A la mañana siguiente, Stiles olvidó quitarse el colgante, y los hermanos no dejaron de divertirse a su costa durante el desayuno. Eso molestó a Derek, que se fue sin tomar su segunda taza de café, no sin mirar antes a Stiles como si él fuera el responsable de todo.
Alex y Cora se disculparon al comprobar que sólo habían logrado empeorar la situación. Pero mientras pasaba el día, Stiles se preguntó si no debería haber dejado el colgante en su caja. Parecía que había irritado a Derek llevándolo. Pero la joya le gustaba tanto que apenas podía pasar junto a un espejo sin mirarse.
Su mente estaba tan ocupada con el asunto de su regalo que apenas prestó atención al acuario de la habitación de Derek cuando fue a hacer la cama. Y eso fue un error. Estaba inclinado, recogiendo la colcha de la gran cama de cuatro postes, cuando oyó un ruidito. Lo siguiente que supo fue que tenía a Herman, la serpiente pitón, en torno al cuello.
El peso del enorme reptil le hizo doblar las rodillas, pues pesaba más que él. Stiles gritó y trató de zafarse, pero cuanto más se empeñaba en ello, más se asustaba Herman y más apretaba. Cora llegó corriendo, pero se detuvo en el umbral de la puerta. A él tampoco le hacían especial gracia las serpientes, y no tenía idea de cómo liberar a Stiles.
"¡Ve por Derek!" gritó él, tirando de los anillos de la serpiente "¡Date prisa, antes de que me coma!"
"No te comerá" prometió Cora, pálida. "Sólo le gustan los animales muertos y con piel. Derek está en el corral. Ahora mismo voy a buscarlo"
Unos tortuosos minutos pasaron antes de que se oyeran unos apresurados pasos acercándose.
Stiles estaba de rodillas, con el enorme reptil en torno al cuello.
"¡Por Dios santo, Herman!" exclamó Derek. "¿Cómo te has escapado esta vez?"
"¿Te importaría preguntárselo luego, cuando me la hayas quitado de encima?" protestó Stiles. "¡Pesa una tonelada!"
"Tranquilo, tranquilo" dijo Derek con suavidad, pues sabía el miedo que Stiles tenía a la serpiente. Se acercó despacio, para no asustar a su mascota. Pasó la mano bajo la barbilla del reptil, hablándole casi con dulzura mientras lo desenrollaba del cuello de Stiles.
Cuando tuvo a Herman liberado, se acercó al acuario, movió la tapa y lo metió dentro.
"No entiendo por qué insiste en salir" murmuró.
"¿Cómo te sentirías viviendo en una habitación de tres metros cuadrados sin amigos con los que jugar?" preguntó Stiles, frotándose el cuello. "Me ha aplastado los hombros y creo que también me ha partido la columna. ¡Ha saltado sobre mí!"
Derek cerró la tapa del acuario antes de volverse.
"¿Saltado?" preguntó, frunciendo el ceño. "¿Desde dónde?"
Stiles señaló una de las columnas de la cama.
Derek silbó.
"Hacía tiempo que no trepaba" se acercó a Stiles y entrecerró los ojos. "¿Te encuentras bien?"
"Ya te lo he dicho" murmuró él. "¡Tengo huesos rotos por todo el cuerpo!
Derek sonrió.
"Probablemente sólo sean músculos doloridos" mirando a Stiles casi con dulzura, añadió: "No te has asustado de verdad, ¿no?"
Él dudó. Luego sonrió débilmente.
"No mucho. La verdad es que ya me he acostumbrado bastante a ella" se encogió de hombros. "Su piel parece de seda"
Derek no dijo nada. Permaneció quieto donde estaba, mirándolo con una extraña sonrisa en los labios.
"Pensaba que sería viscosa" añadió Stiles.
La sonrisa de Derek se ensanchó.
