Cien cuentos breves, sobre samuráis imaginarios (o no), más algunas variaciones.
Los relatos de samuráis son inagotables.
Pocos son verdaderos, pero qué importa.
Lo importante es que no se rebajen a dejar ninguna enseñanza.
Diego Quiroga, el protagonista-investigador, es un periodista joven, de la televisión y de un diario importante, lanzado precozmente al estrellato porque tuvo la fortuna de ver el cadáver de un empresario famoso que se suicidó.
Al principio de la novela, lo aborda una chica aun más joven que él, Fabiana, que se ha escapado de una escuela de personal de servicio del Opus Dei. Le pide que la ayude a averiguar qué ha pasado con una de sus compañeras, Clarita, súbitamente desaparecida luego de una paliza que le dieron en la escuela como castigo por no haberse comportado bien en su destino laboral.
Diego, que bajo su máscara cínica es, clásicamente, un sentimental, se involucra en la investigación… y con Fabiana. Pero tendrá que enfrentarse a un poder demasiado grande, apenas ayudado por algunos amigos: su socio en un portal privado de noticias online, un cura villero, un hacker fumón, un periodista veterano caído en desgracia.
Uno de ellos lo va a traicionar.
La única novela de José Carlos Mariátegui
Con introducción y links de Pablo Valle
(fragmento del capítulo III)
A tal punto se confundieron en las trincheras las vidas paralelas de Mario Bruneri y del profesor Giulio Canella, que cuando ambos, el tipógrafo de Turín y el letrado de Verona, soldados del mismo regimiento, cayeron en un combate, sólo el azar podía resolver cuál de los dos era el que sobrevivía.
Del foso cegado por el cañoneo, la ambulancia había recogido el cuerpo de un soldado horriblemente herido, ensangrentado, desnudo, inconsciente. Ninguna medalla, ningún tatuaje señalaban este cuerpo, más bien grueso que magro, de un soldado del regimiento italiano N.º X. Sólo una enorme herida en la espalda por donde se desangraba, sin quejarse. En el hospital de sangre nadie se cuidó al principio de establecer su identidad. Había, ante todo, que desinfectar, sondear y suturar sus heridas. El soldado se agitaba agónico, inconsciente, bajo la inquisición presurosa del médico y sus asistentes.
Al tercer día, su vecino de lecho, soldado del regimiento X, lo reconoció, sin dificultad y sin asombro: se trataba de Mario Bruneri, soldado de la misma compañía, de oficio tipógrafo, casado, turinés. Lo había visto casi caer, derribado por la explosión que mató a Agostino Marchesi, pisano, soltero, de la clase del 95. La glorificación del soldado desconocido no había aún empezado. Los hospitales de sangre, en todo caso, preferían que cada herido y cada difunto no careciesen de un nombre y algunos antecedentes. El herido, delirante aún, no podía confirmar a su vecino. Quedó, pues, provisoriamente admitido que era Mario Bruneri, tipógrafo.
“Conocí al gordo Ángel el mismo día en que decidí matar a Salvatori. Aunque quizás fue al revés. ¿Decidí matar a Salvatori cuando conocí al gordo Ángel? No sé, pero voy a tratar de explicarlo.”
Así empieza, en boca de su narrador y protagonista, Ángel Cadorna, esta novela, relato de sucesivas derrotas que pretenden convertirse en una victoria final, “historia berreta de amistad masculina”, apenas velado homenaje a Osvaldo Soriano, con sus sagas de gordos y flacos, y a Donald Westlake, con sus delincuentes torpes y de buen corazón.
Y también, intento melancólico, a veces divertido, de robarle el olvido algunos ambientes, algunos lenguajes, algunas lealtades que se perdieron en las últimas décadas de una Argentina enigmática y redundante.
SEGUNDA EDICIÓN.
(Primera edición: Almagesto, 1995.)
Una novela que combina dos vertientes interrelacionadas.
Por un lado, es un policial de enigma, en la que el detective es un joven corrector (protagonista de otros cuentos del autor), Carlos Leinad, que suele utilizar sus conocimientos textuales —de su oficio y de la teoría literaria— para llegar a descubrir al asesino.
El otro aspecto tiene que ver con su ambientación en una época no demasiado frecuentada por la literatura argentina: la transición de la dictadura al primer período democrático (la llamada “primavera alfonsinista”, que en la realidad histórica termina con los levantamientos militares de Semana Santa de 1987, pero en la novela tiene su culminación decepcionante en un incidente poco conocido: la represión policial a los estudiantes universitarios, de noviembre de 1986).
