El Pedregal de San Ángel fue cubierto por un manto de magma hirviendo por el volcán Xitle hace aproximadamente 600 años antes de nuestra era, generando como cada catástrofe en la historia de la tierra; cambio, movimiento, evolución.
Esta zona fue habitada por una de las primeras civilizaciones mesoamericanas, de las cuales hoy en día quedan solo vestigios en Cuicuilco y en Villa Olímpica, áreas circundantes a la Ciudad Universitaria.
Sucumbe una civilización, quedando nada, lava vacía, ruda, áspera, en espera, para resurgir de su tumba de piedra extrusiva.
Jardines que conmueven y hieren, testigos de tránsito, continuo, tranquilo, justo del tiempo.
Las ideas las traen los hombres, como parásitos habitantes de las cabezas. Fray de Zumárraga y el virrey Antonio de Mendoza piden autorización al nuevo rey de las 'Indias' para fundar una universidad. La cual fue aceptada el 21 de septiembre de 1551 con el nombre de Real y Pontificia Universidad de México.
Durante 1833 y 1910 es cerrada intermitentemente, por razones de choque ideológico con los liberales. Durante esta época su nombre perdió lo real y pontificio quedando únicamente como la Universidad de México.
En 1910 estalla la Revolución Mexicana, en medio del caos, un ancla es necesaria. La reapertura de la universidad es posible gracias a la creación de la Secretaría de Instrucción Pública con Justo Sierra como titular. Pero no es sino 19 años más tarde durante otra gran guerra, la Cristera, cuando la universidad gana su autonomía adoptando el nombre de Universidad Nacional Autónoma de México.
El territorio, a pesar del movimiento de la sociedad a la que sostiene parece destinado, como dijera Armando Salas, “ a la soledad de la quietud de la roca”, no hay razón para voltear la mirada a la morada de las sombras, hacia el recuerdo de la ciudad en cenizas. Sin embargo, como las cenizas en el ambiente de aquellos años de la erupción del Xitle, la ilusión de una casa de estudios en donde convivieran las diversas disciplinas flotaba en el aire.
Los años de 1940 son un momento de coincidencia entre el surgimiento de la Legislación Universitaria y la construcción de la Ciudad.
Hermosa Arquitectura, truculenta, mentirosa, que empequeñece a sus gigantes en verdes bajo relieves
El 6 de abril de 1946, se publica en el Diario Oficial de la Federación, la Ley sobre la fundación y la construcción de Ciudad Universitaria. En septiembre de ese mismo año se hace el decreto de expropiación de los terrenos del Pedregal de San Ángel que serán destinados a la construcción de esta casa de estudios. Enrique Molinar, coautor del esquema-rector de Ciudad Universitaria recuerda: “En esos días, el Lic. Miguel Alemán, electo presidente de México, proporciona al Dr. Salvador Zubirán, Rector de la Universidad Nacional Autónoma de México, los fondos necesarios para la adquisición del terreno en el Pedregal de San Ángel y da su apoyo y luz verde para iniciar y llevar a cabo la construcción de la Ciudad Universitaria”.
Al estar en boga el concurso para la construcción de Ciudad Universitaria (CU), Enrique Molinar, José Hanhausen, Armando Franco y Teodoro González, alumnos de la Facultad de Arquitectura, deciden pasar ocho días con sus noches en un despacho en la calle de Balderas para trabajar en la elaboración de un plano. Fue ese plano el aceptado por las autoridades de la Facultad y sobre el cual deciden continuar trabajando bajo la dirección de los arquitectos Pani y del Moral.
“En marzo de 1947, la Escuela Nacional de Arquitectura presentó para el Concurso Nacional el primer anteproyecto de conjunto, que tenía una notable semejanza con nuestro plano.
El trabajo continuó por más de dos años, durante los cuales el proyecto sufrió grandes cambios y adiciones para complementarlo y perfeccionarlo. Así aparecieron el plano de junio de 1950 y el de junio de 1951, hasta culminar con el Plan Maestro, el Gran Plano de Conjunto, con el cual se llevó a feliz término la gran obra”.
En el año de 1950 fue colocada la primera piedra del edificio de la Facultad de Ciencias, el primero en ser construido; en el año 1952 el presidente Miguel Alemán lleva a cabo la ceremonia de dedicación de la Ciudad Universitaria y a tan solo cuatro años de haberse iniciado la construcción, la máxima casa de estudios de la nación era entregada al pueblo de México en una ceremonia en la Torre de Rectoría, estando como rector Nabor Carrillo e inaugurando los primeros cursos el presidente Ruíz Cortines.