"Eso piensa la mayoría de la gente hasta que la tocan. Las serpientes son limpias. No son violentas, a menos que las provoquen, que acaben de comer, o que estén mudando de piel. Lo principal es saber cuándo no tocarlas" se quitó el sombrero y se pasó una mano por el pelo. "Hace doce años que tengo a Herman" añadió. "Es como parte de mi familia, aunque casi nadie comprenda que se puede tener afecto por una serpiente"
Stiles contempló el duro rostro de Derek, recordando que su ex prometida insistió en que se librara de Herman. Debió ser duro para él aceptar.
"Yo tuve una iguana a los doce años" dijo. "Uno de los vaqueros del rodeo me pidió que me la quedara" sonrió, recordando. "Era verde y enorme, como una criatura prehistórica. Cuando le acariciabas la cabeza, cerraba los ojos y alzaba la barbilla"
"¿Qué le pasó?"
"Murió. Nunca supe por qué, pero imagino que ya era muy mayor cuando me la quedé"
"A veces, las mascotas mueren sin explicación" Derek miró hacia Herman, que parecía felizmente enroscada en su acuario. "Mírala" murmuró. "Parece que nunca ha pensado en escapar"
"Aún recuerdo cuando abrí la lavadora y me la encontré dentro" dijo Stiles. "Casi me da un infarto"
"Has mejorado mucho desde entonces" admitió Derek. Su mirada se centró en el colgante azul que pendía del cuello de Stiles.
"Lo siento" murmuró él, cubriéndolo instintivamente con la mano. "No debería haber bajado con el puesto. Pero es precioso. Es como llevar un trozo de oro líquido en torno al cuello"
"Me alegra que te guste" dijo Derek, casi con aspereza. "Póntelo cuanto quieras"
De todos modos, mis hermanos encontrarán enseguida cualquier otra excusa para divertirse.
"No esperaba que se fijaran"
Derek alzó una ceja.
"Hace siete años que no le regalo nada a un omega. A pesar de mis intenciones, se ha notado demasiado"
Stiles se ruborizó.
"Oh, ya sé que es un regalo de cumpleaños"
"Trabajas lo suficientemente duro como para merecer una recompensa de vez en cuando" replicó Derek, impaciente. "¿Seguro que te encuentras bien?"
Stiles asintió.
"Una pequeñez como tener la columna rota no va impedir que siga con mi trabajo"
Los ojos de Derek brillaron mientras lo miraba.
"Herman sólo pesa sesenta y cinco kilos"
"¿En serio? Pues yo sólo peso cincuenta y cinco"
Derek frunció el ceño.
"Has adelgazado"
"No, no he adelgazado. Siempre he sido delgado"
"Come más"
Stiles arqueó las cejas.
"Comeré lo que quiera, gracias"
Derek gruñó.
"¿Y dónde está esa ropa que se supone ibas a comprar?"
"Ya tengo suficiente ropa"
"De eso nada" murmuró Derek, enfadado. "Mañana irás al pueblo a comprarte unos vaqueros y unas camisas, ¿entendido?"
Stiles alzó la barbilla, testarudo.
"Puede que trabaje para ti, ¡Pero no necesito que me digas cómo debo vestirme!" Derek lo miró unos segundos con los ojos entrecerrados.
"Pensándolo bien" murmuró, "¿por qué esperar a mañana? ¡Y por supuesto que puedo decirte cómo debes vestirte!"
"¡Derek!" exclamó Stiles, casi escandalizado.
Sin darle tiempo a reaccionar, Derek se lo echó al hombro como un fardo. Saltó con él al pasillo, cruzándose con Cora, que volvía a ver qué pasaba.
"¡Oh, Dios mío! ¿Lo ha mordido Herman?" preguntó horrorizada. "¿Está muerto?"
"¡No, por supuesto que no lo ha mordido!" espetó Derek, sin dejar de andar.
"Entonces... ¿a dónde lo llevas?"
"A la tienda de ropa más cercana"
"¿A la... ? ¡Bien hecho!"
"¡Traidora!" exclamó Stiles.
"Cómprale un vestido" añadió Cora.
"¡Odio los vestidos!"
"En ese caso, ¡cómprale dos!"
"¡Cállate ya, Cora!" protestó Stiles.
