OBRA

PUBLICADA EN 2013
PUBLICADA EN 2011
PUBLICADA EN 2009
PUBLICADA EN 2006

ENERO DE 2015

COMIENZA UNA GRAN AVENTURA

EL INGENIOSO QUIJOTE DE NUESTRO SIGLO

DON QUEJOTE CONÉ

Novela por entregas en el periódico NUEVA ALCARRIA (Guadalajara)






Cuarta novela, "EL BESO DEL MORO ABENGALBÓN"

(Edicciones AACHE, Noviembre de 2013)



Quintín, un extravagante empresario de Sigüenza (Guadalajara), decide hacer a pie unas jornadas del Camino del Cid, jornadas que llaman del Moro Abengalbón, persuadido por tres experiencias propias que él considera llamadas o señales divinas:

1) Un sueño a la margen del río Jalón a su paso por Medinaceli.

2) Su aparición misteriosa, inexplicable, tras un accidente, en la Plaza Mayor de Medinaceli.

3) El hallazgo en un restaurante de Sigüenza de las notas que un poeta dejara allí olvidadas, en las cuales promete hacer las jornadas del Moro Abengalbón entre Sigüenza y Medinaceli siguiendo furtivamente la estela de una amada.


Quintín espera solucionar este enigma empezando por descubrir al poeta y a su amada. En el camino se entrecruzan o confluyen las historias de Quintín, el poeta, la amada y otros personajes relacionados. Tras el desenlace y la llegada a Medinaceli, una gran fiesta a los peregrinos en la Plaza Mayor.


El Moro Abengalbón es un personaje del Cantar del mío Cid. Su beso en el hombro de Álvar Fáñez de Minaya (costumbre mora) es excusa para que en la ceremonia final se ensalcen determinados valores del ser humano.


En el Prólogo del libro leemos:

“Este viaje va dicho con un lenguaje de difícil clasificación. Por ratos parece salido de un libro antiguo y dorado, pero a trechos se transforma en gracioso, sorprendente, redicho y cordial, dialogante y ameno, estupefaciente”.

Antonio Herrera Casado, Cronista Provincial de Guadalajara.





Febrero de 2011: "LOS EREMITAS DE HENAREJOS Y OTROS CUENTOS", su tercer libro.


Nos encontramos en un teatro romano alterado: su escenario no está en donde debiera, sino que ha sido puesto a lo alto, sobre la columnata de la construcción. ¿A qué se debe esta extraña peculiaridad?


Comienza la función. Un venerable anciano, una burra llamada Musa y un perro de nombre Felipe nos van a deleitar narrando tres historias principales y otras relacionadas, y, con el concurso de otros actores, se representarán algunas escenas de las historias en cuestión.


La que da nombre a la obra, Los Eremitas de Henarejos, es una invitación al recogimiento, quizá a una noción de la verdad universal (expresión ésta que D. Miguel Ávila Cabezas empleara ya al respecto de Madre Victoria -Luis Miguel Díaz, Editorial Alhulia, 2009-, en su mismo prólogo). Pero el autor va cambiando de registro en el curso de la función, y así nos toparemos con La vida de Quintín Elvigoraco, que trata de un personaje excéntrico, irritante a sus semejantes (incluso tras su propia muerte), y que nos habrá de mover a hilaridad y también, a compasión; y luego nos saldrá al paso El Nuncio de la Muerte, cuento en el que "... quise besar el género del misterio".





Junio de 2009: nace "MADRE VICTORIA", su segunda novela.


El curso de "MADRE VICTORIA" es la biografría de una mujer, Micaela Rueda, mal querida de su madre natural. Micaela lleva un vivir abnegado, pero arrostra, fuerte y combativa, las calamidades que le tocan en suerte. Y se ayuda de su idea platónica de la madre, esa madre ideal que nunca tuvo, que es, en definitiva, su álter ego.


El escenario no quiere ubicarse en el espacio, ni la acción en el tiempo, pero el lector enseguida adivinará algún lugar en la España profunda de posguerra.







Diciembre de 2006. Primera novela: "Numen divino".


Imaginemos que las páginas de esta novela son de fino y transparente vidrio, y que bajo las mismas se va exhibiendo sin disimulo su agitado proceso de construcción (por lo común, una narración muestra solamente "su llegada a buen puerto y no los tumbos, vaivenes y embates sufridos para su logro"). Para dar forma a la idea, el escritor proyecta su yo sobre algunos personajes -tanto el yo real como el yo potencial- y se introduce en su propia creación. Haciendo uso de estas y otras técnicas de apoyo, se desarrolla el primer y más grande empeño de la obra: "poner en altura, con respecto a nuestras embotadas mentes, los más límpidos y sublimes misterios del niño". La primera parte, escrita en estilo epistolar, muestra una serie de notas autobiográficas sobre la infancia de Pedro. En la segunda parte se incorpora el escritor y se suceden algunas aventuras que pretenden enriquecer la obra y habrán de dirigir la atención del lector en varias direcciones.


"Numen divino" es, en su forma, un ejercicio, un juego de construcción literaria, y en su mensaje, un canto a la pureza, al sentir y a la fantasía del niño, y a la esperanza del poeta.


"Me atrae especialmente ese devenir en su elaboración, el que haya ido tomando rumbos inesperados para mí. ¿Cómo ha sido escrito? Quise desarrollar la autobiografía sobre la infancia y adolescencia de Pedro, el protagonista. Pero estaba echando en falta otro ritmo, otra contextura, y el propio personaje me lo reclamó, iniciándse de este modo una interacción fantástica entre el creador y lo creado (en la cual, entiendo, habrá de tomar parte el propio lector). Entonces, a partir de cierto momento, empezó a explicitarse el proceso de construcción de la novela. Ha sido un juego muy divertido".