ¿Cómo de fresco es el sueño del que queremos despertar?