La filosofía del Tae Kwon Do va más allá del aprendizaje de técnicas de combate. Su propósito es utilizar la práctica marcial como un medio para desarrollar el carácter, fortalecer la voluntad y alcanzar un equilibrio entre cuerpo, mente y espíritu.
Cortesía (Ye Ui)
Respetar a los maestros, compañeros, adversarios y a todas las personas. La verdadera fuerza se demuestra también mediante el respeto y la humildad.
Integridad (Yom Chi)
Actuar correctamente, reconocer los propios errores y mantener principios firmes tanto dentro como fuera del dojang.
Perseverancia (In Nae)
Comprender que el progreso requiere esfuerzo constante. Las dificultades no representan un motivo para abandonar, sino una oportunidad para superarse.
Autocontrol (Guk Gi)
Aprender a dominar las emociones, impulsos y acciones. El practicante debe ser capaz de controlar su fuerza antes de pretender controlar una situación.
Espíritu indomable (Baekjul Boolgool)
Mantener la determinación frente a las dificultades, defender los principios y continuar avanzando aun cuando el camino sea difícil.
El Tae Kwon Do enseña que la victoria más importante no es vencer a otra persona, sino vencer nuestras propias limitaciones.
Cada entrenamiento representa una oportunidad para desarrollar disciplina, confianza, respeto, responsabilidad y perseverancia. El cinturón que porta un practicante representa un nivel técnico, pero su verdadero valor se refleja en su conducta, carácter y manera de vivir.
Por eso, el Tae Kwon Do puede entenderse como un Do (도), un camino: un proceso permanente de aprendizaje y superación personal.
“El objetivo del Tae Kwon Do no es formar personas que sepan pelear, sino personas que tengan la capacidad de elegir cuándo no hacerlo.”