Alex estaba en la puerta trasera cuando Derek se acercó a ésta con su carga. "¿Vais a salir?" preguntó Alex, y abrió amablemente la puerta. "Que os divirtáis"
"¡Rescátame!" rogó Stiles.
"¿No había una canción con ese título?" preguntó Alex a Cora cuando ésta se reunió con él.
"Por supuesto. Era así... ¡Rescátame~!" entonó Cora.
Los dos hermanos seguían cantando cuando Derek se alejó en su todo terreno con un furioso Stiles a su lado.
"¡No quiero ropa nueva!"
Derek observó su irritado rostro y sonrió de oreja a oreja.
"Ya es demasiado tarde. Estamos a medio camino"
Su repentino humor sorprendió a Stiles. Aquello no era nada habitual en él. Todo lo que solía hacer Derek era trabajar y trabajar.
"Estos vaqueros están perfectamente"
"Tienen agujeros"
"Los agujeros están de moda"
"Ésos no tenían agujeros cuando los compraste. Te he visto de rodillas con ellos, fregando el suelo de la cocina. Cosa que me recuerda que te hemos comprado uno de esos pequeños limpiadores de suelo especiales para linóleo. Lo enviarán junto con el butano que encargarnos a la vez"
"¿Un limpiador de suelos?" preguntó Stiles asombrado.
"Te facilitará el trabajo"
A Stiles le encantó que Derek se preocupara por su trabajo. No pudo evitar sonreír durante el resto del trayecto.
Unos minutos después, Derek detuvo el todo terreno frente a unos grandes almacenes y fueron directamente al departamento de ropa de omegas. Se detuvieron frente a la señorita Argent, la dependienta encargada de la sección. Derek se llevó una mano al sombrero.
"Señorita Argent, ¿puede ocuparse de conseguir unos vaqueros, algunas camisas, unas botas nuevas y un par de vestidos para él?" preguntó, señalando con la cabeza a Stiles, que empezaba a sentirse como un maniquí. "¡No podemos permitir que nuestro ama de casa vaya con esas pintas!" añadió, señalando los gastados vaqueros y la desteñida camisa de Stiles.
"Claro que no, señor Hale" asintió la señorita Argent de inmediato. "Precisamente acabamos de recibir una remesa de ropa de verano. Venga conmigo, señorito Stiles y enseguida lo atiendo"
Una hora después, Derek fue a recoger a Stiles y lo encontró probándose un enterizo color miel y blanco de bota larga con tirantes finos y un corpiño de nido de abeja. El colgante de amatista y diamantes contrastaba brillante contra su blanca piel. Con sus pecosos hombros desnudos y la cremosa curva superior de sus clavículas junto con el leve relieve de su pecho expuestos, quitaba el aliento.
"Le sienta de maravilla, señorito Stiles" dijo la dependienta. "Espere aquí. Quiero enseñarle uno más. ¡Oh, hola, señor Hale!" dijo al pasar junto a éste. "¿Qué le parece? ¿No está guapo?" hablando para sí, añadió: "¿Dónde he dejado ese enterizo negro...?"
Stiles miró a Derek. Su rostro no revelaba nada, pero sus ojos verdes brillaban como la esmeralda mientras contemplaba su atuendo.
"¿Es demasiado... atrevido?" preguntó, nervioso.
Derek negó con la cabeza.
"Te sienta bien. Y va a juego con el colgante" su voz sonó profunda y ronca. Alzó una mano y tocó con un dedo el colgante que adornaba la garganta de Stiles. Luego lo llevó hacia uno de los finos tirantes del enterizo. Acarició distraídamente la suave piel del hombro, notando su sedosa textura.
Stiles contuvo el aliento. Su corazón latió más rápido al notar la mirada de Derek fija en la piel que revelaba el corpiño del atuendo.
Él lo miró a los ojos, buscando señales ocultas que Stiles fue incapaz de disimular. "Es la clase de traje que tienta a un alfa a bajar el corpiño"
"¡Derek!" exclamó Stiles.
Derek frunció levemente el ceño mientras miraba sus sorprendidos ojos. "¿No sabes nada sobre ropa y el efecto que producen en los alfas, o betas?" preguntó.
