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Las bondades de la epístola.
“La carta, que no es sólo un género sino todos los géneros, es la literatura misma” –Jacques Derrida
La carta o epístola, uno de los medios de comunicación escrituraria más importantes de la humanidad, se remonta a los 4,00 en Babilonia. La palabra carta proviene del latín charta que refiere al papiro, al papel, a la materia sobre la que se escribe el género. Por otra parte, epístola, del latín epístula, significa el acto de enviar un mensaje, arcaísmo que recoge mejor la esencia del género.
En la Edad Media,cuando la escritura no se había democratizado aún, cartearse era de clases privilegiadas: el clero, la universidad, los hombres. Posteriormente, la carta ocupa un lugar de importancia en el proceso de alfabetización de occidente, particularmente de las mujeres, y significó una puerta de acceso a la cultura. Era no solo el primer ejercicio de alfabetización para muchas sino, con toda probabilidad, la única forma de escritura que muchos individuos llegan a practicar en sus vidas. De aquí la popularidad de los Manuales epistolares en los siglos XVII y XVIII y XIX.
La estructura clásica de la carta incluye cinco partes: Salutatio (cortesía de saludar), benevolentiae captatio (arte de captar la atención al receptore), narratio (donde se expone el asunto de la carta), petitio, (la demanda o el deseo que origina el escrito) y conclusio (la despedida). El saludo y la despedida tienen una importancia particular porque son las señas de identidad del género epistolar, es su código. Es un género que necesita la firma para codificarse
Toda carta supone un contrato dentro del marco de la comunicación entre les sujetes que lo practican. El contrato reconoce una relación y la constitución de les sujetes definidos por esa relación (económica, legal, amorosa o vinculante). Dice siendo, más allá de su contenido.Por ello la importancia de la firma que garantiza la presencia y a la vez, es la huella del sujeto del enunciade (quien escribe).
A diferencia de otros tipos de mensajes escritos, la carta constituye una comunicación directa y aplazada. Como está determinada por el tiempo y la espera, la carta no es una comunicación inmediata, sino más bien se convierte en un diálogo diferido. En vista de que la escritura de la carta se da por la falta y la carencia de ese otre a quien se dirige la epístola se ha estudiado como un discurso del deseo (Linda Kaufmann, Discourse of Desire). Incluso, plantea la crítica que la carta llega a sustituir al Otre o el encuentro con el Otre.
Les emisores de las cartas desean seducir, disuadir y persuadir a sus destinataries. Esos imperativos de la seducción se manifiestan de tres formas: a) directamente, mediante apelación o mandato, uso de imperativos y vocativos; b) indirectamente, con el empleo de oraciones impersonales o el uso de la interrogación retórica y c) variante de la forma indirecta, utiliza como recurso la torpeza expresiva, la vacilación, los rodeos o circunloquios, la reiteración insistente.
Cuando leemos cartas, debe considerarse también los elementos convivenciales alusivos a la experiencia común del emisor y del receptor (intimidad, secretividad, contidianidad). También debe tenerse en cuenta los elementos kinésicos o las formas en que los cuerpos se hacen presentes en el papel: la letra, la caligrafía, los dibujos, el color de la tinta y el papel que se utilizan, así como los olores y otros elementos concretos. Estos elementos representan gráficamente al que escribe. Sin dudas, la carta se convierte en un espacio de afirmación de identidad.
Además, como en las epístolas, particularmente las amorosas, se escribe y describe la intimidad, la emoción y el secreto, son necesarias una serie de precauciones para conservar la intimidad: el sobre cerrado, el sello de lacre, las alusiones directas: “no le enseñes esto a nadie”.
Las cartas amorosas se convierten en el medio en que mejor se expresa la dialéctica del amor. Ese otre, objeto del deseo, nunca está tan presente y tan cerca de nosotres como cuando le evocamos en la ausencia. En la carta amorosa el remitente se define por la revelación de su sentimiento y al hacerlo involucra al destinatarie en esa relación.
Finalmente, debe considerarse la diferencia entre una carta privada y una carta privada que se hace pública o la carta traicionada, como la llama Pedro Salinas. La edición que se efectúa en la publicación opera como fuerza unitiva de las cartas sueltas, las domestica. Hay una gran diferencia en los textos que fueron pensados privados y los que se generan sabiendo que quizás se publiquen en cualquiera de sus formas. La edición-y este archivo epistolar participa del proceso de edición -selecciona, escoge, interpreta- prácticas que dependen de un contexto preciso.
Bibliografía:
Kauffman, Linda S. (1988). Discourses of Desire. Gender, Genre and the Epistolary Fictions. London: Cornell University Press.
Pagés-Rangel, Roxana. (1997). Del dominio público: itinerario de las carta privada.Rodopi.
Riera, Carme. (1987). “Miseria y grandeza de la epístola” Qüestio d’amor propi. Columna Cat.
Salinas, Pedro. (1946). “Defensa de la carta misiva y de la correspondencia epistolar”. El defensor.
Violi, Patrizia. “La intimidad de la ausencia: forma de la estructura epistolar” Revista de Occidente, n. 68, pp. 87-99.