Solían ser de barro o de cristal. Antiguamente se consumía una gaseosa cuya botella se cerraba con una bola de cristal que los niños y las niñas guardaban como un tesoro.
A veces, aparecían unas canicas de piedra que eran temidas en el juego porque rompían las canicas de arcilla. A las canicas se jugaba en cuclillas a ras del suelo, y la bolita se arrojaba impulsada con los dedos de la mano, abierta o cerrada, con el pulgar y también con el índice o corazón. Había una manera muy sencilla de jugar.