El cachorro giró en torno a las piernas de Stiles y estuvo a punto de hacer que tropezara cuando iba camino del horno. Él lo miró, sonriente, y fue a servirle comida en su cuenco. Al parecer, el perro siempre estaba hambriento. Probablemente seguía temiendo morir de hambre, porque cuando Stiles lo encontró estaba perdido y en los huesos.
Stiles Stilinski no podía resistir ver animales perdidos o heridos. Había pasado gran parte de su juventud viendo rodeos en los que intervenía su padre, doble campeón del mundo de lazo de ganado. Ahora que su padre se había ido y él vivía sola, disfrutaba teniendo pequeñas criaturas de las que ocuparse. Éstas iban desde pajarillos con alas rotas a terneros enfermos.
Aquel perro era su última adquisición. Había llegado a su puerta trasera justo después del Día de Acción de Gracias, aullando en medio de una noche tormentosa. Stiles lo había adoptado, a pesar de los gruñidos de protesta de dos de sus tres jefes. El «gran» jefe, aquel al que no le caía bien, fue su único aliado para que se quedara con el gato.
Eso lo sorprendió. Derek Hale era un tipo realmente duro. Fue capitán de los Green Berets y había estado en la Operación Tormenta del Desierto. Era el segundo de los cuatro hermanos Hale -todos alfas-, dueños de las Propiedades Hale Ranch, un conglomerado de ranchos y granjas de piensos localizados en varios estados del oeste. El rancho principal estaba en Jacobsville, Texas. Laura, la hermana mayor, era abogada en San Antonio y se había casado hacía un año y medio. Ella y su esposo, Camren, habían tenido una hija. Quedaban otros tres Hale solteros: Cora, la más joven, Alexander, el segundo más joven, y Derek, que era dos años más joven que Laura. Todos vivían en Jacobsville.
El padre de Stiles llevaba trabajando para los Hale poco más de seis meses cuando cayó muerto en el establo debido a un ataque de corazón. Fue terrible para Stiles, cuya madre los había abandonado siendo él pequeño. Jhon Stilinski, su padre, fue hijo único. Stiles carecía de familia conocida. Los Hale también sabían eso. Cuando la mujer que se encargaba de cocinar para ellos expresó su deseo de retirarse, Stiles les pareció un sustituto ideal, pues sabía cocinar y ocuparse de las labores domésticas. También sabía cabalgar, disparar y maldecir en un español muy fluido, pero los Hale no conocían esas habilidades porque Stiles no había tenido ocasión de mostrarlas. En aquellos días, su talento estaba exclusivamente centrado en preparar unos bizcochos sin los que los hermanos no sabían vivir y en cocinar abundante comida. Todo excepto dulces, porque a ninguno de los hermanos parecían gustarle.
Habría sido el trabajo perfecto, incluso con las continuas bromas de Cora y Alex, de no ser porque temía a Derek. Y lo peor de todo era que se le notaba. Lo miraba todo el rato, desde su ondulado pelo castaño y sus claros ojos cafés hasta los pies, como si estuviera esperando a que cometiera el más mínimo error para despedirlo.
Durante el desayuno, aquellos verdes ojos podían penetrar en su rostro como si fueran diamantes. Estaban situados en un rostro delgado y bronceado, con una ancha frente y oscuras y gruesas cejas. Tenía la nariz delgada, los pomulos marcados y el ceño siempre fruncido, pero su larga y bien modelada boca era perfecta y su pelo, ondulado y fuerte, era negro como un cuervo. Era guapo y dominante, arrogante y atemorizador incluso para otros alfas y algunos betas. Cora le dijo a Stiles en una ocasión que los hermanos trataban de intervenir si Derek perdía el control lo suficiente como para ponerse violento. Sabía pelear, pero incluso tan sólo su tamaño habría bastado para hacerlo peligroso. Era una suerte que casi nunca perdiera el control.
Stiles nunca había logrado entender por qué le desagradaba tanto a Derek. No dijo una palabra de protesta cuando los demás decidieron ofrecerle el trabajo de cocinero tras la repentina muerte de su padre. Y fue él quien hizo disculparse a Cora y Alex tras una broma especialmente desagradable en una fiesta. Pero nunca dejaba de encontrar formas de meterse con él.
