Al día siguiente, Derek bajó a desayunar elegantemente vestido con un traje gris. Su maleta de viaje ya estaba preparada junto a la puerta, junto con su sombrero Stetson. Stiles tuvo que esforzarse para no mirarlo demasiado abiertamente mientras servía el desayuno.
Alex, también trajeado, llegó poco después. Él nunca ganaría un concurso de belleza, pero le sentaban muy bien los trajes. Resultaba elegante de un modo ligeramente peligroso y sexy. Stiles se alegró de ser inmune a él, y se preguntó vagamente si habría habido alguna vez alguien especial en su vida.
"Me siento como Cenicienta antes del baile" murmuró Cora, mirando a sus hermanos. Ella vestía vaqueros, camisa y botas. Derek no reaccionó, pero Alex se agachó para mirar por debajo de la mesa y comprobar si su hermana llevaba puesto un vestido.
"Muy gracioso" dijo Cora. "Estaba hablando metafóricamente. No suelo ponerme vestidos"
"Haces bien, sobre todo con lo peludas que tienes las piernas" replicó Alex. Mirando a Derek, preguntó: "¿Sales de viaje?"
Derek asintió. "Voy a esa conferencia sobre legislación ganadera en Kansas City. He decidido que será mejor asistir. La prensa no nos mantiene al día sobre los cambios de legislación, y he oído algunos rumores que no me han gustado"
"Yo también los he oído" dijo Cora.
"Tenemos que empezar a controlar mejor nuestros negocios" continuó Derek. "Todas las reglas y regulaciones del mundo no sirven de nada si no se cumplen" miró a Cora. "Deberías haber conservado tu plaza en el comité legislativo de la asociación de ganaderos"
Cora asintió. "Es cierto, pero ya sabes lo ocupada que estaba en esas fechas"
"Si vuelven a pedirte que la ocupes, acepta"
"Desde luego" Cora miró a Derek. "¿Por qué no entras tú también en el comité?"
Derek sonrió. "Ya tengo más trabajo del que puedo abarcar, como comprobarás cuando veas el papeleo en el estudio. Ayer sólo metí la mitad de los datos en el ordenador. Tendrás que llevarle el resto a Margie para que termine el trabajo"
"Desde luego"
Ni Cora ni Alex notaron que Stiles se había vuelto deliberadamente hacia el fregadero, porque conocía el motivo por el que Derek no había terminado el trabajo. No quería que sus hermanos vieran cómo se ruborizaba.
Derek sí lo notó, pero no lo miró, porque sabía que en las últimas semanas su expresión lo delataba claramente en todo lo referente a Stiles. Terminó su café y se levantó.
"Me voy. Trataré de estar de vuelta el próximo fin de semana. Pueden localizarme en el Airport Hilton si me necesitan"
"No te necesitaremos" dijo Cora, sonriendo. "Que lo pases bien"
Involuntariamente, Derek miró a Stiles, pensando en lo vacía que iba a estar su vida, aunque sólo fuera por unos días. Se había encariñado demasiado con aquel pequeño castaño de preciosos ojos miel.
"Cuiden a Stiles mientras estoy fuera" dijo, tratando de bromear.
"Yo cuidaré de mí mismo" replicó Stiles, obligándose a sonreír para que Derek no percibiera cuánto lo entristecía su marcha.
"No nos has contado qué tal te fue con la matrícula en el instituto" dijo Cora de repente.
"Oh, me aceptaron sin ningún problema. El curso empieza dentro de tres semanas" tratando de mostrarse especialmente animado, Stiles añadió: "Estoy deseando empezar"
"Ya veo" replicó Derek en tono inesperadamente irónico. Tras añadir algunas cosas de las que debían ocuparse sus hermanos mientras estaba de viaje, se fue.
Stiles se preguntó por qué le habría irritado la mención del curso que iba a hacer. Ya le había dicho varias veces que le parecía bien que lo hiciera. Su comportamiento resultaba desconcertante. Derek pensaba lo mismo mientras se ponía el sombrero, tomaba su maleta de viaje y salía por la puerta. Sabía que Stiles había ido a matricularse en el curso de horticultura, pero ahora era un hecho. Pensó en la noche anterior, cuando lo tuvo entre sus brazos, anhelando sus besos, y luego pensó en todos los alfas jóvenes que conocería cuando empezara el curso. El mero pensamiento le produjo un intenso malestar.
