Cora fue al corral en que estaban reunidos los terneros. Derek observaba distraídamente el ganado, con el ceño fruncido y la postura rígida, inabordable.
Su hermana se acercó a él.
"Está haciendo el equipaje" dijo, sin preámbulos.
Derek la miró un momento. Luego volvió la vista al corral, apretando la mandíbula.
"¡Odio los cumpleaños! Sé que se lo dijisteis"
"Se lo dijimos, pero Stiles no podía imaginar que romper la regla pudiera poner en peligro su vida"
"¡Maldita sea!" explotó Derek, volviéndose hacia su hermana con auténtica furia. "¡No le he levantado la mano! ¡Jamás se me habría ocurrido hacerlo!"
"Estaba temblando como una hoja" dijo Cora, pacientemente. "Es aún joven, y los últimos meses han sido muy duros para él. Aún no ha superado la muerte de su padre"
"Déjalo ya" murmuró Derek, moviéndose inquieto.
"¿A dónde irá?" insistió Cora. "No tiene familia ni amigos. Y los trabajos de cocinero no abundan en esta época del año en Jacobsville."
Derek se quitó el sombrero y se secó la sudorosa frente con el antebrazo. No dijo una palabra.
Alex se acercó con una cuerda en la mano, mirando a sus hermanos con curiosidad. "¿Qué sucede?" preguntó.
"Oh, nada" murmuró Cora, ya harta. "Stiles ha preparado una tarta de cumpleaños para Der y él la ha tirado. Está haciendo el equipaje"
Alex dejó escapar un profundo suspiro.
"No puedo decir que lo culpe. Ya le causamos problemas con la broma del ponche en navidades, y ahora esto. Supongo que pensará que somos unos lunáticos"
"Sin duda" Cora se encogió de hombros. "Será mejor que carguemos el ganado"
"¿No vas a tratar de impedir que se vaya?" preguntó Alex.
"¿Qué sentido tendría?" dijo Cora, en tono solemne. Su expresión se endureció. "Si lo hubieras visto, no querrías impedir que se fuera" miró a Der.
"Buen trabajo, amigo. ¡Espero que pueda hacer el equipaje a pesar de lo que le temblaban las manos!" añadió, y a continuación se alejó hacia el camión con evidente enfado.
Alex dedicó una elocuente mirada a su hermano y siguió a Cora.
Asqueado consigo mismo, Derek se encaminó hacia la casa con evidente mala gana.
Stiles ya tenía hecho el equipaje. Cerró la maleta grande y miró en torno a la habitación que había ocupado las últimas semanas. Era una pena tener que dejarla, pero no podía volver a soportar una escena como aquella.
Tomó el cinturón de campeón de su padre y lo acarició. Siempre lo llevaba consigo, como un talismán protector. Ese día no había funcionado, pero normalmente lo hacía. Lo dejó cuidadosamente en la maleta pequeña y la cerró.
Un sonido llamó su atención y se volvió. Se puso pálido al ver quién estaba en la puerta. Instintivamente, se colocó tras la mecedora y miró a Derek sin parpadear. Se había quitado el sombrero. No dijo nada. Sus verdes ojos miraron largamente el pálido rostro de Stiles. Suspiró largamente.
"No tienes a donde ir" dijo.
No fue precisamente la mejor apertura. Stiles alzó la barbilla.
"Dormiré en un albergue del Ejército de Salvación" dijo con frialdad. "Papá y yo pasamos muchas noches en ellos cuando estábamos de viaje y no ganaba ningún concurso en el rodeo"
Derek frunció el ceño y no dijo nada.
"¿Puede llevarme algún vaquero al pueblo?" preguntó Stiles. "Allí tomaré un autobús a Victoria"
Derek metió las manos en los bolsillos y siguió mirándolo sin decir nada.
"No importa" continuó Stiles. "Caminaré o haré dedo"
Tomó su viejo abrigo de tweed y se lo puso.
"¿Dónde está tu abrigo nuevo?" preguntó Derek.
"En el armario del vestíbulo. No te preocupes; no voy a llevarme nada que no me pertenezca."
Tess habló con tal naturalidad que Derek se sintió profundamente herido. "Te lo regalamos"
Él lo miró a los ojos.
"No lo quiero, ni el trabajo, ni nada que me hayas dado por compasión"
Derek se quedó desconcertado. En ningún momento había imaginado que Stiles pudiera pensar así.
