MAEART
Vanguardia, identidad y transformación
MAEART es una galería de arte de vanguardia fundada en Tucumán, Argentina, en 2010, bajo la dirección del artista Rodolfo Marcelo Pérez, también conocido como Mae Marcelo Elías. Desde su creación, se ha consolidado como un espacio único donde convergen el neosurrealismo, el expresionismo abstracto y lo figurativo, dando lugar a una estética distinta, futurista y profundamente humana.
Su propuesta artística coloca al individuo frente al universo desde una cosmovisión propia, libre de alineamientos religiosos o políticos, y lo expone como ser autónomo capaz de expresar emociones y sentimientos auténticos.
Statement
El arte de Mae Marcelo Elías se define por la búsqueda constante de originalidad. Cada obra es una proyección del ser humano en un mundo futurista, construido desde el surrealismo abstracto y el neosurrealismo. Su misión es provocar reflexión y abrir caminos hacia nuevas formas de conciencia.
Neosurrealismo
En sus pinturas se manifiesta un automatismo psíquico que intenta reflejar el funcionamiento real del pensamiento sin la intervención reguladora de la razón. Este proceso creativo libre, ajeno a las convenciones estéticas o técnicas, convierte cada pieza en un testimonio genuino de la mente en movimiento. El resultado son obras que trascienden lo visual para convertirse en experiencias emocionales y simbólicas.
Estética
La estética de MAEART se sostiene en una base sólida de lo figurativo y lo abstracto. Su paleta cromática, cálida y vibrante, define un estilo propio con mirada futurista. Cada obra suele construirse a partir de tres a cinco colores principales, que luego se descomponen y transforman para transmitir el sentido deseado.
El color es el elemento diferenciador que coloca su obra en la vanguardia y refuerza la singularidad de su propuesta. La técnica de Mae Marcelo Elías no busca reproducir la realidad, sino abrirla, deformarla y sugerirla, generando un diálogo entre lo visible y lo invisible.
Legado
El propósito de MAEART es trascender en un mundo capitalista sin perder la esencia de la originalidad. Cada trazo se fundamenta en un sentido real y sincero, con el objetivo de convertirse en parte del legado artístico de Tucumán y perdurar en el tiempo.
Su estilo busca ser reconocido dentro de la corriente neosurrealista como una expresión única e irrepetible, donde lo estético y lo exótico marcan la diferencia. El legado de MAEART no es solo artístico, sino también cultural y filosófico: una invitación a pensar, sentir y transformar.
Contribución
La obra de Mae Marcelo Elías contribuye a la cultura global, priorizando siempre el valor artístico por encima de lo material. Cada persona o institución que adquiere una pintura participa en el camino de un artista que ha dedicado más de una década a esta forma de vida y expresión.
Su compromiso es permanecer en el tiempo, perfeccionando año tras año su técnica y reafirmando su misión de transformar a través del arte. MAEART no es solo una galería, es un movimiento que conecta Tucumán con el mundo, llevando consigo una visión que combina estética, ética y memoria.
Reconocimientos y proyección
Las obras de MAEART han sido expuestas en espacios prestigiosos como el Teatro Colón de Buenos Aires y han alcanzado plataformas internacionales como Saatchi Art y Artmajeur. El reconocimiento de Marca Tucumán, licencia 1331, certifica que este proyecto no solo tiene raíces locales, sino también alas internacionales.
MAEART es un puente entre lo íntimo y lo universal, entre la memoria tucumana y la cultura global. Su comunidad, a través de ECIRA Internacional, reúne a más de 6.000 artistas en todo el mundo, convirtiéndose en símbolo de transformación y colaboración.
Filosofía y misión
La misión de MAEART es clara:
Defender la libertad y la democracia.
Promover el pensamiento crítico.
Usar el arte como herramienta de reconciliación y memoria.
Dejar una huella cultural que inspire a futuras generaciones.
Cada obra, cada libro y cada iniciativa reafirma este compromiso: ser un faro de creatividad, identidad y libertad.