No podía olvidar a la mujer que lo abandonó por un hombre más joven. Entró en el todo terreno y condujo hasta el aeropuerto, pero su corazón seguía en el rancho. Stiles iba a ir al instituto y él lo iba a perder. Pero no de inmediato, se consoló. Seguiría viviendo en el rancho. Eso le daría tiempo para aclararse. Y Stiles tampoco tenía por qué conocer a otro alfa de inmediato.
Tenía tiempo. Aquel pensamiento le sirvió de consuelo y apartó a un lado sus preocupaciones. Derek no se habría sentido tan relajado si hubiera visto la limusina negra que se detuvo frente a la casa del rancho apenas dos horas después de que se fuera. Alex y Cora ya habían salido cuando alguien llamó a la puerta.
Stiles fue a abrir. Se encontró frente a un hombre alto, de expresión seria, que llevaba un maletín negro.
"¿El señorito Miecyzlaw Stilinski?" preguntó, educadamente.
Para Stiles fue un choque escuchar su nombre real. Hacía tanto tiempo que lo llamaban Stiles que casi había olvidado que se trataba de un apodo autoimpuesto.
"Sí" contestó, cauteloso.
El hombre alargó una mano hacia él. "Soy Clint Matherson" dijo, estrechando la mano de Stiles. "El último abogado que tuvo su madre"
"¿Que tuvo...?"
"Siento tener que comunicarle que su madre murió hace casi un mes en Singapur. Hasta ahora me ha sido imposible ponerme en contacto con usted. Lo he localizado a través de una agencia de detectives, pero hasta hace una semana no recibí la información. Lo siento mucho"
Tal vez Stiles habría lamentado perderla si hubiera mostrado el más mínimo afecto por ella, pero nunca fue así. "No sabía dónde estaba" contestó, sinceramente. "No nos comunicábamos desde que cumplí los dieciséis"
"Sí, ella me lo dijo. Le ha dejado unas acciones de una empresa de exportaciones de Singapur" añadió el hombre. "¿Qué le parece si nos sentamos a hablar del testamento?"
"Lo siento" dijo Stiles, apartándose de la puerta. "Por supuesto. Pase, por favor"
Condujo al hombre a la sala. Tras ocupar uno de los sillones, éste sacó unos papeles de su maletín y los dejó sobre la mesa de café.
"No puedo darle demasiada información sobre la empresa. Lo cierto es que la existencia de esas acciones también ha supuesto una sorpresa para mí. Su madre no me pidió consejo antes de invertir su dinero en ellas. ¿Sabía que hace seis años se casó con un rico empresario de Singapur?"
"No" dijo Stiles rígidamente. "Como ya le he dicho no hemos estado en contacto"
"Es una pena" replicó el abogado. "Su madre dejó de beber y llevó una vida admirable durante sus últimos años. Enviudó más o menos al mismo tiempo que se le diagnóstico un cáncer. Puede que la enfermedad cambiara mucho su punto de vista de las cosas. Creo que tenía planeado escribirle y pedirle que fuera a verla, pero nunca llegó a hacerlo" sonrió con cierta timidez. "Me dijo que estaba avergonzada de cómo lo había tratado, señorito Stilinski, y no tenía muchas esperanzas de lograr hacer las paces con usted"
Stiles unió sus manos sobre las rodillas. "Si mi madre hubiera querido hablar conmigo, la habría escuchado"
El abogado se encogió levemente de hombros. "Puede que las cosas estén mejor así. Pero el tiempo lo sana todo" señaló con una mano los documentos. "Comprobaré todo lo relacionado con las acciones para el fin de semana. Después podré darle una idea de su valor aproximado. Entonces podrá decidir si se las queda o las vende. Hay algunos otros detalles, como las joyas de su madre, que le enviaré en cuanto estén en mi poder"
La idea de tener algo de su madre, lo que fuera, hizo que Stiles se sintiera incómodo. "¿No hay ningún otro pariente?"
"Una hijastra que todavía vive en Singapur. Pero su padre ya la dejó bien situada tras su muerte"
"¿No querría quedarse ella con las joyas?"
