por: Kaat Vicious
Me gustaría iniciar mis publicaciones, con una anécdota que me llevó inesperadamente a reflexionar sobre lo mucho que nos hemos alejado en el mundo actual de las relaciones humanas per se, restandoles una importancia vital inclusive como una necesidad básica a tener en cuenta, ignorando el hecho de saber que tenemos la enorme capacidad de poder brindarnos tanta ayuda entre nosotros mismos con el solo pequeño acto de regalar tiempo para escuchar a alguien y en la medida de lo posible o de que se nos lo solicite, poder aconsejar desde la experiencia personal a alguien que pueda estar pasando por un mal momento y solo falta ser mas observador, o quizá detenerse un momento durante el dia y mirar, pues todo esto sale a relucir siempre, tarde o temprano y de una forma u otra.
Todo comenzó con mi rutina habitual, en donde para poder regresar desde el trabajo hasta mi casa, solía caminar un breve trayecto gracias a la cercanía que existía entre ambos, cruzando por fuera de la estación del metro Chilpancingo y note que poco a poco con el pasar de las semanas, tanto el techo de las escaleras de este mismo, como los postes de la misma señalización de la entrada hacia el desnivel de las entradas de la estación, se fueron llenando gradualmente de pequeñas calcomanías con imágenes, al inicio eran pequeñas y llamativas, con muchos colores y materiales plásticos exóticos, más con el tiempo comenzaron a traer pequeñas leyendas que hacían alusión a la imagen misma o al artista en cuestión, para lo que siempre suelo tomarme el tiempo de acercarme y mirar de cerca para poder apreciar los diseños y el arte que se está plasmado en estas etiquetas urbanas que aparecen súbitamente por toda la ciudad, si bien sin intención de entrar en ningún tipo de debate “Social” a mi personalmente, me parece una forma novedosa y original de graffiti, con una capacidad artística y visual simplemente maravillosa.
No sería hasta que un día cercano a las apócrifas fechas donde se paralizó el mundo, con uno de los eventos más polémicos que a vivido el mundo y del cual no deseo darle especial relevancia, apareció finalmente sobre una pared, un póster grande muy particular con una frase en letras visibles, incrustada dentro de un diseño simbólico que llamaba la atención a toda persona que pasara caminando en la cercanía, su intromisión resultaba salvaje, aprovechándose del ruidoso contraste entre la lisa pared sobre la que se había pegado y su notoria rugosidad, resaltando los tonos monocromáticos de la imagen, junto con su mensaje.
1- "Un abandono sin explicación muy probablemente, con la impotencia de no poder aclararlo, seguido de un severo duelo en individual, donde no importa que se supere con el tiempo, siempre quedará la duda del “¿por qué?”.
A los pocos días fueron apareciendo entonces mas y mas frases, en varios otros sitios a la redonda, como una explosión repentina, volviéndose común en su diseño el uso de una imagen acompañada de un texto, cada vez mejor pulido, eran como reproches o preguntas existenciales, hacia uno mismo y hacia el inesperado lector que se quedase atrapado por la publicación, una bocanada fresca de aliento humano y abrupta reflexión.
A primera vista, se trataba quizá solo de vandalismo urbano, cargado quizá de un mero desplante, de reproches tibios y cobardes de adolescentes problemáticos que intentaban tener algo de visibilidad, pero que si se le miraba no como un acto individual, separado aquí y allá como estamos acostumbrados, sino como un evento conjunto, un magnífico fenómeno artístico que a manera de collage, entremezclaban diseño y texto de múltiples artistas desconocidos entre sí, que sin saberlo propiamente, estaban intentando crear una voz en conjunto que si se quejaba efectivamente, pero de un problema mucho más complejo, mucho más grave y definitivamente mucho mas importante.
2- Una evasión cobarde, un inútil e imposible llamado a olvidar forzadamente lo obvio, antes que a afrontar las consecuencias reales, decantadas por acciones y decisiones envidiosas, precipitadas y no razonadas.
3- Una afilada queja hacia la opresión del libertinaje, intentando ocultarse y justificarse en las creencias religiosas, mediante un contraste completamente descontextualizado, donde se culpa a deidades incorpóreas, de un conflicto puramente corpóreo.
4- Un discurso que intenta confundir, desviando la atención hacia un ideal inicial, pero por el que muy probablemente no se trabajó en alcanzar y que con el pasar del tiempo llegó su degradación, sin embargo se endulza, refugiándose en un pasado sin contexto, que pretende separarse del presente.
5- Un grito que intenta a toda costa detener el desborde emocional, más no parece dirigirse sino a sí mismo, como una orden que el autor se repite a sí mismo, para intentar alcanzar la calma, pero que al mismo tiempo, no pareciera ser capaz de acatar sus propias palabras.
Arte pura en toda su expression, voces desconocidas entre si y para el mismo atrapado lector en turno, pero al mismo tiempo interconectadas por sentimientos y vivencias que pueden ser interpretables por el común de las personas que en algún momento de su vida, hubiesen experimentado algo similar, sumándose en una enorme superposición de imágenes que muestran inequívocamente la falta de relaciones interpersonales sanas, la falta de escucha entre nosotros mismos e irónicamente de las mismas historias de personas reales con anécdotas valiosas sobre resoluciones verdaderas.
La Oxitocina es conocida como la hormona del amor, se despliega cada que sentimos o damos un abrazo, cada que tenemos un contacto piel a piel, cada que recibimos o enviamos una sonrisa, como analogía, resulta perfecta la enorme falta de esta hormona en nuestro día a día, en nuestras iteraciones y en el mismo tejido social, queja que se desborda de manera pintoresca en estos reclamos expuestos al aire libre, visibles para todo público.
Imagina lo que podría cambiar si preguntáramos con genuino interés sobre los sentimientos de la otra persona en lugar de solo usar una mediocre frase armada o detenernos un breve momento a charlar con una persona decaída, escuchar su respuesta por mas corta que esta pueda ser, dedicar tiempo de sentirnos relacionados, no hacen falta palabras fachosas y exageradas, regalos lujosos o llamativos, gritar, berrear o hacer posturas y alegatos ridículos o extravagantes intentando demostrar algo, solo se trata de practicar un ligero gesto, brindar un poquito de atención, de brindarle validez al otro de ser escuchado y tomado en cuenta, como el humano que es.
Ofrecer un poco de Oxitocina, a un mundo que fue claramente parido sin ella.