"Necesitabas un trabajo y nosotros necesitábamos un cocinero" dijo. "No tuvo nada que ver con la compasión"
Stiles se encogió de hombros.
"De acuerdo, como te parezca. Da lo mismo"
Se colgó el bolso al hombro, tomó sus maletas y se encaminó hacia la puerta. Pero Derek no se apartó. No podía rodearlo, de manera que se detuvo y lo miró. Derek estaba tratando de encontrar un modo de impedir que se fuera sin tener que sacrificar su orgullo. Cora tenía razón; Stiles era casi un adolescente, y él no se había comportado de un modo razonable. Últimamente se asombraba a sí mismo. Se volvía ñoño con cualquier criatura indefensa y débil, pero había sido brutal con aquel chico y no sabía por qué.
"¿Puedo pasar, por favor?" preguntó Stiles en tono rígido.
Derek frunció el ceño. Un músculo saltó junto a su boca. Se acercó a él y sonrió con auto desprecio cuando Stiles se echó atrás. Cerró la puerta a sus espaldas.
Stiles dio otro paso atrás, alerta.
"Cuando cumplí seis años" dijo él, con frialdad, "quería una tarta de cumpleaños, como los demás chicos. Una tarta y una fiesta. Laura había ido al pueblo con mamá y Alex, Cora dormía en su habitación, yo estaba en la cocina con papá. Él hizo algún comentario despectivo sobre lo molestos que eran los críos. En la encimera había una tarta que uno de los vecinos había enviado a casa con mamá, lo tomó en una mano, la aplastó contra mi cara" su mirada se oscureció al recordar, "y empezó a pegarme, si Cora no se hubiera despertado y hubiera empezado a llorar, creo que nunca habría parado. Me hizo subir a mi habitación y me encerró en ella. No sé qué le contó a mi madre, pero luego me llevé una buena tunda" miró los conmocionados ojos de Stiles. "No volví a pedir que me hicieran otra tarta"
Lentamente, Stiles dejó las maletas en el suelo y sorprendió a Derek alzando una mano y apoyándola con suavidad sobre su fuerte pecho. No se le ocurrió pensar que nunca había confesado aquel incidente en particular a nadie, ni siquiera a sus hermanas.
"Mi padre no sabía cocinar. Sólo era capaz de abrir latas" dijo Stiles , casi con dulzura. "Aprendí a cocinar a los once años. Mi madre tampoco me habría hecho una tarta de cumpleaños, ni aunque hubiera estado con nosotros. No quiso tenerme, pero papá sí, y prácticamente la obligó a casarse con él. Mi madre nunca nos perdonó por ello. Nos dejó antes de que yo tuviera edad para empezar el colegio"
"¿Dónde está ahora?"
Stiles apartó la mirada.
"No lo sé. Y no me importa"
El pecho de Derek subió y bajó bruscamente. Stiles le hacía sentirse incómodo. Se apartó para que su inquietante mano cayera de su pecho. Él no preguntó por qué no le gustaba que lo tocara. Había sido un impulso y ahora sabía que no debía volver a hacerlo. Volvió a mirarlo a los ojos.
"Sé que no te gusto" dijo. "Será mejor que me busque un trabajo en otra parte. Tengo casi veintidós años. Puedo cuidar de mí mismo"
Derek volvió la mirada hacia la ventana.
"Espera hasta la primavera" dijo, rígido. "Te será más fácil encontrar trabajo entonces"
Stiles dudó. En realidad no quería irse, pero no podía quedarse allí, con el evidente resentimiento que aquel hombre manifestaba hacia él, Derek lo miró, con un extraño brillo en los ojos.
"Mis hermanos me ahogarán si dejo que te vayas" dijo, secamente. "Ya no me hablan"
Ambos sabían que le daba lo mismo lo que sus hermanas pensaran de él. Era una iniciativa de paz. Stiles se movió, inquieto.
"Camren ya ha tenido el bebé. Puede volver a cocinar"
"No lo hará. Está demasiado ocupado adorando a su bebé"
Stiles bajó la mirada.
"Es un bebé muy dulce"
Una oleada de calor recorrió el cuerpo de Derek. Se volvió y se encaminó hacia la puerta.
"Haz lo que te parezca"
Stiles aún dudaba.
Derek abrió la puerta y se giró antes de salir.
"¿Demasiado asustado como para quedarte?" preguntó, acertando de lleno en el orgullo de Stiles.