Como aquella mañana. Stiles siempre ponía mermelada de fresa en la mesa para el desayuno, porque a los hermanos les gustaba. Pero esa mañana, Derek quería mantequilla de manzana y él no había podido encontrarla. Murmurando protestas sobre su falta de organización, Derek se fue de la cocina hecho un basilisco, sin tomar otra galleta ni otra taza de café.
"Falta una semana para su cumpleaños" explicó Alex. "Odia hacerse viejo. Cora asintió.
"El año pasado por estas fechas se fue una semana. Nadie sabía dónde estaba" movió la cabeza con pesar. "Pobre viejo Der".
"¿Por qué lo llamas así?" preguntó Stiles con curiosidad.
"No sé" dijo Cora, sonriendo pensativamente. "Supongo que porque es el más solitario de nosotros tres"
Stiles pensó que tenía razón. Derek estaba solo. No tenía citas con omegas ni betas y no salía con «los muchachos», como hacían los demás. Era muy reservado. Cuando no estaba trabajando, cosa poco habitual, estaba leyendo libros de historia. Cuando comenzó a trabajar en la casa, Stiles se sorprendió al comprobar que leía sobre la historia colonial española, en español. No sabía que era bilingüe, aunque lo averiguó cuando dos de los vaqueros hispanos se pelearon con uno tejano que se había estado metiendo con ellos. El tejano fue despedido, y los dos latinos fueron severamente reprendidos por Derek en un perfecto y duro español. Él también era bilingüe, pues había pasado gran parte de su juventud en el suroeste.
Derek no sabía que él hablaba español. Era una de las muchas cosas que no le gustaba mostrar cuando él estaba cerca. Stiles también era muy reservado, excepto cuando Camren iba de visita al rancho con Alex. Vivían en una casa a varios kilómetros de distancia, aunque aún dentro del rancho Hale. Camren era dulce y amable, y Stiles lo adoraba. Ahora que tenía un bebé, Stiles esperaba sus visitas con verdadero anhelo. Le encantaban los niños.
Pero no le gustaba Herman. Aunque adoraba a los animales, su adoración no se extendía a las serpientes. La gran pitón albina con su blanca piel con manchas amarillas lo aterrorizaba. Vivía en un enorme acuario que se hallaba contra una pared de la habitación de Derek, y tenía la mala costumbre de escaparse de vez en cuando. Stiles la había encontrado en varios sitios inverosímiles, incluyendo la lavadora. No era peligrosa, porque Derek la mantenía bien alimentada. Con el tiempo, Stiles aprendió a no gritar. Como el sarampión y los catarros, Herman era una fuerza de la naturaleza que simplemente debía ser aceptada.
Derek adoraba al reptil. Parecía ser lo único por lo que realmente se preocupaba.
Aunque era posible que también le gustara el perro. Stiles lo había visto jugando con él en una ocasión, con un trocito de cuerda. Él no lo sabía. Cuando no era consciente de que alguien lo estaba mirando parecía una persona diferente. Y nadie había olvidado lo que sucedió después de que Derek viera la famosa película del cerdito. Cora juró que su hermano lloró como una magdalena durante una de las escenas más conmovedoras de la película. Derek la vio tres veces y luego compró una copia en video.
Desde entonces no comía nada que tuviera que ver con el cerdo. Era una de las muchas paradojas de aquel hombre complicado. No temía a nada sobre la tierra, pero al parecer ocultaba un corazón muy sensible en su interior. Stiles nunca había tenido el privilegio de verlo, porque no le caía bien a Derek. Le hubiera gustado no sentirse tan incómodo estando cerca de él. Pero eso era algo que le sucedía a la mayoría de las personas.
La Nochebuena llegó a finales de semana y Stiles preparó una suculenta comida tradicional con toda la típica guarnición. Laura y Camren estaban iniciando su propia tradición familiar para el día de Navidad, de manera que la celebración del conjunto familiar tuvo lugar en Nochebuena.
Stiles comió con ellos, porque los cuatro hermanos se empeñaron en que así lo hiciera. Se puso el mejor atuendo que tenía, un enterizo de cuadros escoceses rojos, pero era barato y se notó especialmente en contraste con el atuendo que llevaba Camren. Todos se esforzaron en hacer que se sintiera cómodo, y para la hora del postre, Stiles ya había dejado de preocuparse por su ropa. Todo el mundo lo incluía en la conversación. Excepto por el silencio de Derek, la cena habría sido perfecta. Pero este ni siquiera lo miró. Él trató de no preocuparse.