Palabras del autor
Soy Rodolfo Marcelo Pérez, nacido en Tucumán, Argentina, tierra que considero fuente inagotable de inspiración. Desde muy joven descubrí que mi vida estaría marcada por la creatividad, la comunicación y el arte. He transitado el mundo de la publicidad y el diseño desde 1989, aprendiendo a dar forma visual a las ideas y a comprender el poder de un mensaje bien construido. Sin embargo, mi verdadera pasión siempre ha sido el arte: esa búsqueda incansable de originalidad que me permite proyectar emociones, pensamientos y visiones hacia un universo propio.
En el ámbito artístico me conocen como Mae Marcelo Elías, o simplemente @maeart. Bajo ese seudónimo he desarrollado un lenguaje plástico que se nutre del expresionismo abstracto y del neosurrealismo. Entre 2010 y 2023 me sumergí en la creación de casi quinientas obras, muchas de ellas hoy forman parte de colecciones privadas en distintos países, y cuatro permanecen en el Teatro Colón de Buenos Aires desde 2017 como parte de su patrimonio permanente. Cada cuadro es un espejo de mi interior, un intento de abrir puertas hacia mundos simbólicos y emocionales que invitan al espectador a sentir más allá de lo visible.
Desde mi oficina en Creatives AGENCY y la Galería MAEART, continúo expandiendo este universo creativo. En 2021 fundé ECIRA Internacional, una comunidad que hoy reúne a más de 6.000 artistas de todo el mundo, unidos por un propósito común: humanizar al mundo a través del arte. Creo firmemente que el arte no debe encerrarse en un estudio, sino circular, conectar y transformar. Esa es la misión que guía cada proyecto, cada exposición y cada encuentro con otros creadores.
La escritura también ocupa un lugar esencial en mi vida. Desde 2002 he cultivado textos que combinan ensayo, narrativa, poesía y filosofía. En 2024 decidí publicar de manera abierta y constante, y ese camino desembocó en la creación de WHAT’SHAPP newsletter, un espacio distópico y reflexivo que en apenas 90 días reunió a casi 2.400 suscriptores de alto nivel intelectual en LinkedIn. Allí comparto ideas que buscan provocar, cuestionar y abrir diálogos sobre la sociedad, la tecnología y la condición humana.
Cada día disfruto del proceso creativo, ya sea frente a un lienzo, escribiendo un artículo o diseñando una campaña. Mi compromiso es seguir aportando al mundo del arte y las letras, perfeccionando mi técnica y ampliando los horizontes de mi obra.
Si desean conocer más sobre mi trabajo, explorar mis escritos o simplemente conectar conmigo, los invito a visitar mi espacio digital:
Ha sido un verdadero placer compartir estas palabras. Espero que este viaje creativo continúe expandiéndose y que podamos encontrarnos en el arte, la palabra y la transformación.
Rodolfo Marcelo Pérez | MAEART
Artista Plástico Expresionista Abstracto Neosurrealista de Argentina
MAEART
Hablar del arte de Rodolfo Marcelo Pérez, conocido en el universo creativo como MAEART, no es simplemente describir una obra o enumerar una serie de pinturas; es adentrarse en un territorio donde la experiencia estética se transforma en una travesía interior, donde cada trazo parece latir con una intención que va más allá de lo visible y donde el espectador deja de ser un observador pasivo para convertirse en parte activa de un diálogo profundo con lo humano. La historia de este arte comienza en Tucumán, pero no se queda allí: como toda obra que nace de una necesidad auténtica, se expande, se ramifica, se multiplica en significados y en voces, como si cada cuadro fuera una puerta hacia un universo distinto y, al mismo tiempo, un espejo que devuelve algo esencial de quien lo contempla.
En ese origen, en esa tierra cargada de historia y memoria, se encuentra también una tensión inicial: la disciplina y la estructura conviviendo con una necesidad irreprimible de libertad. Esa dualidad parece marcar no solo la vida del artista, sino también su obra. Hay en MAEART una especie de pulso constante entre orden y caos, entre lo racional y lo intuitivo, entre lo aprendido y lo descubierto. Tal vez por eso sus pinturas no buscan nunca la comodidad de lo predecible; por el contrario, incomodan, cuestionan, abren grietas. Son imágenes que no se dejan domesticar fácilmente, porque nacen de un impulso que rehúye toda forma de control absoluto.
