Diara es una niña que conocía bien su pueblo y disfrutaba de recorrer el camino hacia la fuente, donde las mujeres iban a buscar agua a diario. La llegada de ingenieros trajo grifos a cada hogar, pero la comunidad, especialmente las mujeres, extrañó la interacción social que tenían en la fuente, lo que llevó a una asamblea donde decidieron reestablecer el tiempo para socializar mientras utilizaban los grifos. A través de esta experiencia, Diara y otros aprendieron la importancia de escuchar y considerar las necesidades de la comunidad en proyectos de desarrollo.