También recibió regalos, y él entregó a los hermanos las elegantes fundas de ganchillo que había hecho para los cojines del salón. Los regalos que Stiles recibió no estaban hechos a mano, pero le encantaron de todos modos. Los hermanos le habían comprado un chaquetón de invierno. Era de piel negra con grandes puños y cinturón. No había visto en su vida nada tan bonito, y lloró al recibirlo. Camren le regaló un delicioso perfume floral y la señora Mellisa, que se ocupaba de la limpieza general de la casa, un elegante pañuelo en tonos azules. Se sintió en la cima del mundo mientras recogía la vajilla y la llevaba a la cocina para meterla en el lavavajillas.
Alex se detuvo junto a la encimera y, sonriendo traviesamente, tiró del lazo con que Stiles se había sujetado el delantal.
"Ni se te ocurra" advirtió él, aunque sonrió antes de volver a centrar su atención en el friegaplatos.
"Der no ha dicho una palabra" comentó Alex. "Se ha ido a revisar la valla del río con Boyd antes de que oscurezca"
Boyd, un hombre aún más silencioso que Derek, era el capataz encargado del ganado. El rancho era tan grande que había capataces para cada cosa: el ganado, los caballos, la maquinaria, las ventas, incluso había un veterinario de guardia. El padre de Stiles había sido el encargado de los animales de cría durante el breve tiempo que pasó en el rancho Hale antes de su inesperada muerte. La madre de Stiles los abandonó cuando éste era un niño, harta de la vida nómada que tanto gustaba a su marido. En los últimos años, Stiles no había tenido noticias de ella. Se alegraba de ello. Esperaba no volver a verla nunca más.
"Oh" dijo mientras colocaba un plato. "¿Por mí?" añadió con suavidad. Alex dudó.
"No lo sé. Últimamente no ha sido él mismo. Bueno..." corrigió sonriendo irónicamente "sí lo ha sido, sólo que peor de lo habitual"
"Yo no he hecho nada para enfadarlo, ¿verdad?" preguntó Stiles, mirando a Alex con gesto preocupado.
Era tan joven, pensó él, viendo la inseguridad que reflejó su rostro, lleno de lunares. No era hermoso, pero tampoco era vulgar. Tenía una luz interior que parecía irradiar de él cuando estaba contento. Le gustaba oírle cantar mientras estaba en la cocina o cuando salía a alimentar a las pocas gallinas que tenían para surtirse de huevos. A pesar de la reciente tragedia que había tenido lugar en su vida, era una
persona feliz.
"No" dijo con firmeza. "No has hecho nada. Ya te acostumbraras a los cambios de humor de Der. No suele ponerse así a menudo. Sólo en Navidad, en su cumpleaños y, a veces, durante el verano"
"¿Por qué?" preguntó Stiles.
Alex se encogió de hombros.
"Participó en la operación Tormenta del Desierto, en la guerra con Irak. Nunca habla de ello. Fuera lo que fuese lo que hizo, era secreto. Pero estuvo en zonas peligrosas y volvió a casa herido. Mientras se recuperaba en Alemania, su prometida se casó con otro alfa. Las Navidades y el mes de julio se lo recuerdan y se pone de mal humor"
Stiles hizo una mueca.
"No parece la clase de hombre que le pediría a nadie que se casara con él a menos que fuera en serio"
"No lo es. Le dolió mucho. Desde entonces no ha tenido mucho tiempo para las relaciones" Alex sonrió suavemente. "Resulta un tanto extraño cuando vamos a alguna convención. Ahí está Der con su corbata negra, estirado como un faro, con varios omegas y betas, hombres y mujeres por igual, siguiéndolo como terneros. Él nunca parece fijarse."
"Supongo que aún se está recuperando" dijo Stiles, relajándose un poco. Al menos no era sólo él quien hacía que Derek pareciera tan disgustado.
"No sé si alguna vez se recuperará del todo" tras observar unos momentos a Stiles mientras éste seguía llenando el lavavajillas, Alex añadió: "Eres muy hacendoso ¿no?"
Sonriendo, Stiles echó detergente en el lavavajillas.
"Siempre he tenido que serlo. Mi madre nos dejó cuando yo era muy pequeño. Sólo vino a vernos en una ocasión, cuando yo ya tenía dieciséis años. Después no volvimos a verla" se estremeció interiormente al recordar. "No me quedó más remedio que aprender a limpiar y a cocinar para papá siendo muy joven"
"¿No tienes hermanos ni hermanas?"