Él se irguió, furioso.
"¡No me das miedo!"
Derek arqueó las cejas.
"Claro que te doy miedo. Ese es el motivo por el que huyes como un chiquillo asustado"
"¡No estaba huyendo! ¡Y no soy un chiquillo asustado!"
Eso estaba mejor. Derek podía sobrellevarlo si se enfrentaba a él. No podría vivir con el recuerdo de su pálido rostro, de su temblor mientras se alejaba de él. Le había dolido mucho verlo así.
Se puso el sombrero.
"Haz lo que quieras. Pero si te quedas, asegúrate de no volver a perder la mantequilla de manzana" dijo, con sarcasmo.
"La próxima vez, te la plantaré entre los ojos" murmuró Stiles.
"Te he oído" replicó Derek.
Él le lanzó una penetrante mirada.
"Si vuelves a tirarme otro pastel..."
"No te lo he tirado a ti. Se lo he tirado a la pared"
El rostro de Stiles enrojecía por segundos. "¡Había pasado dos horas haciéndolo!"
"La mantequilla perdida, el pastel por los suelos, maldito omega..." Derek siguió murmurando mientras se alejaba, acompañado por el tintineo de sus espuelas. Stiles permaneció un momento quieto junto a la cama antes de volver a dejar las maletas sobre ésta. Debía estar loco para haber aceptado quedarse, pero lo cierto era que no tenía dónde ir. Y lo que Derek le había contado había alcanzado esa parte de su ser a la que sólo llegaban las criaturas pequeñas, heridas.
Podía imaginar el rostro del pequeño Derek cubierto de tarta, siendo brutalmente golpeado por un omega sin sentimientos, tratando de no llorar. Sorprendentemente, aquello excusaba cada palabra áspera, cada acto violento. Se preguntó qué más heridas de la infancia ocultaría aquel rostro duro e inexpresivo.
Derek se comportó de forma fríamente formal con él a partir de entonces, como si lamentara haberle revelado uno de sus secretos más ocultos. Pero ya no hubo más exabruptos.
Los meses de invierno pasaron con su rutina de siempre. Pero en el rancho siempre había trabajo que hacer. No era habitual que los hermanos solteros se reunieran en la mesa a comer. Casi siempre, Stiles sólo ponía la mesa para Cora y Alex, porque Derek pasaba cada vez más tiempo fuera. Ellos le aseguraban que la culpa no era suya, que sólo era cuestión de trabajo, pero Stiles no llegaba a convencerse. Sabía que Derek sólo lo toleraba por sus habilidades domésticas, que odiaba verlo. Pero los otros dos hermanos eran tan agradables con él que casi compensaba el desprecio de Derek.
La señora Lewis, que pasaba largos ratos en la casa haciendo las tareas más duras del hogar, era una fuente constante de información sobre la historia del rancho y sus alrededores. Stiles aprendió mucho sobre el salvaje pasado de aquellas tierras y almacenó la información en su mente casi con avaricia.
Cuando llegó la primavera, el rancho se convirtió en una casa de locos. El volumen de negocio de los hermanos Hale era abrumador. A pesar de mantener los métodos más tradicionales de cría de ganado y elaboración de piensos, el control de todo el rancho estaba perfectamente informatizado. Dos secretarios en oficinas separadas se ocupaban de procesar toda la información en el ordenador principal de los hermanos, y Stiles tuvo que ocuparse de responder la extensión telefónica del cuarto de estar cuando más ocupados estaban.
El teléfono no dejaba de sonar. Y tampoco el fax. Stiles fue presionado para aprender a manejar este y también el ordenador, para que pudiera recibir y enviar en el correo electrónico mensajes urgentes a los distribuidores y compradores del rancho.
"¡Pero no estoy preparado para hacer algo así!" protestó cuando Alex y Cora se lo propusieron.
Los hermanos se limitaron a sonreír.
"Lo harás muy bien, no te preocupes" dijo Alex, alentadoramente.
"¡No tendré tiempo para cocinar adecuadamente!" insistió Stiles.
"Mientras tengamos suficiente bizcocho, mermelada de fresa y mantequilla de manzana, no habrá problema" aseguró Cora. "Y si las cosas se complican, encargaremos la comida fuera."