Con una temblorosa mano, Stiles tiró del corpiño hacia arriba.
"¡Claro que no! Pero no pienso llevármelo si hace que... si hace que alguien piense... en esas cosas"
Derek apartó la mano de repente, como si la piel de Stiles quemara.
"¡Estaba bromeando!" mintió, apartándose. "Te sienta muy bien y vas a quedártelo" añadió con firmeza.
Stiles no sabía qué pensar. Derek se estaba comportando de un modo muy extraño, y ahora ni siquiera lo miraba. ¿Estaba bromeando? En ese caso, ¿por qué parecía tan rígido e incómodo? ¿Y por qué le daba la espalda ahora que la señorita Argent había vuelto?
"Tome, Stiles, pruébese éste. Guardaré el miel mientras se viste" dijo la dependienta, llevándose a Stiles hacia los vestidores.
Derek se alegró de ello. Estaba esforzándose por controlar una erección que lo había tomado completamente por sorpresa. Stiles empezaba a tener un efecto muy claro en él y lamentaba haber insistido en llevarlo allí. Si se ponía ese enterizo cerca de él, iba a tener serios problemas.
Respiró varias veces profundamente, hasta que tuvo a su rebelde cuerpo bajo control. Notó que Stiles no le había mostrado el enterizo negro que se había probado y que negó con la cabeza cuando la señorita Argent le preguntó por él. También estaba intentando rechazar el miel. Pero él no estaba dispuesto a que lo hiciera. Estaba precioso con él.
"No vas a devolver el enterizo con blanco" dijo con firmeza. "Necesitarás tener algo que ponerte si alguien te pide una cita" en realidad, Derek odiaba imaginarlo con aquel atuendo en compañía de alguien más. Pero Stiles no salía con alfas ni betas, así que no debía preocuparse por eso. "¿Has comprado los vaqueros, los busos y las botas?"
Después de que la señorita Argent recitara la lista de las compras, Derek sacó una tarjeta de crédito y se la entregó. No dejó que Stiles viera la cuenta. Ya parecía bastante preocupado.
Unos minutos después estaban de vuelta en el todo terreno. Derek dejó las compras en el asiento de atrás y luego ambos entraron en el vehículo. "Has gastado demasiado" dijo Stiles, nervioso. "No podré pagarte en meses, aunque me quites el dinero poco a poco de mi salario"
"Piensa en la ropa como en parte de tu uniforme" dijo él amablemente. "No puedes andar por ahí con la ropa que llevas. ¿Qué pensaría la gente de nosotros?"
"Nunca viene nadie a visitarte"
"Vienen rancheros a hacer negocios. Y también políticos. A veces incluso organizamos una barbacoa al aire libre. La gente se fija en esas cosas y tendrás mucho mejor aspecto con esa ropa nueva"
Stiles se encogió de hombros y suspiró.
"En ese caso, de acuerdo"
Derek no puso en marcha el coche. Pasó un brazo por el respaldo del asiento de Stiles y lo miró abiertamente. Su apenas contenida excitación por el enterizo bicolor empezaba a tener sentido para Derek.
"Nunca te habías comprado ropa nueva" dijo, de repente.
Stiles se ruborizó intensamente.
"En el circuito de los rodeos, cuando pierdes no ganas mucho. Papá y yo comprábamos casi todo de segunda mano" miró a Derek nerviosamente. "Yo solía competir en las carreras de barriles y gané el tercer premio en algunas ocasiones, pero no tenía un caballo lo suficientemente bueno como para mejorar. Tuvimos que venderlo justo antes de que papá renunciara a los rodeos y viniera aquí a trabajar"
"Vaya" dijo Derek con suavidad. "No sabía que supieras montar a caballo"
"Últimamente no he tenido oportunidad de hacerlo"
"Una de estas mañanas saldremos juntos a cabalgar. ¿Puedes montar un potro?" Stiles sonrió.
"Si está bien entrenado, sí"
Derek rió.
"Ya veremos cuando termine esta temporada de trabajo. Los vaqueros se distraerían mucho si te vieran montando ahora."