Stiles negó con la cabeza.
"Sólo estábamos mi padre y yo. A mí me habría gustado estudiar o ponerme a trabajar, pero él me necesitaba" su mirada se oscureció un poco. "Lo quería mucho, y no dejo de preguntarme si... si hubiéramos sabido antes que sufría del corazón, tal vez su muerte se podría haber evitado"
"No te atormentes pensando eso" dijo Alex con firmeza. "Las cosas simplemente suceden. Tienes que darte cuenta de que no puedes controlar la vida.
"Esa es una lección difícil de aprender"
Alex asintió.
"Pero no hay más remedio que hacerlo" frunciendo el ceño ligeramente, añadió: "¿Cuántos años tienes? ¿Veinte?"
Stiles pareció sorprendido.
"Tengo veintiún años. Cumpliré veintidós en marzo"
Ahora fue Alex quien pareció sorprendido.
"No pareces tan mayor"
Stiles rió.
"¿Es eso un cumplido o un insulto?"
"Supongo que a ti te parecerá un insulto, pero no lo es"
Stiles frotó una imaginaria mancha de la encimera.
"Derek es el mayor, ¿no?"
"Laura" corrigió Alex. "Der cumplirá treinta el sábado"
Stiles apartó la mirada, como si no quisiera que Alex viera lo que había en él.
"Tardó mucho en comprometerse"
Cora sonrió irónicamente.
"Herman no ayuda precisamente a hacer que una relación resulte duradera" Stiles comprendía aquello perfectamente. Desde el principio le pidió a Derek que cubriera el terrario en que guardaba a su pitón albina cuando tenía que limpiar su cuarto. Desde pequeño tenía un terror mortal a las serpientes. En más de una ocasión estuvo a punto de ser mordido por una antes de que su padre se diera cuenta de que apenas podía ver a más de dos metros de distancia. Desde entonces tuvo que usar gafas, pero en cuanto fue lo suficientemente mayor como para protestar, insistió en ponerse lentillas.
"Al menos encontró a una mujer dispuesta a compartirlo con su serpiente, ¿no?"
"A ella tampoco le gustaba Herman" replicó Alex. "Le dijo a Derek que no estaba dispuesta a convivir con ella. Él prometió que cuando se casaran se la daría a un hombre que cría serpientes"
"Comprendo" era revelador que Derek estuviera dispuesto a ceder.
"En el fondo, mi hermano es muy generoso y desprendido" dijo Alex con suavidad. "Si no diera tanto miedo de primeras, no le quedaría ni una camisa. Nadie ve el gran corazón que hay tras su dura fachada"
"No se me había ocurrido pensar en él así" murmuró Stiles.
"No lo conoces"
"No, desde luego que no" replicó Stiles, avergonzado.
"Der pertenece a otra generación" dijo Alex, sonriendo. Sin embargo, yo soy joven, atractivo, rico... y sé cómo hacer pasar un buen rato a un omega sin hacer de ello un compromiso"
Stiles alzó las cejas.
"¡Y también eres modesto!"
Alex sonrió traviesamente.
"Desde luego. Ese es mi segundo nombre" se apoyó contra la encimera. pelo castaño rojizo, de ojos negros, no había duda de que era tan guapo como los otros Hale. No salía mucho, pero siempre había omegas esperanzados a su alrededor. Stiles sospechaba que era un vividor, pero se consideraba fuera de sus posibles opciones. De manera que se sorprendió cuando Alex añadió: "¿Qué te parece si salimos a cenar y al cine el viernes por la noche?"
Stiles no aceptó de inmediato.
"Trabajo para la familia" dijo. "Creo que no me sentiría cómodo"
Alex alzó las cejas.
"¿Acaso somos unos déspotas?"
Stiles sonrió.
"Por supuesto que no. Pero creo que no sería buena idea."
"Tienes tus propias habitaciones sobre el garaje. No vives en pecado bajo nuestro mismo techo, y nadie murmuraría porque salieras conmigo"
"Lo sé"
"Pero sigues sin querer salir conmigo"
Stiles sonrió, preocupado.
"Eres muy agradable"
"¿Lo soy?"
"Sí"
Alex respiró profundamente y sonrió con añoranza.