El abogado no ocultó su sorpresa. "Tengo entendido que quería a su madre. Eran buenas amigas. Sí, supongo que le gustaría tener las joyas. Pero son suyas, señorito Stilinski. Usted era su único pariente directo"
"Nunca sentí que lo fuera" dijo Stiles. "Me gustaría que su hijastra se quedara con las joyas... y lo demás. Es difícil expresarlo en palabras, pero lo cierto es que no quiero nada de mi madre. Ni siquiera las acciones"
"Sobre eso no tiene elección" dijo el abogado, sorprendiéndolo. "No hay herencia si no la acepta. Debe haber alguna meta en su vida que el dinero pueda ayudarle a lograr. Tengo entendido que trabaja aquí como ama de llaves* desde la muerte de su padre. ¿No le gustaría ser económicamente independiente?"
Aquella pregunta cambió la vida de Stiles. Si tuviera algo de dinero propio, Derek no tendría que mantenerlo por compasión. Eso le daría cierta independencia, aunque dejar a Derek le rompiera el corazón.
"Sí" contestó con firmeza. "Voy a aceptar las acciones. Gracias" El abogado le indicó dónde debía firmar, guardó los documentos en su maletín y estrechó su mano, prometiéndole ponerse en contacto con él en cuanto tuviera noticias sobre las acciones.
"¿Sabe aproximadamente a qué cantidad asciende?" preguntó Stiles cuando el abogado estaba a punto de irse.
"Es difícil de decir. Fueron compradas a ochenta dólares la acción, pero eso fue el año pasado"
"¿Y qué cantidad de dinero invirtió?"
El abogado sonrió. "Más o menos un millón de dólares"
Stiles se puso pálido. Tuvo que apoyar la mano en el pomo de la puerta para mantener el equilibrio. "Oh"
"Así que, como verá, ya no necesitará depender de nadie. Puede que su madre lo descuidara en vida, pero no lo olvidó al final. Supongo que eso será un consuelo"
No lo era, pero Stiles sonrió y simuló sentirse reconfortado. Cerró la puerta y apoyó la espalda contra ella. Todo había acabado en el transcurso de unos minutos. Era un hombre rico. Podía hacer lo que quisiera. Pero tendría que ser sin Derek Hale, y eso era lo más duro de aceptar.
Durante la cena contó a los hermanos lo sucedido. Éstos permanecieron un momento en silencio después de que les dijera la cantidad que había heredado, mirándose como si se estuvieran comunicando algo.
"Iré al instituto, pero podré mantenerme por mi mismo" continuó Stiles. "Y supongo que no necesitaré seguir trabajando. Siento irme, pero todos sabemos hace tiempo que Derek preferiría tener otro cocinero"
"¿Por qué no lo llamas Der, como hacemos todos?" preguntó Cora con suavidad. Stiles miró su taza de café.
"Supongo que nunca me he sentido cómodo haciéndolo"
Los hermanos intercambiaron otra misteriosa mirada. "Pondremos un anuncio en cuanto vuelva Der y tengamos tiempo de hablar sobre lo que queremos hacer" dijo Alex. "Te echaremos de menos, Stiles. Sobre todo tu bizcocho"
Stiles sonrió. Camren sabe hacer un estupendo bizcocho, y también pan. Seguro que no le importará mantenerlos provistos. Además, no les costará encontrar una buena cocinera". Los hermanos lo miraron en silencio.
"Pero no serás tú" dijo Cora, y sonrió melancólicamente.
Stiles se acostumbró a la idea de irse a lo largo de los días que siguieron. Estaba casi reconciliado con ello cuando volvió Derek el viernes por la tarde. Parecía cansado e infeliz hasta que lo vio. Sus verdes ojos empezaron a iluminarse de inmediato, y Stiles sintió una punzada en el corazón al comprobarlo, porque sabía que las cosas podrían ser muy diferentes si él lo amara.
"¿Me has echado de menos?" murmuró Derek.
Él asintió, pero no lo miró. "Tengo que recoger unos huevos. He olvidado hacerlo esta mañana. Bienvenido a casa" dijo mientras se acercaba hacia la puerta trasera con un pequeño cesto.
"¡Aquí estás!" dijo Cora, reuniéndose con su hermano en la cocina. Tras palmear vigorosamente su espalda, añadió: "¿Qué tal te ha ido?"
"Bien. ¿Qué le pasa a Stiles?"
"¿Qué quieres decir?"
Los ojos de Derek se oscurecieron. "No quiere mirarme"
"Oh. Bueno... la verdad es que ha estado un poco inquieto desde que vino el abogado" contestó Cora, eligiendo cuidadosamente sus palabras. "La riqueza repentina suele producir ese efecto en la gente"
Derek se puso pálido. "¿Riqueza?"