Stiles se ruborizó.
"Nadie me mira. Soy demasiado delgado"
"No lo eres" Protestó Derek. "Eres esbelto"
"Gracias"
Inesperadamente, Derek alargó una mano para volver el rostro de Stiles. No sonreía, sus ojos se entrecerraron mientras deslizaba la mirada hasta su boca. "El traje con blanco te sentaba muy bien" dijo. "¿Qué tal te quedaba el negro?" Stiles se movió, inquieto.
"El escote me llegaba casi hasta la cintura. ¡Jamás podría ponerme algo así en público!"
Derek bajó la mirada, fijándose en el rápido subir y bajar del pecho de Stiles.
"A la mayoría de omegas no les sentaría bien" murmuró. "Pero a ti sí. Eres lo suficientemente esbelto como para no necesitar cubrir tu pecho"
"¡Derek!" exclamó Stiles, echándose atrás.
Derek no pudo evitar reír. Movió la cabeza mientras ponía el coche en marcha. "Y yo que pensaba que la señora Lewis era anticuada... ¡Tu haces que parezca una hippie!"
Stiles se cubrió el pecho con los brazos, aún escandalizado por el comentario.
"No puedes ir por ahí diciendo esas cosas. ¡Es indecente!"
Derek tuvo que hacer un esfuerzo por no volver a reír. Stiles hablaba en serio. No debía burlarse de él, pero resultaba casi irresistible. Le hacía sentirse cálido por dentro, cuando llevaba años sintiéndose vacío. Debería haberse dado cuenta de que caminaba lentamente hacia el abismo, pero no fue así. Disfrutaba teniéndolo cerca, mimándolo.
Mirándolo de reojo, dijo: "Pónte el cinturón, cariño"
¡Cariño! Stiles tomó a tientas el cinturón, mirando a Derek, inseguro. Aquel hombre no solía usar apelativos cariñosos, y a él no le gustaban especialmente, pero aquella profunda y ronca voz hacía que el vello se le erizara. Casi pudo imaginarlo susurrando aquella palabra mientras besaba a una mujer.
Lo habían besado una o dos veces pero nunca alguien que supiera cómo hacerlo. Sin duda, Derek sabría.
Derek notó que lo miraba y alzó una ceja.
"¿Y qué escandalosos pensamientos pasan por esa mojigata mente ahora?" preguntó en tono burlón.
Stiles contuvo el aliento.
"¡No sé a qué te refieres!"
"¿No?"
"¡No! ¡Y no tengo una mente mojigata!"
"Quién lo habría dicho" murmuró Derek, y sonrió.
"Contén el aliento hasta que vuelva a hacer mantequilla de manzana para tu bizcocho" —replicó Stiles. "¡Y ya puedes esperar sentado a que te haga el próximo bizcocho!"
"No puedes matarme de hambre" dijo Derek, con aire de suficiencia. Cora y Alex me protegerán.
"¡Sí, claro, cómo me han protegido a mí! ¿Cómo has podido hacerlo? Llevarme como si fuera un saco de patatas mientras se limitaban a mirar, cantando como locos... ¡No sé por qué acepté trabajar para una familia de lunáticos!"
"¿Lunáticos? ¿Nosotros?"
"¡Sí, vosotros! Estáis todos locos"
"¿Y eso en qué te convierte a ti?" murmuró Derek irónicamente. "Trabajas para nosotros"
"¡Necesito que me revisen la cabeza!"
"Me ocuparé de que alguien lo haga"
Stiles alzó las cejas. "Creía que querías que dejara el trabajo"
"Ya te dije que no durante esta época de rodeo" le recordó Derek. "Puede que cuando llegue el verano, si te empeñas en ello"
"Yo no me empeño. Eres tú el que se empeña. No te caigo bien"
Derek apretó los labios sin apartar la mirada de la carretera. "No, ¿verdad?" dijo, distraídamente. "Pero eres un estupendo ama de casa y un buen cocinero. Si te despidiera, los demás me despellejarían"
"Tiraste la tarta que te preparé" murmuró Stiles. "Y dejaste que tu serpiente saltara sobre mí"
"Eso fue idea de Herman" aseguró él. Su rostro se endureció cuando añadió: "En cuanto al pastel... ya sabes por qué lo hice"
"Ahora lo sé" Stiles permaneció un momento en silencio. "Lo siento. Yo tampoco sé lo que es una madre agradable, porque tampoco la tuve. Pero si tuviera niños, haría que sus cumpleaños fueran muy especiales" dijo, casi para sí mismo, sonriendo. "Prepararía tartas y helado y daría fiestas. Y les haría muchos regalos" su mano subió involuntariamente hacia el colgante que le había regalado Derek.