"Me alegra que lo pienses" aceptando la derrota, se apartó de la encimera. "La cena estaba muy buena, por cierto. Eres un cocinero excelente"
"Gracias"
"¿Te importaría preparar otra cafetera? Tengo que ayudar a Der con la contabilidad, y lo odio. Necesitaré una dosis de cafeína para no quedarme dormida"
"¿Derek piensa trabajar incluso en Nochebuena?"
"Derek siempre trabaja. En cierto modo, el trabajo es un sustituto de todas sus carencias. Pero él no lo considera trabajo, sino negocio"
"A cada uno lo suyo" murmuró Stiles.
"Amén" Alex tiró amistosamente de una de las castañas ondas de Stiles. "No te pases la noche en la cocina. Si te apetece, puedes ver alguna película en el vídeo del salón"
La celebración de Navidad fue especialmente tranquila. Derek también trabajó ese día, al igual que el resto de la semana.
El cumpleaños de Derek no se celebró. Sus hermanos explicaron a Stiles que odiaba las celebraciones, las tartas y los regalos, por ese orden. Pero Stiles no pudo creer que aquel hombretón quisiera que los demás olvidaran por completo aquella fecha. De manera que el sábado por la mañana, tras el desayuno, preparó una tarta de cumpleaños de chocolate, porque, hacía unas semanas, lo vio probar un trozo de una que preparó Camren. A ninguno de los hermanos les gustaban los dulces, y casi nunca los probaban. Según la anterior cocinera, la señora Culbertson, aquello se debía a que el padre omega de los Hale nunca preparó tartas ni pasteles. Abandonó a los chicos con su madre Alfa. Aquello hacía que Stiles tuviera algo en común con ellos, pues a él también la abandonó su madre omega.
Tras enfriar el pastel, escribió Feliz Cumpleaños encima. Colocó una sola vela en lugar de treinta. Lo dejó sobre la mesa y fue al buzón de correos para echar unas cartas que el secretario de los hermanos había dejado en la mesa del vestíbulo. No esperaba que ninguno de los hermanos apareciera antes de la comida de la tarde, porque había llegado una repentina ola de frío y todo el mundo estaba comprobando si el ganado estaba bien y acondicionando los establos.
Cora había comentado que lo más probable era que no fueran a comer. Pero cuando volvió a la cocina, con su nuevo abrigo de cuero bien ceñido en torno a la cintura, encontró a Derek en ésta y los restos del pastel, su precioso pastel, en el suelo bajo una gran mancha de chocolate en la pared.
Derek se volvió al oírlo, desmedidamente indignado, pareciendo aún más grande de lo que ya era con su chaquetón de piel vuelta. Sus ojos verdes se oscurecieron como el azabache bajo el ala de su sombrero.
"No necesito que me recuerden que he cumplido treinta" dijo, en un tono tan suave como peligroso. "Y no quiero pasteles, ni fiestas, ni regalos. ¡No quiero nada de ti! ¿Comprendido?"
La suavidad de su tono resultaba casi aterradora. Stiles había notado que, de todos los hermanos, Derek era el único que nunca gritaba. Y sus ojos resultaban aún más intimidantes que su tono.
"Lo siento" dijo, en un apagado susurro.
"No eres capaz de encontrar la mantequilla de manzana cuando se te pide, pero tienes tiempo para hacer cosas como... ¡esa!" espetó Derek, señalando el pastel esparcido sobre el suelo.
Stiles se mordió el labio inferior y se quedó mirándolo, con sus ojos miel muy abiertos en su pálido y lunarejo rostro.
"¿Cómo diablos se te ha ocurrido hacerlo? ¿No te ha dicho nadie que odio los cumpleaños?"
La voz de Derek cortaba como un látigo. Su mirada bastaba para hacer que las rodillas de Stiles temblaran. Tragó con esfuerzo.
"Lo siento" repitió.
Su falta de reacción enfadó aún más a Derek. Lo miró como si lo odiara. Dio un violento paso hacia él y Stiles se apartó de inmediato, colocándose tras la tabla de cortar.
Su postura expresaba el temor que sentía. Derek se detuvo y lo miró fijamente, frunciendo el ceño.
Stiles sujetaba el borde de la tabla y parecía muy joven y acorralado. Se mordió el labio inferior, esperando el resto de la explosión que sabía se avecinaba. Sólo quería ser agradable con él. Tal vez para ganarse su amistad. Había sido un terrible error. Era evidente que aquel hombre no quería tenerlo por amigo.
