La leche materna es una combinación acuosa de nutrientes, células, hormonas, factores de crecimiento, inmunoglobulinas, enzimas, entre otras cosas que ejercen una importante interrelación entre la madre y su bebé. Aunque los expertos aún no conocen su composición exacta.
Su presencia en la leche sugiere que la exposición precoz al colesterol desempeña un papel importante en el correcto desarrollo de los mecanismos del metabolismo de este lípido en la edad adulta. Antioxidantes: Particularmente en poliinsaturados de cadena larga (LCP) fundamentales para el desarrollo del sistema nervioso central y la retina. Estos nutrientes al ser químicamente inestables se oxidan fácilmente perdiendo su función biológica. Los antioxidantes de la leche materna confieren estabilidad a estos compuestos protegiéndoles de los daños oxidativos desde la síntesis hasta su absorción.
Se encuentran dos importantes agentes de defensa: los ácidos grasos de cadena corta y los ésteres, ambos con una importante actividad bactericida, destacando el factor antiestafilocócico de los ésteres. Los principales factores de protección son las inmunoglobulinas (IgA, IgG, IgM, IgD e IgE), la lactoferrina, el interferón, los factores del complemento C3 y C4, la lisozima, el factor bífidus, el factor anticólera, el factor antidengue y la lactoperoxidasa; así con macrófagos y algunas otras células linfoides. La eficacia protectora de estos componentes guarda una relación directa con la frecuencia y duración del amamantamiento.
Es el principal componente de esta fracción y cubre las necesidades del lactante si es amamantado exclusivamente y a demanda. Debido al equilibrio osmolar que se establece entre leche y sangre es imposible la sobrecarga renal de solutos en lactantes exclusivamente amamantados.
Son especialmente importantes por su actividad biológica: inmunoglobulinas, enzimas, algunas hormonas, factores de crecimiento y componentes anti inflamatorios.
Se presentan libres o combinados con aminoácidos y proteínas en una concentración aproximada del 7%. El 15% está compuesto por oligosacáridos, glucopéptidos, glucosa y galactosa y, el resto, es lactosa que constituye el carbohidrato predominante. Proporciona el 40% de la energía, aporta glucosa como fuente de energía y galactosa necesaria para la síntesis de galactopéptidos (fundamentales para el desarrollo del sistema nervioso central). La lactosa sirve de sustrato a la flora intestinal que produce importantes cantidades de ácido láctico reduciendo el pH intestinal. Entre los oligosacáridos nitrogenados de la leche materna cabe destacar el factor bífidus, necesario para el crecimiento de la flora bífida o bifidógena que constituye la flora predominante de los niños lactados al pecho.
Su concentración es suficiente para cubrir las necesidades del lactante. Además, su alta biodisponibilidad conlleva a un aprovechamiento máximo de su contenido, como ocurre con el hierro cuya fracción de absorción es del 70%
Durante mucho tiempo se consideró que la leche de todos los mamíferos era un fluido estéril, excepto cuando procedía de una glándula infectada. Estudios en las últimas décadas han revelado que tanto el calostro como la leche humana son una fuente de microorganismos que colonizan y dominan el intestino del lactante.
La leche materna es la principal fuente de bacterias comensales y mutualistas para el tracto gastrointestinal del lactante con efectos benéficos. El lactante que consume unos 800 ml/día de leche puede ingerir entre 1.000.000 a 10.000.000 de bacterias diariamente.
Las primeras descripciones de la diversidad bacteriana en muestras de leche procedentes de mujeres sanas se realizaron con cultivos microbiológicos, demostrando la presencia de bacterias de los géneros Staphylococcus, Streptococcus, Corynebacterium, Lactococcus, Lactobacillus, Pediococcus, Weissella, Leuconostoc, Enterococcus, Propionibacterium y Bifidobacterium. Estas bacterias constituyen la microbiota endógena de la glándula mamaria durante la lactancia y, por ende, de la leche humana. En los últimos años también se han evidenciado bacterias anaerobias estrictas de los géneros Faecalibacterium, Eubacterium, Roseburia, Bacteroides o Ruminococcus, típicamente asociadas al ecosistema intestinal
Podemos definir como antibiótico a aquella sustancia química producida por un ser vivo o derivado sintético, capaces de destruir o impedir el crecimiento de ciertas clases de microorganismos sensibles. Los antibióticos acaban con los microorganismos o detienen su reproducción, facilitando su eliminación por parte de las defensas naturales del organismo.
La lactancia materna es la forma de alimentación natural del recién nacido y del niño pequeño. La leche materna humana podría actuar como antibiótico natural. Así lo asegura un estudio realizado por investigadores de la Universidad de Vanderbilt (EEUU). Las conclusiones de esta investigación dictan que los oligosacáridos presentes en algunas leches maternas eliminan bacterias de estreptococos del grupo B por lo que podrían actuar como antibióticos naturales ante infecciones provocadas por este tipo de patógenos, responsables de algunas formas de neumonía. La leche materna humana contiene más de doscientos oligosacáridos distintos.
El creciente problema de salud pública causado por la la resistencia bacteriana ha sido el motor del trabajo y, dado que estudios previos sugieren que los azúcares de algunas leches maternas pueden hacer a las bacterias más sensibles a los antibióticos, incluida la penicilina.
El hecho de que no todas las leches analizadas hayan mostrado la misma efectividad contra esta bacteria podría deberse a que la genética y el ambiente modulan el estado de salud de cada persona, lo que significa que la composición de la leche no es constante.
Aunque la mayoría de los medicamentos son compatibles con la lactancia materna, existen casos de toxicidad, por lo que es necesario evaluar el riesgo caso a caso, en cada madre lactante antes de iniciar un tratamiento. Un agente antibiótico administrado o ingerido por una madre lactante, puede afectar a la lactancia o al lactante si tiene capacidad para inhibir la producción láctea, pasa a la sangre materna (biodisponibilidad), se elimina por la leche en cantidad suficiente, Persistir en la leche de la madre en concentración provocando que el infante la ingiera, posee la capacidad para pasar del tubo digestivo a la circulación o puede producir efectos nocivos sobre el lactante sistémica del lactante.
Algunas recomendaciones minimizar el riesgo de la antibioterapia materna en el lactante son:
Referencias
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