La importancia de los Hábitos y las Rutinas
Los hábitos repetitivos ayudan a construir un equilibrio emocional, que proporciona a los niños un importante mecanismo para su educación y la construcción de su personalidad.
Estas rutinas que se comienzan a trabajar desde los primeros meses de vida no solo permiten proporcionar organización a la vida del niño, sino que además constituyen el primer paso para la adquisición de límites.
Sabemos que los niños nacen siendo un “caos” (un caos hermoso, pero caos al fin), en el sentido de que sus impulsos y emociones están desordenadas y esto tiene que ver con que, durante los primeros meses y años de vida, al niño se le abre un mundo completamente desconocido.
Allí entra en escena la importancia de las figuras parentales, la importancia vital de la relación que se establece con el bebé durante los primeros meses de vida, una relación de total dependencia de ese niño hacia sus padres, que serán la fuente de satisfacción de todos sus deseos y necesidades.
Ahora, ya desde el primer momento es necesario “ordenar” dichos impulsos, ¿cómo? establecer rutinas que, en lo posible, se respeten siempre, todos los días, en todo lugar.
¿Cuáles son las rutinas básicas? Alimentación, higiene y sueño. La idea es que los padres puedan organizarse y organizar a ese niño, en el día a día, asignado un horario para cada actividad. El orden y la forma lo establecerán los padres. A medida que esto se trabaje, estos hábitos irán internalizándose en el niño junto con el sentimiento de seguridad.
Para finalizar, es necesario entender, que los hábitos no solo implican organización, van edificando el pilar sobre el que posteriormente se internalizarán los modos de relaciones futuras que ese niño establecerá posteriormente con los otros.