"Su madre murió y le ha dejado una pequeña fortuna en acciones" contestó Cora, observando con compasión el efecto que la noticia tenía en Derek. "Ha dicho que se irá en cuanto encontremos a alguien más. Lógicamente, no necesita trabajar teniendo un millón de dólares"
Derek fue al fregadero y se sirvió un vaso de agua que no quería, sólo para evitar gruñir en alto. Stiles tenía dinero. Se iba. Él creía que tenía tiempo para aclarar sus sentimientos, pero de pronto se había quedado sin nada. Stiles se iría y no volvería a verlo. Conocería a algún joven alfa, se casarían y tendrían hijos. A Stiles le encantaría tener hijos... Dejó el vaso sobre la mesa con un golpe seco.
"Tengo cosas que hacer. ¿Qué tal los nuevos toros?"
"Ya están aquí, y he conseguido que Billy me venda ese toro Sallers" añadió Cora, ufana. "Lo he dejado en un pasto solo, con su propio establo para cuando haga mal tiempo"
Derek no se alegró como lo habría hecho hacía unos días. Parecía pensativo y preocupado. Muy preocupado.
"No será lo mismo sin Stiles, ¿verdad?" dijo Cora con suavidad.
La expresión de Derek se endureció de inmediato. "En cuanto me cambie iré al estudio a seguir con el papeleo"
"¿No vas a contarme qué tal ha ido la conferencia?"
"Después" dijo Derek, distraídamente. Salió de la habitación sin mirar atrás.
Se comportó de forma extraña durante el resto del día. Y no se presentó a cenar.
"Ha dicho que tenía que salir a por algo, y sólo Dios sabe qué" murmuró Alex. "Las tiendas se cierran a las seis y él lo sabe muy bien"
"Puede que le esté dando vueltas a algo en la cabeza" dijo Cora, mirando a Stiles, que estaba ocupado sirviendo la salsa del pollo. Alex suspiró.
"Debe ser algo importante. He visto que no se dirigía hacia Jacobsville. Iba en dirección al bar de Shea"
Cora arqueó las cejas. "¿En serio?"
Stiles terminó de servir la comida, tan preocupado por la reaparición de Derek que no lograba ordenar en lo más mínimo sus pensamientos. Irse iba a resultar mucho más difícil de lo que había imaginado. No escuchó el último comentario sobre el bar de Shea, y apenas tocó su comida. Luego recogió la cocina, ajeno a las preocupadas miradas de los hermanos, y se acostó pronto. Se sentía como si fuera el fin del mundo.
Lo mismo le sucedía a Derek, que estaba silenciosamente sentado en una mesa del bar de Shea, bebiendo un whisky tras otro, hasta quedar agradablemente aturdido y apenas coherente. Como no era ningún tonto, en lugar de conducir de vuelta al rancho llamó a un taxi.
Una vez de regreso, logró cruzar el recibidor sin caer ni tropezar con nada, cosa sorprendente teniendo en cuenta la cantidad de alcohol ingerido. Llegó a su habitación e incluso logró meterse en la ducha.
Con el pelo aún húmedo y cubierto tan sólo por un albornoz corto, se le ocurrió que debía preguntar a Stiles a qué venían aquellas prisas por irse del rancho. No pareció importarle que fueran las tres de la mañana. Si estaba dormido, podía despertarse y contestarle.
Llamó a la puerta de la habitación de Stiles, pero no hubo respuesta. Abrió y pasó al interior, tropezando con una silla y el lateral de una mesa antes de alcanzar la cama. Se sentó en el borde y notó el calor que hacía en la habitación. Stiles no había encendido el aire acondicionado y entonces Derek recordó que Alex le había comentado que habían cortado temporalmente la unidad mientras era reparada. Alargó una mano y empujó suavemente el cuerpo de Stiles bajo la sábana. Él gimió y retiró la sábana con los pies. Derek contuvo el aliento. Stiles sólo llevaba puestas unas bragas para omegas, y sus preciosos y pequeños pechos quedaron expuestos a la tenue luz que entraba por la ventana. Le maravillaba, cada vez, que fuera de los pocos omegas con senos, apenas una copa A, a lo sumo.