Es decir: una combinación de episodios ligeramente autobiográficos, situados en un contexto histórico preciso y significativo, enmarcando una trama policial con personajes más o menos “en clave”.
Un antecedente de este tipo de novela podría ser Filosofía y Letras, de Pablo de Santis, combinada con la más sombría La cátedra, de Nicolás Casullo. Siempre en el sendero del “policial erudito” demarcado por El nombre de la rosa.
La corte celestial (un decadente Dios Padre, una frívola Virgen María y un debilucho Jesucristo) está desesperada. ¿Qué se puede hacer para evitar que la humanidad (sobre todo los fogosos italianos, empezando por el papa Borgia y su propia corte) se despeñe definitivamente por las barrancas del pecado y del placer?
Por fin, y dado que ya no pueden destruir su propia creación, se les ocurre una idea: llamar al Diablo. Él sabrá qué inventar...
Una tragicomedia implacable, la más prohibida y perseguida de todas, en la pluma de un escritor único.
Oskar Panizza (Alemania, 1853-1921), autor también de La inmaculada concepción de los papas, es el prototipo del escritor maldito. Para él, la libertad del poeta era innegociable, y sólo la perdió, junto con su vida, por propia mano.
El Concilio del Amor intenta imaginar la invención de la sífilis, pero va mucho más allá. Y es el Diablo mismo quien, además de cumplir el siniestro encargo de la cofradía celestial, se convierte en portavoz de la libertad de pensamiento y de expresión.
Índice
Nota
(A manera de prólogo)
Izquierda Unida, 1989
Acá, allá, dónde
La frontera en Los exiliados, de Gabriel Casaccia,
y La Mamacoca, de Libertad Demitrópulos 16
“Pobre país el que necesita héroes”
El problema de la representación política
en Show Me a Hero, de David Simon 25
El desierto y sus semillas
Jauja, de Lisandro Alonso 36
Popeye y Tiburcio
o el patronazgo del mal 39
Sherlock y Saga: la venganza del Asperger 54
Los medios y la extimidad 65
Un líder populista paraestatal
El divino, de Gustavo Álvarez Gardeazábal 78
Un Cardenal entre el Reino de los Cielos y la Revolución
Notas sobre Nicaragua, Ernesto Cardenal,
la Teología de la Liberación y una “revolución perdida” 90
Breaking Bad: viaje a las tinieblas del corazón 114
An imaging cure?
Un método peligroso, de David Cronenberg 121
Herencia, territorio y orden familiar 126
Los descendientes, de Alexande Payne 126
Del otro lado del muro
Los otros. Una historia del conurbano bonaerense,
de Josefina Licitra 129
La cátedra o la vida
El estudiante, de Santiago Mitre 135
La seducción de las masas
Los años despiadados, de David Viñas,
y La boca de la ballena, de Héctor Lastra 140
“Los chinitos del Japón”
Fusiones, confusiones e infusiones
en las Cartas gauchas de Nicolás Granada 148
Cómo convertirse en un padre
Notas sobre Materia, de Carlos Battilana 166
La cama de Pancho Villa
(dos escenas) 183
La mediación editorial: una instancia denegada 191
Baqueanos: saberes, territorios e identidades 199
El problema y La sombra de la Casa Blanca:
dos novelas ¿antiiimperialistas? de Máximo Soto Hall 214
La querella de las comillas en Roberto Arlt 232
Del lado de allá
El meridiano intelectual de Hispanoamérica 242
Sandino y “la heroica sultana de los lagos” 248
Cruces posibles entre el relato y el silencio
Macedonio Fernández/Néstor Sánchez:
“Una novela que comienza”/“Adagio para viola d’amore” 261
Roberto Fernández Retamar y Calibán: 268
los riesgos de enfrentar el discurso del otro 268
Cine argentino: política, identidad, cuerpo 278
El peso del pasado
Estrella solitaria, de John Sayles 310
Camellos en el Corán:
color local, sobrerrepresentación e identidad
(refutación de “El escritor argentino y la tradición”) 313
Los sertones, de Euclides Da Cunha:
el hombre, la tierra, el texto 330
Sobre el “lenguaje políticamente correcto” 365
El ocaso de la corrección 371
Forrest Gump o la perversa inocencia 383
Guerras de papel/1:
autobiografía y estrategia en las
Memorias póstumas del general Paz 386
Guerras de papel/2:
autobiografía y estrategia en las
Memorias póstumas del general Paz 402
Amadeo Gravino: dos propuestas 431
Paul Auster: ausencia, memoria, escritura 439
Vindicación del bilardismo 446
Representación y significación:
una propuesta sobre la relación
entre literatura y cine 450
Tinelli en Babilonia 459
Crimen y Estado
En busca de Ricardo III, de Al Pacino 465
La canción es la misma:
La canción de Carla, de Ken Loach 470
¿Murió Samuel Fuller? 473
Acá no hay centro:
La vida según Muriel, de Eduardo Milewicz 475
El callejón de los milagros, de Jorge Fons 478
El cine prohibido:
The Celluloid Closet, de Rob Epstein y Jeffrey Friedman 481
Des-composición de lugar
(tres novelas de Mario Levrero) 483
Delirio y angustia en el cine: una mirada panorámica 486
Martín Fierro y Cruz, Borges y Martínez Estrada:
una batalla crítica 494
¿Experimentalismo sin vanguardia?
