Admitámoslo: cuando oímos hablar de radiactividad, lo primero que nos viene a la mente es muerte y destrucción. No obstante, la realidad es que estamos expuestos en todo momento a múltiples fuentes de radiación ionizante. Entonces, ¿por qué no nos ocurre nada? La clave está en la dosis.
Empecemos por el principio: la radiación ionizante es aquella que posee la suficiente intensidad como para arrancar electrones de los átomos sobre los que incide (como abreviación, a partir de ahora nos referiremos a la radiación ionizante como simplemente "radiación"). En este artículo trataremos de arrojar un poco de luz en este asunto, para que puedas tener una idea intuitiva de cuánta radiación ionizante es sano recibir y cuáles son las fuentes principales.
Advertencia para los amantes de la fruta: las bananas pueden darnos una dosis de radiación letal. No obstante, solo los más acérrimos fans de este alimento sufrirán las consecuencias, ya que se estima que debemos ingerir 20 millones de piezas para enfermar. Y no solo eso, sino que la velocidad a las que las consumamos juega un papel esencial, porque el valor que realmente importa es la cantidad de radiación recibida por unidad de tiempo. Los científicos miden estas cantidades usando como unidad el Sievert (Sv). Para hacernos una idea, una banana aporta aproximadamente 0,1 μSv y la cantidad estimada como "aceptable" para una persona es de 2,20 μSv la hora aproximadamente, que se traduce en unos 20000 μSv al año.
Si vives en el planeta Tierra, más vale que te vayas acostumbrando, porque estamos expuestos a un fondo de radiación proveniente del espacio exterior y de la atmósfera, que oscila entre 0,1 y 0,2 μSv/h en condiciones normales. Esto equivale a 1 o 2 bananas por hora, así que las bananas probablemente no sean tu principal fuente de radiación. Como curiosidad, si viajas a Hiroshima, ciudad donde se detonó una bomba atómica, con tu contador Geiger, medirás la decepcionante cantidad de 0,3 μSv. En el sitio de detonación de la bomba nuclear Trinity, tenemos 0,8 μSv la hora.
Vamos a escalar un poco la situación: si nos sentásemos en la silla de Marie Curie, la famosa científica, que manipuló de forma directa elementos radiactivos, recibiríamos la cantidad equivalente a 100 bananas la hora. Problemas de salud derivados de la sobrexposición a la radiactividad fueron probablemente la causa de muerte de Curie, después de pasar años usando esa silla y otros elementos de su laboratorio, que estaban fuertemente contaminados.
Tampoco es recomendable visitar la central de Chernóbil, con 60 plátanos/h en las zonas próximas a ella. En el hospital adonde se llevó a las unidades de emergencia que intervinieron en la catástrofe ese día, hoy en día desalojado, se pueden llegar a medir 10000 bananas la hora, una cifra definitivamente preocupante si nos exponemos durante un tiempo prolongado. Una hora en ese hospital equivale aproximadamente a la dosis anual de radiación que recibimos normalmente. Si algún incauto tuviera la pésima idea de acercarse al núcleo del reactor, donde se creó una enorme masa de metales derretidos, conocida como Elephant's foot, recibiría una dosis letal en menos de 10 minutos.
Por otro lado, ¿cuáles son los trabajos que más nos exponen a la radiación? Pues bien, se estima que por trabajar en una mina de uranio recibes unas 15 bananas por hora. Para trabajadores de una central nuclear, el máximo permitido por ley son medio millón de bananas por año. Un piloto de avión comercial se expone a 30 bananas la hora volando a unos 10km de altitud, debido a la falta de protección de la atmósfera. Si por casualidad viajas al espacio, las cantidades se pueden disparar, llegando a miles de bananas por hora en la ISS.
En estos casos las dosis empiezan a ser ya preocupantes y estos trabajadores se someten a revisiones periódicas para comprobar que su estado de salud no esté siendo afectado, aunque se sabe que hay un riesgo ligeramente superior de cáncer en estos colectivos.
Para terminar, vamos con algo más extremo: una de las situaciones donde más radiación ionizante podemos recibir es al hacernos un TAC, que equivale a 3 años de radiación natural más o menos. Por suerte, esta situación se da pocas veces en la vida para la mayoría de personas y de forma controlada. Pero, sin duda, el dato que más me ha llamado la atención es la radiación que recibe de media un fumador como consecuencia de elementos radiactivos como el plomo que quedan en sus pulmones. ¿La cifra? Un millón y medio de plátanos al año. Básicamente lo mismo que recibiría una astronauta en el mismo periodo de tiempo, pero de una forma mucho menos emocionante.
Rubén Piles Delgado
Estudiant del grau de Física a la Universitat de València.