Y así lo hicieron a menudo durante las siguientes semanas. Una noche trajeron casi cincuenta pizzas a la casa para alimentar a todo el mundo. Los hermanos trabajaban sin cesar y eran jefes exigentes, pero nunca olvidaban la lealtad y el sacrificio de las personas que trabajaban para ellos. Y pagaban buenos sueldos.
"¿Por qué no te gastas nunca el dinero en ti mismo?" preguntó Alex a Stiles una noche, cuando, cansado de trabajar con el ordenador, se preparaba para irse a la cama.
"¿Cómo?"
"Llevas la misma ropa que el año pasado. ¿No quieres unos vaqueros nuevos, al menos? ¿Algunas camisetas?"
"No se me había ocurrido pensar en eso" confesó Stiles. "He ido metiendo mi dinero en el banco sin pensar en nada más. Supongo que debería hacer algunas compras"
"Claro que deberías" Alex se inclinó hacia él. "En cuanto terminemos de acumular la información sobre cada ternero parido, cada vaca y cada toro del rancho"
"Nunca vamos a acabar" Stiles gimió. "¡Si esas tontas vacas no dejan de tener terneros... !"
"¡Muérdete la lengua!" bromeó Alex. "Eso son beneficios"
"Lo sé, pero..."
"Todos estamos cansados" aseguró Alex. "Estamos anotando datos de cinco ranchos. Hay que hacer una ficha de cada nuevo ternero, de su peso al nacer, de su evolución y alimentación. También hay que revisar constantemente las listas para eliminar los terneros vendidos, los muertos... Toda esa información debe mantenerse al día; de lo contrario, resulta inútil"
Stiles asintió.
"Lo sé. ¡Pero nos vamos a poner malos de comer tantas pizzas y yo me voy a olvidar de cocinar!"
Consternado, Alex se quitó el sombrero y lo apoyó sobre su corazón.
"¡Dios nos libre de eso!"
Stiles estaba demasiado cansado para reír, pero sonrió. Luego se alejó por el pasillo hacia la habitación que ocupaba encima del garaje, sintiéndose tan agotado como parecía.
De camino se topó con Derek, que ese día vestía un elegante traje gris y un sombrero color crema. Volvía de una reunión de negocios en Dallas, y su aspecto resultaba impresionante.
Stiles asintió a modo de saludo y apartó la mirada al pasar junto a él. Pero Derek se colocó frente a él, bloqueando el paso. Una gran mano hizo que Stiles alzara la barbilla. Derek lo miró sin sonreír, y sus ojos verdes brillaron desaprobatoriamente. "¿Qué te están haciendo?" preguntó.
El comentario sorprendió a Stiles, pero no le dio demasiada importancia. Sabía muy bien que Derek nunca se preocuparía por él.
"Todos estamos metiendo información en el ordenador, incluido el viejo Fred" contestó. "Estamos cansados"
"Sí, lo sé. Estas fechas son una pesadilla todos los años. ¿Estás durmiendo lo suficiente?"
Stiles asintió.
"No estoy acostumbrado a manejar ordenadores, y al principio resulta un poco duro, eso es todo. No me importa trabajar"
Derek dudó un momento antes de bajar la mano. Parecía más duro que nunca. "Pronto volverás a tus ocupaciones normales. No queremos hacerte salir de la cocina al siglo veinte a la fuerza"
El comentario fue evidentemente sarcástico, y Stiles lamentó no tener suficiente fuerza para golpearlo.
"Hasta ahora no he oído que te quejaras sobre la comida" le recordó, secamente.
Derek lo miró casi con desprecio.
"Parece que tienes diez años" reprendió. "Eres todo ojos. Y parece que no te quitas nunca esos vaqueros negros y esa camiseta roja. ¿Es que no tienes otra ropa?"
Stiles no podía creer lo que oía. ¿Acaso se habían puesto de acuerdo todos los hermanos para meterse con su vestimenta?
"¡No es asunto tuyo la ropa que me ponga!"
"Si quieres casarte, no lo conseguirás así" gruñó Derek. "¡Ningún alfa miraría dos veces a un omega que ni siquiera se molesta en cepillarse el pelo!"
Stiles se quedó momentáneamente boquiabierto. No esperaba aquel ataque frontal.
"¡Pues discúlpame!" espetó, consciente de lo revuelto que estaba su ondulado pelo. "Por si te interesa saberlo, no he tenido tiempo de cepillarlo. ¡He estado demasiado ocupado anotando qué toro ha sido padre de qué ternero!"
Derek contempló su pálido rostro y se ablandó un poco.