A medida que uno se adentra en ese universo, comienza a percibir que no hay una intención de representar la realidad tal como es, sino de desarmarla, de atravesarla, de reconstruirla desde otro lugar. Las formas se quiebran, se superponen, se desplazan; los colores vibran como si tuvieran una vida propia. Y en ese movimiento constante aparece algo que no puede ser dicho de manera directa: una emoción, una pregunta, una inquietud que no se resuelve, sino que se sostiene en el tiempo, como una tensión necesaria.
El expresionismo abstracto se manifiesta en esa intensidad, en esa necesidad de volcar lo interno hacia afuera sin filtros. Cada pincelada parece ser una descarga, un gesto que no busca agradar sino decir. Pero ese decir no es literal: es un lenguaje que se construye desde la materia, desde el color, desde la energía. No hay una narrativa lineal en las obras, sino múltiples narrativas posibles que se entrecruzan. Cada espectador encuentra algo distinto, porque cada obra está abierta, disponible para ser reinterpretada una y otra vez.
Sin embargo, esa dimensión expresiva no está sola. Se entrelaza con una capa más profunda, más simbólica, que remite al neosurrealismo. Allí aparecen los sueños, las imágenes que no responden a la lógica cotidiana, los símbolos que parecen emerger desde un lugar anterior al pensamiento consciente. Es como si la obra fuera el resultado de un diálogo entre lo que el artista sabe y lo que el artista no puede controlar. Y en ese punto, en esa frontera difusa, es donde sucede algo verdaderamente interesante: la obra deja de ser una construcción para convertirse en un descubrimiento.
El color, en este contexto, adquiere un protagonismo absoluto. No es un elemento secundario ni decorativo; es el núcleo mismo de la experiencia. Los colores en MAEART no acompañan la forma: la generan, la tensionan, la expanden. Hay una economía en la paleta que, lejos de limitar, potencia. Pocos colores, pero intensos, trabajados hasta sus últimas posibilidades, transformados, descompuestos, recombinados. El resultado es una vibración constante que atraviesa la obra y que parece extenderse más allá del soporte.
Y luego está la figura humana, que aparece y desaparece, que se fragmenta, que se transforma. No es un cuerpo tradicional, reconocible en términos clásicos, sino un cuerpo simbólico, un cuerpo que representa algo más que sí mismo. A veces es apenas una insinuación, una silueta, una presencia que se percibe más que se ve. Otras veces se convierte en el centro de la composición, pero nunca de manera literal. Siempre hay algo que la desborda, que la excede, que la empuja hacia otro plano.
En ese tratamiento de la figura humana se percibe una preocupación constante por la condición del ser en el mundo. No se trata de retratar individuos, sino de explorar lo humano como experiencia. Lo humano como conflicto, como búsqueda, como posibilidad. Y en esa exploración aparecen temas que atraviesan toda la obra: la identidad, la memoria, la espiritualidad, la relación con la tecnología, la tensión entre lo individual y lo colectivo.
La ciudad, por ejemplo, se convierte en un escenario recurrente. Pero no es una ciudad real, reconocible, sino una construcción simbólica, un espacio donde se condensan múltiples significados. Es la ciudad como organismo, como sistema, como red de relaciones. Es la ciudad como lugar de encuentro y de alienación, como espacio de creación y de conflicto. En esas representaciones urbanas hay algo de lo contemporáneo, de esa sensación de estar inmerso en un mundo complejo, saturado de estímulos, donde todo sucede al mismo tiempo.
Al mismo tiempo, hay una dimensión espiritual que atraviesa toda la obra. No una espiritualidad ligada a dogmas o a estructuras religiosas, sino una búsqueda más amplia, más abierta. Es la necesidad de encontrar sentido, de conectar con algo que trascienda lo inmediato. Esa búsqueda se manifiesta en símbolos, en composiciones, en la manera en que las obras parecen abrirse hacia un más allá que no se define, pero que se intuye.
En algunas piezas, esa dimensión se vuelve explícita: rostros con ojos cerrados, figuras en estado de contemplación, elementos que remiten a lo cósmico, a lo infinito. Pero incluso cuando no está de manera evidente, la espiritualidad sigue ahí, como un trasfondo que sostiene la obra. Es una invitación a mirar más allá de lo visible, a detenerse, a sentir.