Él vio el gesto, y algo cálido se agitó en su pecho.
"¿Te gustan los niños?" preguntó, sin querer.
"Mucho. ¿Y a ti?"
"No he tenido demasiada relación con ninguno. Pero me gusta el pequeño de Boyd" añadió. El capataz tenía un niño de dos años que siempre insistía en que Derek lo tomara en brazos. Éste siempre llevaba algo para él cuando iba a visitar a Boyd y a su esposa.
Stiles lo sabía, aunque él nunca lo mencionaba.
Miró por la ventanilla. "Pero supongo que nunca tendré hijos"
Derek frunció el ceño. "¿Por qué dices eso?"
Stiles cruzó los brazos sobre su pecho. "No me gusta... la clase de cosas que hay que hacer para tenerlos"
Derek pisó los frenos con tanta fuerza que los cinturones de seguridad se tensaron casi con violencia. Se volvió a mirarlo intensamente, sin decir nada. Una vez más, Stiles se ruborizó.
"¡Algunos omegas son fríos!" dijo a la defensiva.
"¿Y cómo sabes que tú lo eres?" espetó Derek, odiándose de inmediato por haber hecho esa pregunta.
Stiles apartó la mirada. "No puedo soportar que nadie me toque"
"¿En serio? Entonces, ¿por qué has dado ese gritito ahogado y te ha latido tan deprisa el corazón cuando te he tocado el hombro con la mano en la tienda de ropa?"
"Ha sido... ha sido la sorpresa. ¡Eso es todo!" dijo Stiles, beligerante.
Derek lo miró con los ojos entrecerrados. "Tuvo que sucederte algo en el pasado. ¿Qué fue?"
Stiles lo miró, anonadado.
"Vamos" añadió él. "Ya sabes que no soy ningún cotilla"
Stiles lo sabía. Se movió inquieto en el asiento. "Uno de los amantes de mi madre se propasó conmigo" murmuró. "Yo tenía dieciséis años y me asusté mucho"
"Y ahora tienes veintidós" añadió Derek, mirándolo con dureza. "Ya no quedan vírgenes de veintidós años en Norteamérica"
"¿Y quién lo dice?" espetó Stiles, ruborizándose de inmediato al comprender que había caído en la trampa.
La sonrisa de Derek, fue apenas perceptible. "En ese caso" dijo, en un tono ligeramente burlón, "¿cómo sabes que eres frígido?"
Stiles sintió que se ahogaba. Respiró profundamente, tratando de calmarse. "¿Podemos irnos a casa ya?"
Derek lo miró un intenso minuto. "Claro" dijo, finalmente. "Podemos ir a casa"
Mientras conducía, a Derek no se le ocurrió pensar que llevar a Stiles de compras era lo último que tenía en mente esa mañana, o que el placer que sentía con su compañía era algo inhabitual. En esa época, era una persona introvertida, estoica e inabordable; excepto cuando Stiles estaba cerca. En cierto modo, él era tan vulnerable como el cachorro que había adoptado. Sin duda era su juventud lo que lo atraía. Era como mimar a un niño que hubiera carecido de todo y disfrutar de sus reacciones.
Pero además, él temblaba cuando lo tocaba y él llevaba años solo. Le gustaba tocarlo y a él que lo hiciera. Era algo que iba a tener que vigilar. La situación era explosiva. Pero estaba seguro de que podía manejarla. Stiles era una dulce criatura. No haría ningún daño mimándolo un poco. Por supuesto que no.