No pudo evitarlo. Alargó una mano y acarició aquellos pequeños senos con la punta de sus dedos, sonriendo cuando Stiles se arqueó y al instante sus pezones se endurecieron. Pareció la cosa más natural del mundo quitarse la bata y meterse en la cama junto a él. Se volvió contra su cuerpo desnudo y lo atrajo hacia sí. Tenerlo entre sus brazos era como estar en el paraíso. La sensación del contacto con su suave y cálida piel le produjo una inmediata excitación. Lo tumbó de espaldas y se deslizó sobre él. Lo besó con suavidad en los labios, hasta que Stiles los entreabrió y respondió a pesar del intenso olor a whisky de su aliento.
Medio dormido, lo rodeó con los brazos y separó las piernas, dándole acceso a una intimidad que hizo que la cabeza de Derek empezara a dar vueltas. Se movió contra él, ciegamente, hambriento, con una urgencia incontenible, sintiendo en su interior unas intensas oleadas de creciente placer.
"¿De... Derek?" susurró Stiles.
"Sí, soy yo..." Derek volvió a besarlo y deslizó una mano bajo un muslo de Stiles, atrayéndolo aún más hacia sí, luchando contra la fina barrera de nylon que era todo lo que los separaba.
Stiles no luchó contra su seducción. Si eso era lo que él quería, también era lo que Stiles quería. Se relajó y cedió a las dulces e intensas sensaciones que le provocaba el íntimo contacto con su poderoso cuerpo.
Pero incluso mientras los dedos de Derek buscaban el elástico de las braguitas, el licor finalmente cobró su precio. Dejó escapar un profundo suspiro, seguido de una apagada maldición, y de pronto quedó totalmente relajado sobre él, presionándolo con todo su peso contra el colchón.
Stiles permaneció un momento aturdido, preguntándose exactamente qué habría pasado. Derek estaba desnudo. Él sólo llevaba las braguitas. Su contacto apenas podía ser más íntimo. Se movió experimentalmente, pero nada sucedió. Había sentido con toda claridad la excitación de Derek, pero ahora estaba muy relajado. Se movió hacia un lado y lo empujó. Derek quedó de espaldas, completamente dormido.
Curioso, Stiles se sentó en la cama y lo miró, sorprendiéndose de cuánto le gustó verlo así, completamente desnudo. Sonrió mientras lo observaba sin ningún pudor, pensando que, al menos por esa noche, le pertenecía aunque él no quisiera. Después de todo, él no lo había tentado para que acudiera a su cama. Había ido él por propia voluntad. Debía sentir algo por él si había necesitado ir a emborracharse para expresarle lo que realmente quería.
Mientras lo miraba sopesó sus opciones. Podía dejarlo allí y echarlo a primera hora de la mañana... a menos que él despertara en las mismas condiciones que hacía un rato, sólo que sobrio. En ese caso, su inocencia pasaría a la historia. O podría tratar de llevarlo ahora a su dormitorio. Pero eso sería imposible. Finalmente, se acurrucó junto a él y se quedó dormido en sus brazos, disfrutando de aquella cálida intimidad.
Derek se sentía como si le estuvieran martillando las sienes. No fue capaz de abrir los ojos para averiguar de dónde procedía el sonido que lo estaba molestando. Recordaba haber bebido whisky. Mucho whisky. También recordaba haberse dado una ducha antes de acostarse. Recordaba...
Abrió los ojos y se sentó. Pero en lugar de contemplar la espalda desnuda que había a su lado, sus ojos volaron hasta la puerta, donde se encontraban Alex y Cora, paralizados.
Se cubrió de inmediato con la sábana y luego se llevó las manos a la palpitante cabeza. "¿Cómo he llegado aquí?"
"Sinvergüenza" murmuró Cora, tan encantada por la situación en que había encontrado a su hermano que tuvo que morderse la lengua para no sonreír. ¡Por fin tenía a Derek donde quería!
"Lo mismo digo" dijo Alex, simulando estar muy disgustado mientras miraba la figura de Stiles, apenas cubierta por la sábana. "¡Y trabaja para nosotros!"
"Ya no" murmuró Cora, cruzándose de brazos y mirando a su hermano mayor con gesto severo. "¿Adivinas quién va a casarse?" alzó la voz a pesar de la escandalizada mirada de Derek.
"¿Stiles? ¡Stiles! ¡Despierta!" Stiles abrió los ojos, miró a Cag y se quedó petrificado. Mientras se subía la sábana hasta la barbilla, se volvió y vio a Cora y a Alex mirándolo con cara de póquer desde el umbral de la puerta.
Entonces hizo lo que cualquier omega sano habría hecho en aquellas circunstancias. Gritar.