Que el apremio no le quite su historia

Aprende a narrar cuentos

La vida de un niño se nutre de palabras

De caricias, ternura, límites, amor, por supuesto. Pero ¿cómo puede suceder todo eso sin Palabra?

La palabra nombra, canta, expresa, repara. Se mete suavemente en las entrañas. No importa si es palabra dicha o palabra imaginada, si se expresa a viva voz o en lenguaje de señas. Todo nace de una palabra.

Las palabras son mágicas.

Si quieres enriquecer la vida de tu hijo, enséñale a amar los libros.

¿Que cada noche le lees un cuento? ¡Eso es fantástico!, aunque no es necesario ni suficiente. Porque el amor a los cuentos, el placer de leer libros, no se siente si no se le contagia.

El contagio sucede cuando la persona se expone al germen narrativo. Y para que esto ocurra, debe vivir en un ambiente narrativo. Un lugar donde los libros se utilicen. Donde las palabras se presenten de manera que permitan crear imágenes, vivencias, emociones; y conectar con su esencia.

Si amas los libros, alojas el germen narrativo. Encuentra al narrador que te habita y crea el ambiente necesario para que tu hijo se contagie.

La oralidad no sólo es el acto de hablar en voz alta.

En la medida que le cuentas y que cuentas con el niño, estás creando no solamente la capacidad de imaginar y la capacidad de crear sino que estás creando la necesidad de aprehender cada vez más en el mundo que le rodea. La lectura va a completar a ese narrador, a ese conversador oral que el niño no puede tener siempre consigo.

Francisco Gastón Céspedes

De lo que no tengo dudas es que la palabra hablada, la murmurada, la palabra desnuda que encuentra el alma de otro ser, la primitiva que hoy teje nuestras entrañas, existe desde siempre y nos habita.

¿Quieres conocer algunas propuestas que te ayudarán a contar historias?