Si tenemos en cuenta que durante la gestación, el nacimiento y la primera infancia el cerebro está, literalmente, construyendo sus cimientos, podemos entonces dimensionar la importancia que tienen las experiencias tempranas en la formación del carácter y la personalidad del ser humano.
En las últimas décadas se ha ido situando cada vez más atrás en el tiempo el momento del inicio del desarrollo psíquico. Hoy, sobre la base de investigaciones en neurología y en psicología, es posible concluir que el desarrollo psicológico se inicia desde el mismo momento de la concepción. Sí, así como lo leen.
Si vamos un poco más atrás, incluso antes de la concepción, es muy importante cómo cada uno de los padres concibe la idea de tener un hijo, cómo entiende lo que significa “ser padres”.
Estas fantasías, que preceden al niño, se encuentran inevitablemente ligadas a lo que ellos mismos han vivido en su experiencia como hijos, y serán los pilares sobre los que, posteriormente, comenzará a construirse psicológicamente la “primera identidad” del niño, la cuál comienza a configurarse en la mente de los padres.
Incluso antes de nacer, el niño no sólo tiene una vida física sino también psicológica y emocional.