"Ve a la cama" murmuró. "Pareces un muerto viviente"
"Qué agradable cumplido" replicó Stiles en tono burlón. "Muchas gracias"
Ya se alejaba cuando Derek lo tomó por el brazo y le hizo volverse. Buscó algo en el bolsillo de su chaqueta, lo sacó y se lo entregó. Era una cajita de joyería, cuadrada y cubierta de terciopelo. Stiles miró a Derek y éste señaló la cajita con un gesto de la cabeza, indicando que quería que la abriera. Stiles empezó a hacerlo con manos temblorosas. Que Derek le hiciera un regalo era algo totalmente inesperado. Alzó la tapa y vio un precioso colgante sujeto en una cadena de oro con una amatista en el centro rodeado de pequeños diamantes. No había visto nada tan bonito en su vida.
"¡Oh!" exclamó, sorprendido y conmovido por el inesperado regalo. Luego alzó la mirada, cauteloso, preguntándose si se habría precipitado creyendo que era para él. "Oh, ya veo. Querías enseñármelo..."
"Lo he comprado para ti" dijo Derek, incómodo.
Stiles estaba totalmente desconcertado, y se le notaba.
"Es un regalo de cumpleaños retrasado" murmuró Derek, sin mirarlo a los ojos.
"Pero... mi cumpleaños fue el primero de marzo" dijo Stiles, tenso, "y no lo había mencionado"
"No lo habías mencionado" asintió Derek, mirando intensamente el cansado rostro de Stiles. "No tuviste tarta, ni regalos, ni una tarjeta de felicitación" No podía decirle a Tess que se sentía culpable por aquello.
Ni siquiera supo que la fecha había pasado hasta que Cora se lo dijo, dos semanas atrás. Podían haber preparado una pequeña fiesta, haberle hecho algún regalo. Pero sabía que Tess no había dicho nada sobre su cumpleaños por cómo reaccionó él cuando preparó la tarta
para el suyo. Sabía que había estropeado el cumpleaños de Stiles como su padre estropeó para él los suyos. Su conciencia no le dejaba en paz a causa de ello. Por eso se había mantenido tan alejado de él, y por eso había entrado impulsivamente en una joyería. Él, que nunca hacía nada impulsivamente.
"Gracias" murmuró Stiles, cerrando los dedos en torno a la cajita, sin mirar a Derek.
Viendo su rígida postura, él pensó que había algo más. Algo...
"¿Qué sucede?" preguntó con brusquedad.
Stiles respiró profundamente.
"¿Cuándo quieres que me vaya?"
Derek frunció el ceño.
"¿Cuándo quiero qué?"
"El día de tu cumpleaños, cuando te preparé la tarta, dijiste que me podía ir en primavera" le recordó Stiles, porque él no había podido olvidarlo. "Ya estamos en primavera"
Derek frunció aún más el ceño.
"¿Y qué íbamos a hacer sin ti durante el rodeo?" preguntó, razonablemente. "Quédate hasta el verano"
Stiles apretó suavemente la cajita en su mano. El colgante era una especie de lazo entre él y Derek, aunque éste no lo hubiera pretendido. Nunca había recibido un regalo de un alfa -o beta-, excepto el abrigo que le habían regalado los hermanos. Pero este no había sido tan personal como el de Derek.
"Hablaremos sobre ello en otro momento" dijo Derek al cabo de unos segundos. "Estoy cansado y aún tengo cosas que hacer"
Se alejó sin mirar atrás. Stiles contempló cómo se alejaba, sosteniendo la cajita en la mano como un tesoro inestimable. Como si hubiera sentido sus ojos en la espalda, Derek se detuvo y volvió la cabeza. Sus verdes ojos se encontraron con los de Stiles y de pronto fue como si hubiera caído un rayo entre ellos. Stiles sintió que las rodillas le temblaban y que su corazón galopaba.
Ninguno de los dos apartó la mirada. En ese instante, Stiles perdió su corazón. Sintió la lucha de Derek por romper el contacto, y su consiguiente victoria. Se alejó rápidamente, mientras él apretaba los dientes ante aquella inesperada complicación.
De todos los alfas y betas del mundo, el último del que debía haberse enamorado era Derek. Pero saberlo no impedía que sintiera lo que sentía. Dando un suspiro, se encaminó hacia su dormitorio.
Y esa noche durmió con su preciado colgante al cuello.