"Hey, Derek, ¿puedes...?" Cora se detuvo en seco en la entrada de la cocina y contempló la escena que tenía ante sí. Stiles, pálido y tembloroso, y no precisamente de frío. Derek con los puños firmemente apretados junto a los costados y los ojos echando chispas. El pastel aplastado contra la pared.
Derek pareció sobresaltarse, como si la presencia de su hermana lo hubiera sacado de la helada rabia que lo mantenía cautivo.
"Vamos, vamos" dijo Cora, hablando con mucha calma, pues conocía el temperamento de su hermano. "Contrólate, Der. Míralo. Vamos, míralo, Der"
Derek pareció recuperar el sentido al ver el brillo de las lágrimas en los ojos de Stiles. Estaba temblando, visiblemente asustado.
Soltó el aire y aflojó los puños.
"Tenemos que preparar los terneros para que se los lleven" dijo Cora, hablando aún con gran suavidad. "¿Vienes, Der? Los camiones ya están aquí y no encuentro los papeles"
"Los papeles" Derek respiró profundamente. "Están en el segundo cajón del escritorio, en la carpeta roja. Olvidé ponerlos en el archivo. Ve a por ellos. Enseguida estoy contigo"
Cora no se movió. ¿No se daba cuenta de que tenía aterrorizado al chico? Rodeó a su hermano y se colocó frente a Stiles.
"Tienes que quitarte el abrigo. Aquí hace calor" dijo, riendo forzadamente. "Vamos, quítatelo"
Soltó el cinturón del abrigo de Stiles y dejó que él se lo quitara. Derek dudó, pero sólo un instante. Soltó un taco en español, giró sobre sus talones y salió de la cocina dando un portazo. Stiles tragó con esfuerzo, intentando liberar el nudo que le atenazaba la garganta.
"Gracias por salvarme" murmuró con voz ronca.
"Der es muy raro con los cumpleaños" dijo Cora. Supongo que no te lo hemos aclarado lo suficiente, pero, al menos, no te ha tirado el pastel a la cara" añadió, sonriendo. "El viejo Charlie Greer solía cocinar para nosotros antes de que encontráramos a la señora Culberston, a la que tú sustituiste. Charlie preparó en una ocasión un pastel de cumpleaños para Der y acabó con él puesto"
"¿Por qué?" preguntó Stiles con curiosidad.
"Nadie lo sabe. Excepto, tal vez, Laura" corrigió. "Eran mayores que yo. Supongo que es algo que viene de muy lejos. No hablamos sobre ello, pero estoy seguro de que habrás oído algún cotilleo sobre mi padre"
Stiles asintió.
"Laura superó los malos recuerdos y se casó bien. Der..." Cora movió la cabeza. "Era así incluso cuando se comprometió. Y todos pensábamos que lo suyo fue más un encaprichamiento físico que la necesidad de casarse. La omega que eligió tenía una personalidad retorcida y provocadora. Fue una suerte que no se casara con ella"
Stiles aún estaba recuperando el aliento. Tomó el abrigo que Cora sostenía. "Lo llevaré arriba" dijo. "Gracias"
"Se disculpará en algún momento" dijo Cora, lentamente.
"No servirá de nada" Stiles alzó la mirada, en la que el miedo empezaba a ser sustituido por la rabia y el dolor. "Me voy. Lo siento, pero no puedo quedarme aquí temiendo que vuelva a suceder algo parecido. Derek me da miedo"
Cora pareció conmocionada.
"No te habría pegado" dijo con suavidad, haciendo una mueca al ver que los ojos de Stiles volvían a brillar a causa de las lágrimas. "¡Nunca lo haría! Tiene arrebatos. Ninguno de nosotras los comprende del todo, porque Der nunca habla de lo que le ha pasado. Pero no es ningún maníaco"
"No, claro que no. Simplemente no le gusto"
A Cora le habría gustado discutir aquello, pero lo cierto era que Derek se mostraba especialmente antagonista con Stiles, aunque por motivos que ninguno de los hermanos comprendían.
"Espero que encontréis alguien para sustituirme" dijo Stiles, con tembloroso orgullo, "porque yo me voy en cuanto tenga hecho el equipaje"
"No te vayas así, Stiles, por favor. Tómate unos días para pensarlo"
"No"
Stiles salió de la cocina. Ya había tenido suficiente de Derek Hale. Nunca superaría lo que le había dicho, la forma en que lo había mirado. Lo había asustado mucho, y no pensaba trabajar para un hombre que podía volverse loco por un pastel.