Una novela de mil páginas, de David Wapner 507
Encuentros 512
Un Dios cotidiano: ¿una escritura impotente? 514
Don Segundo Sombra y El juguete rabioso:
dos novelas de aprendizaje 517
Cine de los ochenta: algunas tendencias 530
El género policial: la forma como metáfora 542
La novela del peronismo 553
Bosquejo de cuatro tesis
sobre literatura argentina contemporánea 561
Don Segundo Sombra:
ser nacional y xenofobia 569
"La literatura argentina es la continuación de Amalia por otros medios" (Roger Williams).
Daniel Bello, protagonista de la famosa novela romántica argentina del siglo XIX Amalia, de José Mármol, no ha muerto como todos creen. Fue apresado por los esbirros del tirano Rozas, quien, misteriosamente, decide perdonarlo. Y no sólo eso: le encomienda dos misiones casi extravagantes. Una pudo ser un rebuscado castigo: marchará al desierto, en una expedición a las Salinas Grandes, entre otras cosas, “para conocer el país real”. La otra: participará en una trampa epistolar que se le tiende al general Paz, última esperanza de la resistencia a la tiranía, que está acampado en vísperas de una batalla lejana, quizás decisiva, que Rozas quiere evitar.
Ambas historias se cuentan en paralelo (la primera en forma de diario personal del protagonista; la segunda, en la voz inverosímil de un criado negro de Bello); pueden leerse separada o simultáneamente. En este último caso, también pueden descubrirse oscuras correspondencias.
Pero Daniel tiene sus propios problemas. Otrora héroe de la Resistencia, ahora está muy cansado —como un antiguo militante que sobreactúa su escepticismo— y sólo puede liderar a un escaso grupo de jóvenes entusiastas e inexpertos, entre los cuales hay (inevitablemente) un traidor. Además, se ha separado de su prometida, Florencia, por iniciativa propia, tonta generosidad de la que se arrepiente. ¿Cómo cumplir (es decir, frustrar) su nueva misión, sin ser descubierto definitivamente como doble agente y, a la vez, recuperar a su gran amor? Será una cuestión de cartas, canónicamente cruzadas, y de hombres que las persiguen con destino incierto.
“Los torturadores no esperan gran cosa de nosotros; pero al mismo tiempo esperan todo. Todo lo que tenemos; todo lo que podemos y debemos darles. Nuestra riquísima historia y nuestra miserable culminación. La gloria, el olvido. La confesión de los Templarios”.
Roman de la Thuile contará su historia y la de otros. La historia de los Caballeros Templarios. Y, quizás, la de dónde se encuentra realmente el Santo Grial…
Son dos series de cuentos, intercaladas.
Una está protagonizada por un grupo de jóvenes que se autodenominan el Club de los Misóginos; básicamente, hablan de mujeres y cuentan sus experiencias (frustradas) con ellas.
La otra serie son cuentos cómico-paródicos a la manera del Negro Fontanarrosa.
Índice
Táctica del Chino
El último lugar cálido
Enigma para misóginos
La doce de Kombi
San Aureliano de Costa Dura
Memorándum del general Nuts sobre su relación con el bodhisattva Maharananda
Para una tipología de los novios de la nena
Las fiestitas infantiles de frau Müller
A veces llora
Un Gólem en el Once