La relación con la tecnología es otro eje que aparece con fuerza. En un mundo donde lo digital atraviesa todas las dimensiones de la vida, MAEART no permanece ajeno. Por el contrario, incorpora esa realidad en su lenguaje, la problematiza, la transforma en materia artística. Las obras que abordan esta temática no lo hacen desde una mirada ingenua, sino desde una reflexión crítica. ¿Qué significa ser humano en un contexto donde la tecnología redefine constantemente nuestras formas de relacionarnos, de percibir, de existir?
Esa pregunta no tiene una respuesta única, y tal vez por eso aparece una y otra vez, en distintas formas, en distintos niveles. A veces como una fusión entre lo humano y lo mecánico, otras veces como una tensión entre lo orgánico y lo artificial. Pero siempre como una inquietud que permanece abierta.
En ese sentido, el arte de MAEART no busca dar respuestas, sino generar preguntas. No pretende cerrar sentidos, sino abrirlos. Es un arte que incomoda en el mejor sentido de la palabra: que obliga a pensar, a revisar, a cuestionar. Y en ese proceso, se convierte en una herramienta de transformación.
Esa idea de transformación es central. No solo en términos individuales, sino también colectivos. El arte, en esta visión, tiene una función social. No es un objeto aislado, destinado únicamente a la contemplación estética, sino un medio para generar diálogo, para construir comunidad, para intervenir en la realidad.
La creación de espacios como ECIRA Internacional responde a esa lógica. Es la extensión natural de una práctica que no se agota en el taller, sino que busca expandirse, conectar, multiplicarse. El arte como red, como vínculo, como posibilidad de encuentro.
Y en paralelo, la escritura aparece como otra forma de expresión, como otro canal para explorar las mismas inquietudes. La palabra y la imagen no se excluyen, sino que se complementan. Ambas forman parte de un mismo universo creativo, de una misma necesidad de decir, de comunicar, de compartir.
En ese cruce de lenguajes, en esa combinación de disciplinas, se construye una propuesta que no puede ser reducida a una categoría. MAEART no es solo pintura, ni solo literatura, ni solo gestión cultural. Es todo eso al mismo tiempo, y algo más: una forma de entender el arte como práctica integral, como modo de vida.
A medida que se recorre este universo, se hace evidente que hay una coherencia profunda que atraviesa toda la obra. No en el sentido de repetición, sino en el de una búsqueda constante que se sostiene en el tiempo. Cada obra es distinta, pero todas forman parte de un mismo proceso, de una misma exploración.
Ese proceso no es lineal. Tiene avances, retrocesos, momentos de claridad y momentos de duda. Pero es precisamente en esa dinámica donde reside su riqueza. El arte de MAEART no es un punto de llegada, sino un camino. Un camino que se construye en el hacer, en el experimentar, en el arriesgar.
Y tal vez sea ahí donde radica su mayor valor: en la honestidad de esa búsqueda, en la decisión de no conformarse con lo dado, de seguir explorando, de seguir preguntando. En un mundo donde muchas veces se privilegia la inmediatez y la superficialidad, esta obra propone otra cosa: tiempo, profundidad, compromiso.
Quien se acerca a MAEART no encuentra respuestas fáciles. Encuentra, en cambio, un espacio de resonancia, un lugar donde algo se mueve, donde algo se activa. Y esa activación es, en sí misma, una forma de transformación.
Porque al final, más allá de las técnicas, de los estilos, de las categorías, lo que queda es la experiencia. La experiencia de mirar y sentirse interpelado. La experiencia de no entender del todo, pero intuir. La experiencia de reconocerse, de alguna manera, en ese entramado de colores, de formas, de símbolos.
Y en ese reconocimiento, en ese instante en que la obra deja de ser ajena y se vuelve propia, es donde el arte cumple su función más profunda. No como objeto, sino como acontecimiento. No como respuesta, sino como posibilidad.
Así, el universo de MAEART se despliega como una invitación constante: a mirar más allá, a pensar más allá, a sentir más allá. Una invitación que no impone, sino que sugiere. Que no cierra, sino que abre. Que no explica, sino que acompaña.
Y en ese gesto, en esa apertura, se encuentra quizás su mayor potencia: la de recordarnos que el arte no es solo algo que se mira, sino algo que se vive.
RODOLFO MARCELO PÉREZ | MAEART
Artista Plástico Expresionista Abstracto Neosurrealista
de Argentina
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